Boris Johnson sabotea las esperanzas de la flota europea

Bruselas no cede al chantaje británico y llama a prepararse para lo peor


redacción / la voz

El estruendo de los viejos cañones de la Royal Navy vuelve a resonar en alta mar. Los británicos le han declarado la guerra a sus vecinos europeos: No habrá acuerdo pesquero pos brexit hasta que la UE ceda a sus demandas. El motín está servido.

El primer ministro británico, Boris Johnson, capitanea a la tripulación. Está decidido a sabotear todos los avances y esperanzas depositadas por las flotas europeas en un acuerdo pacífico y de mutuo beneficio. Lo hizo esta semana en la octava ronda de negociaciones. Dinamitó los compromisos que había adquirido en el Acuerdo de retirada. El premier no está conforme con las condiciones de acceso al mercado de la UE así que ha lanzado un órdago: o la UE cede al chantaje o expulsará a la flota europea y erigirá un paraíso fiscal a sus puertas.

La nostalgia de su pasado pirata ha empujado a los británicos a recuperar ancianas tácticas como la toma de rehenes. De nuevo, la pesca pagará los platos rotos. Si para finales del mes de septiembre Londres no rectifica y abandona la vía unilateral, no habrá posibilidades de acuerdo y eso significa que a partir del 1 de enero del 2020 no podrá quedar ningún buque europeo faenando en aguas británicas. Tampoco las numerosas embarcaciones de capital gallego y bandera de la Union Jack podrán descargar sus capturas en los puertos gallegos si no es con permisos de tres días previos al desembarco, controles, abono de impuestos aduaneros y certificados de capturas válidos en la UE para los productos pesqueros. Cualquier actividad de intercambio comercial estará sujeta al pago de aranceles y las capturas de los buques comunitarios en la zona económica exclusiva del Reino Unido -llevadas de forma directa o por trasvase desde territorio británico- no obtendrán el estatus aduanero de la Unión. Un sinfín de burocracia que encarecería la entrada al mercado único.

Gestión pesquera

La preocupación de la UE se concentra en el acceso a los caladeros. Hay muchas flotas, como la española, francesa, belga u holandesa pescando en aguas británicas. Su expulsión también podría tener efectos secundarios en aguas anexas como las irlandesas, donde faenan embarcaciones galaicas y a donde se podrían desplazar los buques expulsados por los británicos. La saturación del caladero exigiría revisar de nuevo las condiciones de la Política Comunitaria de Pesca (PCP) para no aumentar el estrés sobre las poblaciones de peces. Londres insiste: no aceptará ninguna propuesta de acuerdo que comprometa la soberanía en sus aguas. Esto es: quieren descolgarse de la PCP, negociar año a año la asignación de capturas como hace Noruega y reservarse una porción más grande del pastel para hacer caja con los canjes de cuotas a barcos comunitarios. A pesar de que esta semana los negociadores propusieron categorizar los stocks prioritarios sobre los que habría que trabajar para gestionar de forma común -Reino Unido y la UE comparten más de 100 poblaciones de peces- hay un número «reducido» sobre los que no hay avances.

Malos presagios

La tensión en los cuarteles de Bruselas es máxima. Los malos presagios se están cumpliendo: los británicos quieren sacar tajada de la conflictividad en el mar. Insisten en prepararse para lo peor. El partido de Johnson votó esta semana a favor de eliminar la cláusula de sostenibilidad del proyecto de ley pesquera, acusando a los laboristas de no defender a los pescadores británicos, a pesar de que más de un cuarto de las cuotas se concentran en cinco familias del sector, vinculadas a casos de pesca ilegal.

Eurodiputados reclaman más ayudas para mitigar el impacto de la ruptura

 

 

Las consecuencias de una desconexión abrupta de la UE son especialmente negativas para el sector pesquero, tan capilar para comunidades costeras europeas como la gallega. Hay 130 barcos y 1.700 tripulantes pendientes en Galicia del desenlace de las negociaciones. Las pérdidas para el conjunto de la economía regional podrían ascender a los 500 millones de euros. Por eso el volumen de fondos europeos que se han movilizado hasta ahora para amortiguar el golpe se considera insuficiente.

El «Brexit Adjustment Reserve» (Reserva de Adaptación al Brexit) dispondrá de solo 5.300 millones de euros a lo largo de los próximos siete años para inyectar a los sectores más expuestos al caos regulatorio, incluida la cadena mar-industria europea. Una cuantía que no satisface las expectativas del sector pesquero : «Es necesario que cuenten con apoyo financiero de la Unión para hacer frente a las probables consecuencias de un brexit sin acuerdo de pesca», reclamó esta semana el eurodiputado popular, Gabriel Mato, quien presentará enmiendas al presupuesto de la UE para el 2021 en esa línea. «En caso de que no se llegue a un acuerdo, los buques de la Unión correrían el riesgo de perder el acceso a las aguas del Reino Unido y las posibilidades de pesca en ellas a partir del fin del periodo de transición. Esta circunstancia tendría un impacto significativo para la flota europea, y afectaría negativamente al sustento económico de muchas comunidades pesqueras», reza la carta que envió a la Comisión junto al eurodiputado gallego, Francisco Millán Mon.

El acuerdo pesquero posbrexit, más cerca del precipicio

C. Porteiro

Michel Barnier admite su «preocupación» por la falta de progresos

«The clock is ticking». Con esta frase apremiante ponía Michel Barnier el broche esta mañana a la séptima ronda de negociaciones del acuerdo posbrexit. El negociador europeo no escondió su frustración por la falta de avances y la actitud negligente de la contraparte británica: «francamente estoy decepcionado y preocupado»

Las cosas han ido según lo previsto. Londres no se ha movido ni un ápice de sus posiciones en lo que respecta a la pesca e insiste en enturbiar las aguas. Y eso ha irritado profundamente al francés, quien cada vez ve más cerca el borde del precipicio: «En pesca no hemos hecho ningún progreso de ningún modo en las cuestiones importantes», deslizó antes de recordar que, junto a los aranceles cero y un marco de relaciones con mismas reglas de juego, los británicos deben garantizar un «acuerdo equilibrado» y «duradero» en materia pesquera. 

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