La nueva crisis del Mediterráneo oriental

Hrishabh Sandilya / Kyriaki Chatzipanagiotou / Sarah Morsheimer

ACTUALIDAD

maría pedreda

El hundimiento del Líbano y la presión migratoria desestabilizan la región

27 sep 2020 . Actualizado a las 09:42 h.

A principios de este mes, seis botes que transportaban migrantes sirios y libaneses zarparon del norte del Líbano e intentaron atracar en Chipre. Puede que esto no parezca noticioso, pero la cifra es seis veces mayor que el número total de embarcaciones de migrantes que partieron hacia Chipre desde el Líbano durante el año pasado. Una lancha rápida puede cubrir las 100 millas náuticas entre Trípoli y el cabo Greco, un afloramiento rocoso en el sureste de la isla, en seis horas. Y, debido a que el Gobierno del Líbano está noqueado, estas aguas tranquilas y en su mayoría sin vigilancia policial son el sueño hecho realidad de todo contrabandista.

Debido a que los botes son pequeños, solo unas pocas docenas de personas han hecho el viaje hasta ahora. Sin embargo, los chipriotas ya han respondido de manera legalmente dudosa. Violando la Convención de las Naciones Unidas sobre el Estatuto de los Refugiados de 1951 y el principio de no devolución, las autoridades chipriotas bloquean las embarcaciones en el mar y devuelven a los «migrantes económicos» al Líbano, alegando que tienen un acuerdo con el Gobierno local.

De hecho, Chipre no está preparado para una nueva oleada de refugiados. Sus campos de migrantes, que se asemejan a prisiones, ya están superpoblados y su sistema de asilo es una maraña de burocracia bizantina y leyes enrevesadas. Hoy en día, el proceso de solicitud de asilo lleva de tres a cinco años. Y, a pesar de que el Gobierno ha intentado recientemente legislar para encontrar una salida a ese caos, las preocupaciones sobre los derechos de los refugiados aún persisten.