Los refugiados de Moria esperan al raso una solución de Europa

Solo han sido evacuados 400 menores no acompañados


roma / colpisa

Lo sucedido en Moria no puede repetirse. Tanto los cerca de 13.000 refugiados e inmigrantes que malvivían en el campamento ubicado en Lesbos como los habitantes de esta isla griega, situada a 10 kilómetros de las costas turcas, coinciden en que no debe volver a levantarse la maraña de tiendas y contenedores que acogía a los desplazados, reducida a cenizas después de una serie de incendios desatados desde la noche del martes y que continuaron este jueves.

También las oenegés, que llevan años denunciando el hacinamiento y desesperación entre los habitantes de Moria, piden un cambio en la acogida a estas personas, algo a lo que por fin parece que podría estar dispuesta la UE. «Creo que debemos evacuar a la gente fuera de Lesbos. No veo cómo sería posible encontrar condiciones de vida adecuadas en estas circunstancias», comentó la comisaria de Interior, Ylva Johansson, que reconoció que los extranjeros vivían en condiciones «inaceptables».

Pese a sus palabras esperanzadoras, los inmigrantes y refugiados siguen en el «limbo» al que se refirió Johansson. La situación solo ha cambiado para los 406 menores no acompañados que han sido evacuados desde Lesbos hasta el norte de Grecia y de los que ahora se harán cargo otros países europeos. La canciller alemana, Angela Merkel, y el presidente francés, Emmanuel Macron, acordaron este jueves proponer a la UE un plan para repartirse a estos niños y adolescentes. Son los afortunados, una exigua minoría, que por fin han podido salir de Moria.

Opciones de realojo

Tras haber perdido en los fuegos sus pocas pertenencias, el resto de habitantes del campamento se han visto obligados a dormir desde el martes al raso a la espera de que las autoridades griegas organicen la acogida. Alrededor de un millar de personas, consideradas las más vulnerables, serán ubicadas a bordo de tres naves enviadas a la isla, mientras que el resto, en principio, está previsto que duerman bajo unas carpas a la espera de que, a medio plazo, se levante un nuevo centro de recepción.

El Gobierno de Atenas, de momento, no está dispuesto a sacar a los extranjeros de Lesbos, que es lo que piden los habitantes de la isla, hartos de que su tierra se haya convertido en el mayor campo de refugiados del continente. «Hemos llegado a nuestro límite al sufrir una carga que le correspondería a toda Europa», comentó al diario Proto Thema una mujer que, junto a otros vecinos, había cortado una carretera para evitar las obras de construcción del nuevo campo.

«Ya no tenemos nada y las autoridades no parecen preocuparse de lo que vamos a hacer», dijo una refugiada llamada Clarisse a la agencia AFP. «No sabemos nada, nadie nos dice adónde nos llevarán. Mi hija menor, de 5 años, se desmayó ayer. No ha comido en tres días. La policía ni siquiera quiere que vayamos a comprar provisiones al supermercado», explicó esta madre soltera, que pasó diez meses en Moria. «¿Así que esto es Europa? ¡No puedo más, sólo pido que mi bebé esté bien, que pueda crecer en paz!», lamentó por su parte la refugiada siria Fatma Al-Hani.

Origen sin aclarar

No puede resultar una sorpresa para nadie el incendio del campamento, cuyo origen no está claro, aunque pudo haber sido provocado por algunos de los 35 inmigrantes que debían pasar la cuarentena tras estar en contracto con una persona que dio positivo al coronavirus. El hacinamiento del campo hacía imposible el aislamiento. «La UE ha renunciado a su responsabilidad y no ha hecho casi nada para resolver esta situación», denunció Aurelie Ponthieu, experta en desplazamientos de población de Médicos Sin Fronteras. «El sufrimiento y la violencia provocados por las políticas migratorias europeas y griegas son los verdaderos culpables del incendio. Esperamos que de las cenizas de este fuego no renazca el mismo sistema inhumano de contención que estaba vigente hasta ahora».

El desastre de Moria se produce pocos días después que el Gobierno de derechas griego, en el poder desde hace un año, sacara pecho por los resultados de su política migratoria. Según contó Notis Mitarakis, ministro de Migraciones, durante el verano dejaron el país 2.700 inmigrantes y solo entraron 2.000, lo que supone una reducción del 90 % respecto al año pasado.

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