Johnson deja en manos de sus ministros qué se aplica y qué no del acuerdo del «brexit»

Asegura que su objetivo es evitar interpretaciones «extremas» del tratado


londres / e. la voz

Las ya escasas posibilidades de que el Reino Unido y la UE logren un acuerdo que evite un divorcio por las malas el 31 de diciembre se redujeron ayer aún más. ¿El motivo? El Gobierno británico publicó su proyecto de Ley de Mercado Interior, en el que queda claro que no bromeaba cuando aseguraba que pretendía reescribir, de manera unilateral, lo pactado con los Veintisiete el año pasado. Mientras, las críticas desde el bando comunitario y también desde las propias filas conservadoras no han hecho más que incrementarse.

En el texto se otorga al Gabinete de Boris Johnson la potestad de decidir qué productos comunitarios llegados a Irlanda del Norte, pero con destino a Inglaterra, Escocia o Gales, se someterán a controles aduaneros y cuáles no. En el borrador se obvia además el contenido del artículo 10 del protocolo de retirada sobre las ayudas estatales a las empresas y establece que estas «no se interpretarán de acuerdo con la jurisprudencia del Tribunal Europeo» ni de ningún «acto legislativo de la UE».

Minutos después de difundido el proyecto, el 10 de Downing Street publicó un comunicado en el que anunciaba que tras el período de transición su política de subsidios se guiará por las reglas de la Organización Mundial del Comercio (OMC). «El Gobierno no tiene la intención de volver al enfoque de la década de 1970 de tratar de administrar la economía o rescatar a empresas insostenibles (...) Las reglas [de la OMC] prohíben los subsidios para impulsar las exportaciones de una empresa». Con esta declaración Londres pretendía disipar los temores de que empleará fondos públicos para apoyar a sus compañías y competir deslealmente.

Durante su comparecencia este martes en el Parlamento, Johnson aseguró que con su iniciativa busca asegurar la paz en la conflictiva Irlanda del Norte. «Necesitamos una red de seguridad legal para proteger a nuestro país contra interpretaciones extremas o irracionales del protocolo, que podrían conducir a una frontera en el mar de Irlanda, algo que creo sería perjudicial para el Acuerdo de Viernes Santo y para la paz», apuntó.

Alarma en Irlanda

Las explicaciones de Londres no calmaron a la Comisión Europea, cuyo vicepresidente, Maros Sefcovic, avisó: «El acuerdo de retirada no está abierto a renegociación y esperamos que se respete plenamente su letra y su espíritu».

En Irlanda el giro que han tomado las negociaciones del brexit también ha generado alarma. El primer ministro, Micheál Martin, admitió que está «extremadamente preocupado», mientras que su segundo, Leo Varadkar, hizo votos por que esto sea simplemente una estratagema británica para intentar obtener réditos en las conversaciones con la UE.

Tampoco se aplacó el malestar entre los conservadores. El diputado tory David Melding, miembro del Parlamento galés, renunció a su puesto en la directiva de la formación en rechazo a la estrategia de Downing Street, que considera que aumenta el riesgo para la «supervivencia del Reino Unido como un estado multinacional». Horas después el ex primer ministro John Mayor se sumó a los cuestionamientos a Johnson. «Si perdemos nuestra reputación de cumplir nuestros compromisos, perderemos algo que posiblemente jamás que recuperaremos», alertó.

Pese a todo, Bruselas sigue con su agenda y delegó en París que negocie con Londres la permanencia, más allá de Nochevieja, de la autoridad única responsable de la seguridad y funcionamiento de la línea férrea que atraviesa el canal de La Mancha.

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