JxCat inicia el proceso de primarias y cierra la puerta a la integración con el PDECat

Las encuestas señalan que el independentismo se estanca y no lograría alcanzar el 50 % que reclaman los secesionistas

El presidente del Parlamento catalán, Roger Torrent
El presidente del Parlamento catalán, Roger Torrent

Barcelona / Colpisa

Si algo ha conseguido el procés catalán es atomizar el independentismo. Especialmente el espacio de centro derecha, que fue hegemónico durante años y gobernó casi cinco lustros bajo las siglas de Convergència y que previsiblemente concurrirá dividido en tres partidos en las próximas elecciones catalanas del 14 de febrero.

La formación heredera de Convergència —el PDECat— y JxCat, el partido impulsado por Puigdemont, que surge para huir de las mochilas convergentes del pasado (corrupción y autonomismo), no han sido capaces de ponerse de acuerdo para presentarse juntos. Cuitas personales aparte, la ruptura en el centro derecha independentista se ha consumado por una cuestión ideológica. Los que siguen en el PDECat consideran que el independentismo tiene que pisar el freno y volver a ser un actor protagonista en Madrid. Es la vía que ha iniciado Esquerra Republicana. Por contra, en Junts consideran que el procés no debe morir y la confrontación con el Estado tiene que seguir adelante.

JxCat y el PDECat han buscado durante estos últimos meses fórmulas para evitar la ruptura, pero este lunes se formalizó la divergencia definitiva. Ambas formaciones, que mantienen un litigio en los tribunales por la marca de Junts per Catalunya, pusieron en marcha sus respectivos procesos de primarias para concurrir por su cuenta a las elecciones autonómicas catalanas. El partido de Puigdemont, además, cerró todas las puertas al entendimiento y descartó la coalición electoral. Hacia las Navidades, JxCat tiene previsto elegir a sus candidatos. La opción más probable es un tándem entre Puigdemont y un segundo aspirante (Laura Borràs, Damià Calvet o Ramón Tremosa) que haga las veces de aspirante efectivo.

El tercero en discordia es el Partido Nacionalista Catalán, liderado por Marta Pascal, que aboga por un soberanismo posibilista en la línea del PNV. a las elecciones.

La atomización puede tener efectos desmovilizadores para el electorado independentista, que está «desorientado», según reconoció este lunes Jordi Sànchez, secretario general de JxCat. El beneficiado de esta división en el centro derecha puede ser ERC, pero los republicanos no son ajenos a la guerra interna que se libra en el independentismo. Las últimas encuestas publicadas dibujan que el soberanismo se estanca y no lograría el ansiado 50 % de los votos. Frente a la confrontación de Puigdemont, Esquerra hace bandera del diálogo. Y ambos están intentando movilizar al electorado con el gancho de que por primera vez el independentismo tiene que llegar a la cifra mágica. Lo que no está claro es lo que sucedería después.

6 de octubre del 2017: Sabadell y CaixaBank dan la espalda al soberanismo y anuncian que se van de Cataluña

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La posición adoptada por las dos entidades fue un bofetón a las tesis secesionistas

La inestabilidad es el peor enemigo del empresario. Esta conocida máxima se aplicó con toda la contundencia cuando el desafío secesionista se acercaba a su cénit. Hace tres años, la gran banca catalana, el Sabadell y CaixaBank, plantaron cara al procés y decidieron irse de la comunidad. La decisión se adoptó ante la posibilidad de que el Parlamento catalán aprobase de forma inminente una declaración unilateral de independencia, algo que se produjo en las sesiones del 26 y 27 de octubre.

La situación que atravesaba el Sabadell, una de las entidades financieras más importantes de España, era muy preocupante. El consejo del banco se reunía en una sesión extraordinaria el 5 de octubre después de la pérdida de casi mil millones de euros en tres días en capitalización bursátil. Pero todavía más relevante fue la reacción de los clientes del Sabadell ante los acontecimientos que se sucedían en Cataluña. El miedo desatado por las consecuencias que ya apuntaba el desafío secesionista llevó a la retira masiva de capitales. Los gestores del banco tomaron una decisión drástica. Dejar la comunidad y trasladar la sede social del banco a Alicante, donde sigue, tres años después.

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