Ni héroes ni santos


Hacía mucho tiempo que no oía hablar tanto de héroes. No era una palabra muy presente en nuestro vocabulario cotidiano, salvo en los dibujos animados y el cine de acción. ¿Realmente significa algo aplicado al mundo sanitario?

Muchos profesionales sanitarios sienten que están haciendo un gran esfuerzo que la sociedad en realidad no valora. Pero esto no es de ahora, viene de lejos. Solo que, tras los aplausos iniciales durante el confinamiento, más por tener algo que hacer a las ocho de la tarde que por convicción sincera, la crisis del covid-19 está agudizando esa percepción.

No todos los profesionales sanitarios son héroes o santos, ni tienen por qué serlo. Hay incompetentes, vagos y gente que se escaquea, como en todos los colectivos. Ellos mismos no quieren que se les idealice. Porque son conscientes de que crear héroes y santos impide que nos centremos en mejorar lo que no ha funcionado durante esta epidemia. No olvidemos que médicos y enfermeras se han pasado los diez últimos años manifestándose para denunciar la falta de personal, los bajos salarios, la precariedad de los contratos, la fuga hacia países con mejores condiciones laborales de miles de compañeros… Tristemente, no hemos desarrollado la indispensable inmunidad contra el triunfalismo y la realidad nos está explotando en la cara.

Médicos y enfermeras son trabajadores fuertemente vocacionados, claro que sí, que quieren ejercer su profesión en unas buenas condiciones. Pero esas condiciones no dependen de ellos, es la sociedad la que las tiene que poner a disposición de ellos. La carencia de condiciones adecuadas se puede solventar con altas dosis de entrega y compromiso durante un momento puntual, con un coste personal muy alto, pero no permanentemente. No podemos exigir heroísmo ni santidad, eso solo se lo puede exigir uno a sí mismo; y, además, sería de un cinismo atroz.

Podemos exigir profesionalidad, eso sí. Pero lo primero es que el sistema sanitario cumpla con sus propios trabajadores, y esto es lo que está fallando estrepitosamente desde hace tiempo. Porque es el sistema sanitario el que está maltratando a sus propios trabajadores, provocando, entre otras cosas, la desmotivación y el desgaste profesional de muchos de ellos. La empatía no es solo una habilidad o virtud individual, sino una parte fundamental de los sistemas sanitarios: es importante -y urgente- que los gestores sanitarios lo entiendan y lo apliquen.

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