La UE da tres semanas al Reino Unido para desistir de modificar su acuerdo

Bruselas amenaza con sanciones, mientras Londres sigue firme en su plan


londres / E. la voz

La tensión entre la Unión Europea y el Reino Unido no para de crecer. Ayer desde Bruselas le dieron a Londres tres semanas para desistir de sus planes de reescribir el acuerdo que ambos suscribieron a finales del 2019 para poner en marcha el brexit, so pena de tomar medidas legales y sanciones económicas. Sin embargo, las advertencias cayeron en saco roto y desde el 10 de Downing Street aseguraron que seguirán adelante con su iniciativa.

«El vicepresidente [de la Comisión Europea] Maros Sefcovic solicitó que retiráramos la Ley del Mercado Interior, pero yo le expliqué que no podíamos ni haríamos eso y, en su lugar, le subrayé la importancia de llegar a un acuerdo», dijo el ministro de Gabinete, Michael Gove, responsable de preparar al país para el divorcio del club comunitario, tras la reunión que mantuvo ayer con el segundo de a bordo de la Comisión Europea para tratar de reconducir la crisis.

La declaración de Gove fue la confirmación de que la cita no logró su cometido, algo que ya se anticipaba, no solo porque desde la BBC aseguraban que el tono de la cita fue «bronco» y «nada diplomático», sino por el contenido del comunicado que Sefcovic emitió antes del inicio de la reunión y en el que le dio tres semanas al Gobierno británico para desistir de sus planes o atenerse a las consecuencias.

«El Acuerdo de Retirada [de la UE] contiene numerosos mecanismos y recursos legales para hacer frente a cualquier violación de las obligaciones jurídicas contenidas en el texto que la UE no temerá usar», se lee en el escrito. ¿Cuáles serían esas medidas? El bloque podría abrirle un procedimiento de infracción al Reino Unido, que podría culminar con una sanción económica, o acudir ante el Tribunal Europeo de Justicia para demandarlo y esta última instancia podría imponerle una multa.

Este impasse solapó el desarrollo de la octava ronda de negociaciones entre Londres y Bruselas para definir su relación futura tras la materialización definitiva del brexit esta Nochevieja, que concluyó este jueves sin progresos. «El Reino Unido rechaza incluir garantías indispensables sobre la competencia leal en el acuerdo, para así tener acceso al mercado único (…) También siguen faltando garantías para evitar retrocesos en materia social, ambiental y laboral», informó el jefe del equipo comunitario, Michel Barnier, quien advirtió que «nadie debería subestimar las consecuencias prácticas, económicas y sociales de una salida del Reino Unido sin acuerdo».

¿Revuelta a las puertas?

El malestar en el Partido Conservador por la estrategia de Johnson frente a la UE también continúa propagándose, pese a los intentos del premier por disiparlo mediante pronunciamientos y declaraciones de distinta índole. Precisamente ayer desde Downing Street trataron de darle un viso de legalidad a su estratagema, mediante un documento en el que aseguran que las decisiones soberanas del Parlamento británico están por encima de la legislación internacional, un criterio que va precisamente a contracorriente de lo dispuesto por el derecho internacional.

En las últimas horas no solo el exlíder conservador Michael Howard se sumó al coro de voces que han cuestionado la decisión del Ejecutivo de Johnson de presentar la llamada Ley de Mercado Interior, que en la práctica dejará sin efecto parte del acuerdo del brexit rubricado el año pasado, sino que algunos prominentes miembros de la formación gobernante como Michael Heseltine han reconocido que la legislación podría ser rechazada en la Cámara de los Lores.

El primer ministro británico promete que no cederá «ni un fragmento de soberanía» sin el visto bueno de Gibraltar

El primer ministro del Reino Unido, Boris Johnson, felicitó ayer a Gibraltar por su fiesta anual recordando que el Peñón forma parte de la «familia británica» y advirtiendo de que Londres no cederá «ni un fragmento de soberanía» sin el visto bueno de la población gibraltareña.

«No importa lo furibunda que pueda volverse la especulación mediática, no importa quién presione a quién o lo estridente que lo haga. Hasta que decidáis lo contrario, no entregaremos ni un pedazo de roca, ni un fragmento de la soberanía nacional», prometió Johnson, en un mensaje en vídeo en el que no mencionó a España en ningún momento, según recoge Europa Press.

El premier británico se refirió a la consulta de 1967 y destacó que entonces un 99,64 % de los votantes se posicionó a favor de ser parte del Reino Unido «ahora y siempre». «[Así será] mientras yo sea primer ministro», subrayó.

Johnson reconoció en su mensaje los desafíos que ha supuesto la pandemia de coronavirus y alabó el trabajo «absolutamente estelar» del ministro principal del Peñón, Fabian Picardo, durante estos últimos meses. No obstante, llamó a no perder de vista los retos futuros, en particular la culminación del proceso de salida de la Unión Europea.

«El cambio se acerca y sé que el cambio a veces puede dar miedo», pero «no es tiempo para la timidez», agregó. «Si vamos a hacer del brexit el enorme éxito que puede ser, debemos ser audaces y ambiciosos», enfatizó, en alusión a un «viaje» que, «sin duda», Londres y Gibraltar harán «juntos».

Complicaciones en la verja

Picardo, por su parte, aseguró que en caso de un brexit sin acuerdo, se crearía una situación «logísticamente difícil» en relación con el paso fronterizo que haría necesario buscar «soluciones pragmáticas». En ese escenario, se crearía una realidad jurídica con consecuencias para un paso fronterizo con «un país tercero» y obligaciones desde el punto de vista de la gestión migratoria.

Picardo defendió trabajar «en varias vías en paralelo»: para que no haya un brexit duro, que sería «malo para el continente europeo y para algunos enclaves en el resto del mundo» y, a la vez, para paliar las consecuencias de esa «realidad potencial».

Es más, se mostró convencido de que, con brexit duro o blando, «Gibraltar saldrá adelante» y trabajará con sus «amigos en España, estén en La Línea, en Sevilla o en Madrid» para paliar los efectos de un divorcio de la Unión Europea sin acuerdo.

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