Johnson incendia los puentes con la UE a cien días de la consumación del «brexit»

Luís Pousa Rodríguez
Luís Pousa REDACCIÓN / LA VOZ

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Boris Johnson, el pasado martes, tras una reunión de su gabinete en Londres
Boris Johnson, el pasado martes, tras una reunión de su gabinete en Londres PETER NICHOLLS | REUTERS

El «premier» enarbola su mayoría para incumplir el acuerdo de retirada

20 sep 2020 . Actualizado a las 13:04 h.

Ciertos analistas consideran que hablar de un brexit salvaje es una redundancia. Creen que desde que el sí a la salida del Reino Unido de la UE se impuso en las urnas en la noche de San Juan del 2016, el divorcio de Londres y Bruselas estaba consumado: la retirada sería abrupta y sin anestesia. Pero diplomáticos de ambas orillas del canal aún acarician el sueño de alcanzar un acuerdo que permita una separación civilizada, a pesar de que esta semana el primer ministro británico, el histriónico Boris Johnson, ha prendido fuego a los puentes con la UE al usar la mayoría conservadora para sacar adelante en Westminster su Ley del Mercado Interior. Una controvertida normativa que concede a los ministros poderes para incumplir o reinterpretar los términos del acuerdo del brexit firmado el año pasado entre Londres y Bruselas. Un movimiento kamikaze que se ejecuta a solo 100 días del final del período de transición y de la consumación de la salida de la UE. Esta ya se hizo efectiva el pasado 31 de enero, pero sigue pendiente de definir la futura relación comercial.

La Ley del Mercado Interior, que fue aprobada el lunes en el Parlamento británico por un margen de 77 escaños (340 a 263), contiene en su apartado 5 varias cláusulas que dejan al Gobierno las manos libres para no aplicar el protocolo relativo a Irlanda del Norte incluido en el pacto ya suscrito con la Unión Europea.

Johnson sostiene que necesita esta nueva regulación para blindar la integridad del Reino Unido y evitar posibles discriminaciones en el trasiego de bienes y servicios entre las cuatro naciones que lo componen (Inglaterra, Gales, Escocia e Irlanda del Norte). El punto de fricción es el estatus especial de esta última y su relación con la República de Irlanda, territorio de la UE que desde la firma del acuerdo de paz del Viernes Santo en 1998 -que puso fin a décadas de terrorismo del IRA y de los paramilitares unionistas- no tiene frontera física con sus vecinos del Norte. Al abandonar el Úlster -con el resto del Reino Unido- la UE y pertenecer Irlanda al club europeo, el riesgo de que se vuelva a levantar una frontera dura entre el Norte y el Sur de la isla sobrevuela ahora estos acuerdos de paz.