Una víctima sedada por su ligue de Internet: «La cerveza echaba espuma, bebí y no recuerdo más»

El acusado de desvalijar a cinco hombres tras echarles droga en la bebida admite los robos pero niega la sumisión química


Vigo / La Voz

Un colombiano y un empresario de la noche, natural de Ourense pero afincado en Vigo, han sido juzgados este jueves por sedar y desvalijar a cinco ligues de páginas de contactos masculinos con los que el extranjero se citó entre marzo y mayo del 2019 en Vigo, Pontevedra, Santiago y Celanova. El extranjero admitió los robos en las casas de sus víctimas pero negó que introdujese droga en las bebidas para someter químicamente a los perjudicados. Alegó que varios afectados se quedaron «dormidos» tras beber cervezas y hacerse de noche mientras conversaban en casa hasta altas horas de la madrugada. 

La vista se ha celebrado en la Quinta Sección de la Audiencia  de Pontevedra, con sede en Vigo. Seguirá en varias sesiones más. El principal acusado,un colombiano, llegó escoltado por la Policía desde prisión. Su supuesto cómplice, que tiene negocios en la noche del área de Vigo, está en libertad condicional.

El principal acusado dijo que, una vez dormidos sus contactos, desvalijaba las viviendas sus víctimas, solo lo que tenía a mano. Cogía relojes, dinero en efectivo y joyas. Después, su supuesto cómplice lo iba a recoger en coche en plena noche, le ayudaba a retirar dinero de los cajeros automáticos con tarjetas de las víctimas o iba a empeñar joyas que le daba el sospechoso. 

El cómplice, empresario de la noche, promotor de eventos en discotecas y compañero de piso del otro acusado, aseguró que no sabía nada de los robos. Alega que su amigo le contaba que manejaba dinero porque se lo mandaba su familia de Colombia, que «quedaba con chicas» y que las tarjetas y joyas eran suyas. Lo iba a buscar en coche porque «yo le hacía el favor». «Nunca desconfíe que él robase», asegura. Tampoco le molestaba ir a recogerlo en coche a horas intempestivas porque «yo vivo la noche». En su habitación aparecieron joyas de los robos, pero aclara que se las «regaló por agradecimiento» el implicado. Los 2.000 euros tenía el principal acusado en su casa lo justifica porque se los confió él mismo para pagar unos muebles. El cómplice asegura que tiene muchos negocios e iba a montar una vinoteca en Vigo. Fueron detenidos precisamente cuando supervisaban la instalación de un nuevo local.

Víctimas

Una víctima de Santiago aseguró en el juicio, entre sollozos, que «me drogaron y me robaron todo lo que tenía». Dice que quedó en abril en un chat con una cita pero, «en vez de aparecer uno, de pelo corto y moreno, apareció otro». Luego, bebieron un café en una hamburguesería, se fue al baño y «ya no me acuerdo de nada más, quedé inconsciente, no sé cómo llegué a casa». Al día siguiente, su hermana lo encontró tirado en cama. En los análisis médicos «me dijeron que me habían drogado con burundanga». Muchas de las joyas robadas eran recuerdos de sus padres.

Dicho perjudicado, que entró muy nervioso en la sala, reconoció primero en el banquillo al cómplice, el cual formuló una enérgica protesta, y solo después señaló al principal acusado, de origen colombiano. No recuerda que su cita tuviese acento latino.

Su hermano, que se cruzó con un sudamericano esa noche, aseguró que al día siguiente encontró a su hermano en la cama y «parecía un zombi, estaba arrastrado, no estaba bien consciente ni sabía lo que decía».

Tres mil euros de ahorros

Otra víctima de Celanova contó que salió de copas por la villa con el acusado colombiano el 11 de mayo del 2019 y que este le sugirió ir a su casa a tomar una cerveza. Al llegar, «fui al año y al volver la cerveza echaba espuma, la bebí y no me acuerdo de nada. Me robaron joyas y 3.000 euros de ahorros de muchos años». En el urgencias del hospital de Ourense dio positivo en benzodiacepinas, un medicamento sedante que no toma desde el 2014.

