Maduro intenta que la gasolina no incendie las elecciones en Venezuela

Trata de dar solución a una escasez que dificulta aún más su gestión


caracas / corresponsal

Solo el lunes y solo en isla Margarita, estado Nueva Esparta (el más pequeño de los 23 que componen Venezuela), se registraron 15 protestas por falta de gasolina. A partir de mañana, se establecerá un día de parada obligatorio para los vehículos para intentar reducir aún más el consumo.

A pesar de estar semiparalizado por la pandemia del coronavirus, el que fuera proveedor de gasolina para todo el Caribe oriental no puede sostener su consumo, aunque un optimista Nicolás Maduro afirmó a principios de semana que ya habían logrado poner a andar las dos principales refinerías del país, y que en un mes se normalizaría el abastecimiento del combustible.

«Estamos remontando», señaló el mandatario, quien añadió que el plan de día de parada es indispensable para recuperar el abastecimiento. Como es su costumbre, el cuestionado presidente venezolano achacó a las sanciones la devastación de la industria petrolera del país.

Venezuela recibió esta semana tres tanqueros procedentes de Irán, país que lleva más años sancionado por EE.UU. y que, sin embargo, no ha visto el desplome de su industria petrolera. Hasta la semana pasada, y especialmente cuando no ha podido funcionar el puente de gasolina entre Teherán y Caracas, repostar en Venezuela implicaba ponerse en la fila horas, días o incluso semanas, dependiendo de cuán cerca o lejos se estuviese de la capital.

Venezuela tiene en su territorio la que aún es, nominalmente, la segunda mayor refinería de gasolina del mundo, el Complejo Refinador Paraguaná, que quedó severamente dañada a causa de un incendio en el 2012.

De los 1,1 millones de barriles diarios de gasolina que suministraba antes del siniestro, que no estaba reasegurado y por tanto fue pérdida total para el país, ahora el régimen de Maduro aspira a que produzca unos 100.000.

Derrame de hidrocarburo

La otra refinería que supuestamente reactivó el chavismo esta semana es la de El Palito, en el centro del país, que este último mes ha sido noticia por derramar más de 20.000 barriles de petróleo en el parque nacional Morrocoy, un archipiélago coralino que es una de las principales bellezas del Caribe. El daño ecológico, según oenegés, es incalculable.

Esta semana, Yahya Safavi, mayor general de la Guardia Revolucionaria de Irán reconoció que el régimen venezolano paga con «aviones repletos de oro» que viajan en vuelos directos «para evitar cualquier problema».

Según el régimen de Maduro, el suministro de gasolina en Venezuela empeoró cuando, al comienzo de la pandemia, EE.UU. sancionó a Pdvsa, la petrolera estatal, impidiéndole importar los aditivos necesarios para producir gasolina, entre ellos el indispensable metileterbutano (MTBE). Además, EE.UU. le impide comprar libremente gasolina a Irán.

Tanto EE.UU. como la oposición venezolana argumentan que la Guardia Revolucionaria está considerada una organización terrorista y el oro con el que se paga el combustible es «de sangre», obtenido de la depredación de la Amazonia venezolana en el llamado arco minero del Orinoco: una décima parte del país que desde el 2018 viene sometiéndose a actividad extractiva sin ningún control ambiental o político.

Sin embargo, el régimen de Maduro tiene ahora la necesidad de mostrar cierta normalidad de cara a las elecciones de diciembre, que ni la comunidad internacional ni la oposición reconocen. Difícil aparentar que hay normalidad cuando el 98 % de la población, según la diputada Nora Bracho, no tiene acceso a la gasolina y todos los días se producen decenas de protestas por falta de combustible.

El temor de los venezolanos ahora es que la falta de gasolina incida también en el abastecimiento de comida, en un país en el que este año el PIB puede caer un 22% y convertirse en menos de la cuarta parte del que tenía Venezuela cuando Nicolás Maduro llegó al poder.

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