Bankia, entre todos la mataron y ella sola se murió

mercedes mora REDACCIÓN / LA VOZ

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La sentencia absuelve a los gestores y coloca a los supervisores en el disparadero

01 oct 2020 . Actualizado a las 15:18 h.

Que la salida a Bolsa de Bankia resultó un negocio ruinoso y un disgusto descomunal para quienes compraron acciones de la entidad, nadie lo cuestiona. Y si no, ahí están los números. Debutó en el parqué en julio del 2011 a un precio de 3,75 euros por acción. Menos de un año después, en mayo del 2012, valía un 83 % menos, y hubo que lanzarle un salvavidas de 22.424 millones de euros. Dinero que salió del bolsillo de los contribuyentes.

Cierto es que no corrían buenos tiempos. Que la crisis golpeaba duro. Pero, golpeaba igual para todos. Y no todos acabaron de la misma manera. ¿Mala gestión? Seguro que sí. ¿A sabiendas de que se estaban haciendo las cosas mal, ocultándolas bajo la alfombra y engañando a los incautos inversores? Acaba de sentenciar la Audiencia Nacional que no.

Si los gestores no fueron, entonces ¿quién tuvo culpa de aquel monumental fiasco que privó a muchos de sus ahorros de toda la vida, dejó a no pocos con una mano delante y otra detrás, y obligó al país a tener que llamar a las puertas de sus socios europeos clamando ayuda? La sentencia habla de inocentes, no de culpables.

Otra cosa es lo que pueda interpretarse a la vista del histórico fallo de la Audiencia Nacional. Recuerdan en él los magistrados que Bankia se gestó «impulsada por las autoridades económicas y financieras» y que estos organismos ejercieron una «fuerte presión» para conseguirlo; que la decisión de salir a Bolsa fue «enteramente contemplada» por el Banco de España; y que el folleto de la operación contenía «amplia y certera» información financiera y no financiera. Blanco y en botella. Fallaron los controles. Erraron los supervisores. Aquel estreno bursátil contó con todos los beneplácitos. El del Banco de España, pilotado entonces por Miguel Ángel Fernández Ordóñez; el de la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV), con Julio Segura al frente; el del Gobierno, entonces presidido por José Luis Rodríguez Zapatero, a través del FROB (Fondo de Reestructuración Bancaria); e incluso con el de las instituciones europeas, mediante la Autoridad Bancaria (EBA). No hubo pegas.

Un rosario de bendiciones

De todo ese rosario de bendiciones quizá la que más sorprendente resulta sea una del Banco de España que, en abril del 2012, un mes antes de que todo saltara por los aires, incluida la presidencia de Rato, afirmaba que Bankia era «viable» y daba vía libre a los planes de recapitalización de la entidad.

Se diría que se juntaron el hambre y las ganas de comer. Una clamorosa falta de pericia de los gestores y un no menos sonoro fracaso de quienes debían vigilar sus pasos. Y todo ello, en medio de una crisis financiera brutal.

Carga las tintas la sentencia, más en los segundos, que en los primeros. Y sorprende también la dureza con la que arremete contra el Ministerio Fiscal. Y contra las acusaciones particulares. Cierto es que la carga de la prueba recae en quien acusa, y al entender del tribunal que ha absuelto a Rato y a otros 33 exdirectivos y exconsejeros, las acusaciones se basaban en «actitudes genéricas» y no en «actos concretos». En resumidas cuentas, que no probaron nada.

Y sorprendente resulta también -y mucho-, que lo que para unos jueces fue un engaño, para otros se haya quedado en nada. Donde la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional no ha visto delito alguno, la Sala de lo Civil del Tribunal Supremo consideró probado que dieron «información gravemente inexacta» a los inversores. A principios del 2016, el alto tribunal obligó a reintegrar a los pequeños accionistas las cantidades invertidas en la salida a Bolsa de la entidad. El banco, en aquel momento ya pilotado por José Ignacio Goirigolzarri, devolvió unos 1.900 millones de euros a 225.000 familias.