Hallan posibles evidencias de vida en la atmósfera de Venus

El descubrimiento reciente de un compuesto químico relacionado con la materia orgánica reabre el debate sobre la presencia de vida microbiana en el cielo del vecino planeta


Los antiguos griegos bautizaron con el nombre de Venus, la diosa de la belleza, al objeto más brillante en el cielo nocturno. Pero el planeta, en realidad, es lo más parecido al infierno que existe en el sistema solar. Debido al intenso efecto invernadero, el mismo proceso que genera el cambio climático antropogénico, la temperatura media global es de 460 grados. La vida, tal y como ha aparecido y evolucionado en la Tierra, es incompatible con esas condiciones. Al menos en la superficie.

La posibilidad de que pueda existir vida microbiana en la atmósfera del vecino planeta es una posibilidad que ya sondeó en su día el astrofísico Carl Sagan, que en septiembre de 1967 publicó un artículo en Nature titulado ¿Vida en las nubes de Venus? En el trabajo cita textualmente. «El agua, el dióxido de carbono y la luz solar, requisitos previos para la fotosíntesis, abundan en las proximidades de las nubes. También existe evidencia independiente de vapor de agua. Si se agitan pequeñas cantidades de minerales hacia las nubes desde la superficie, no es difícil imaginar una biología autóctona en las nubes de Venus», apuntaba Sagan.

«Se ha propuesto que la capa media de sus nubes, a unos 55 kilómetros de altura y una temperatura de entre 20 y 30 grados podría suponer actualmente un hábitat adecuado para alguna forma de vida microbiana extremófila, ya que hay mucho ácido sulfúrico allí», explica en su cuenta de Twitter Carlos Briones, investigador del Centro de Astrobiología del CSIC y autor del libro de divulgación ¿Estamos solos? en busca de otras vidas en el cosmos, que saldrá a la venta este jueves.

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La Tierra, ¿camino de acabar como Venus? El físico Stephen Hawking ha dicho que el actual efecto invernadero podría desencadenar un proceso similar al que ocurrió en nuestro vecino mundo. A pesar de que no está tan cerca del Sol, en Venus hace más calor que en Mercurio

El debate científico sobre la posibilidad de vida en el cielo de Venus, que acumula décadas de discusión, ha dado un nuevo e inesperado giro. Un equipo de investigadores de la Universidad de Manchester, el Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT) y la Universidad de Cardiff han publicado en la revista Nature Astronomy en el que revelan que el telescopio ALMA, en Chile y James Clerk Maxwell de Hawái han hallado gas fosfina en la atmósfera de Venus, un compuesto químico relacionado con la vida. Los responsables destacan la gran cantidad de este compuesto químico encontrada, algo que refuerza la idea de que el descubrimiento puede representar una especie de «sello biológico». De hecho los autores del artículo hablan de la posibilidad de estar ante la primera evidencia de vida fuera de la Tierra en la historia de la ciencia.

Al mismo tiempo reconocen que no se trata de ninguna prueba directa, pero insisten que en que «no encontramos ninguna explicación alternativa a la presencia de este compuesto y lo que necesitamos ahora es que la comunidad científica analice nuestros datos y desmienta nuestro trabajo», aseguró Clara Sousa-Silva, científica del MIT.

 

La noticia ya ha dado la vuelta al mundo aunque muchos científicos están tratando precisamente de contextualizar este hallazgo, explicando que no es suficiente evidencia. «La química del cosmos da muchas más opciones para formar este compuesto, además de la descomposición de la materia orgánica, que es su fuente principal en la Tierra», sostiene Briones. La comunidad científica recuerda, también, que ya ha aparecido en otros planetas. «Se ha encontrado en algunas capas de las atmósferas de Saturno y Júpiter, o en los gases emitidos por el cometa Chury», subraya el investigador.

En cualquier caso el hallazgo resulta inesperado, sorprendente y desvela una nueva manera de generar este compuesto que en la Tierra producen las bacterias. Además, no deja de ser inquietante en la medida en que Venus, a diferencia de Saturno y Júpiter, es un mundo rocoso. Abre, desde luego, nuevos caminos que la ciencia debe explorar sobre el pasado, el presente y el futuro de un planeta que en su infancia fue muy parecido a la Tierra. 

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