Otro perjudicado, cuidador de un anciano con alzhéimer en Mourente, en Pontevedra, declaró por videoconferencia desde Pontevedra. Dijo que el ladrón lo drogó y que no recuerda más. La enfermera de reemplazo lo descubrió desmayado. Lamenta que, durante la noche, el señor mayor se despertase y se cayese al suelo desde la cama y se rompiese la cadera. «Lo primero que recuerdo es que estaba en urgencias en el hospital Montecelo», cuenta.

Otra víctima dijo que se tomó un whisky y un descafeinado en una cafetería de la Porta do Sol de Vigo y le enseñó cómo sacar dinero de los cajeros. Fue al baño, miró el reloj que marcaba las nueve de la noche y lo siguiente que recuerda es que estaba en el hospital. Su compañero de piso lo encontró tirado en el rellano, junto al ascensor. Le habían sacado 40 euros de su cuenta y los 150 que llevaba en la billetera. No reconoció al acusado al verlo cara a cara en el juicio pero de todos modos, el encausado, admitió el robo.

 El quinto perjudicado declaró por videoconferencia desde Córdoba. En su primera versión ante el tribunal, explicó que era un comercial de una compañía eléctrica que trabajaba en Pontevedra y que quería formar un equipo, por lo que contactaba por Facebook con posibles candidatos para hacerles entrevistas de trabajo. Cerró una reunión en un centro comercial de Gran Vía en Vigo con el acusado pero, tras beber algo con él, se sintió indispuesto. El acusado se ofreció a acompañarlo al párking porque se sentía mareado y a ayudarle a sacar el coche del centro comercial.

No sabe cómo pero condujo a su casa en Pontevedra, aparcó bien en su plaza del garaje y subió a pie hasta el cuarto piso pues no hay ascensor. Despertó al día siguiente, y se sintió «anulado». Quiso llamar por teléfono y no lo tenía, quiso ver qué hora era y le faltaba el reloj, y en la cartera no tenía sus tarjetas bancarias. Además, le faltaban mil euros que guardaba en la mesilla para gastos. Desde el teléfono fijo, llamó a su banco y canceló todas sus tarjetas y luego se metió en la cama y durmió un día entero. Esa misma noche, el acusado sacó 600 euros de su cajero con una orden de pago por alquiler.

Este vecino de Pontevedra tardó 12 días en denunciar porque en su subconsciente le decía que si iba a la policía ellos lo matarían. «Tenía mucho miedo, me sentía vigilado y espiado», relató en el juicio porque su casa apareció revuelta y un cuchillo de submarinismo de su hijo estaba colocado fuera de sitio, lo que le alarmó. Un conocido de la comisaría le convenció para denunciar. 

Presionado por la defensa, el testigo admitió que, quizás, había contactado por Badoo y no por Facebook con el implicado para hacer un «trabajo». En aquellos días, su pareja vivía en el Reino Unido. 

Por su parte, los policías contaron que empezaron a sospechar que los ladrones de Celanova, Santiago, Vigo y Pontevedra eran los mismos por su forma de actuar. A través de las cámaras de cajeros de donde retiraban dinero, los policías lograron imágenes de los sospechosos y el número de matrícula del empresario que iba a recoger por las noches al principal acusado. Con esos datos, tiraron del hilo. En un seguimiento, en Celanova, la policía identificó a tres hombres en un coche, uno de los cuales era el cómplice del acusado que concertaba las citas.

En el juicio, la defensa de un implicado criticó que la declaración de uno de los cinco denunciantes quedase pospuesta para el viernes por fallos técnicos de la videoconferencia en Córdoba porque le generaba gran indefensión y le estaban dando muchas largas, poniendo muchas trabas y excusas. Finalmente, el testigo logró contactar y el presidente de la sala, para mayor tranquilidad del abogado, preguntó a los funcionarios cordobeses si habían planeado boicotear o tenían un plan secreto para hundir al acusado, lo que negaron. 

Uno de los agentes, destinado en Madrid, no pudo acudir al juicio porque dio positivo en coronavirus.

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