Torturas, trabajos forzosos e insalubridad: los abusos de la detención preventiva en Corea del Norte

Human Rights Watch recoge en un informe los detalles de unos protocolos «arbitrarios, violentos, crueles y degradantes»

Fotografía que muestra al estudiante Otto Frederick Warmbier, esposado durante su juicio en la Corte Suprema de Corea del Norte
Fotografía que muestra al estudiante Otto Frederick Warmbier, esposado durante su juicio en la Corte Suprema de Corea del Norte

Redacción

El sistema de detención preventiva en Corea del Norte se ha convertido en un catalizador de torturas, condiciones insalubres y trabajos forzados, como lo atestiguan algunos de quienes la han sufrido y que han hablado con Human Rights Watch (HRW), que recoge en un informe los detalles de unos protocolos «arbitrarios, violentos, crueles y degradantes».

Ocho antiguos funcionarios que huyeron de Corea del Norte y 22 ciudadanos que han sufrido los abusos del opaco sistema de su país coinciden en que, una vez que fueron detenidos, se asomaron a un abismo donde no sabían qué les podía ocurrir a continuación. Sin acceso a abogados independientes y sin capacidad de protesta, quedaron a merced de lo que le fuesen dictando las autoridades.

Quienes han pasado por la detención preventiva cuentan casos en los que fueron obligados a quedarse en la misma postura durante días, sufrieron golpes o padecieron falta de comida, ropa y aseo. En el caso de las mujeres, también se habrían dado casos de abusos sexuales y violación.

El régimen de Kim Jong Un considera a estos detenidos «poco menos que animales», como reza el titulo del informe de HRW. Los funcionarios se refieren a ellos por el número en lugar de por el nombre y no autorizan ningún contacto visual, fomentando un clima de temor y sometimiento que pasa factura tanto física como psicológicamente.

«El sistema de detención preventiva y de investigación es arbitrario, violento, cruel y degradante», ha sentenciado el director para Asia de HRW, Brad Adams, al hablar de un país donde la gente vive con «miedo constante» a caer en manos de un régimen donde «se presupone la culpa» y en el que «la única salida es a través de sobornos y enchufes».

La humillación como sistema

Los exfuncionarios consultados por la oenegé reconocen que «el maltrato y la humillación están considerados un parte crucial del sistema de justicia penal en Corea del Norte», pese a una comisión de investigación de la ONU ya acreditó en el 2014 que las sistemáticas violaciones de Derechos Humanos en el país asiático equivalían a crímenes contra la Humanidad.

«Si nos movíamos, nos castigaban a levantarnos y sentarnos, hacer planchas, abdominales o a sostener barras de metal», cuenta un exsoldado que huyó en el 2017 tras ser detenido en varias ocasiones por contrabando e intentos de deserción. «Si (los guardias) se enfadaban, venían a la celda y nos pegaban», relata.

Estos abusos «ocurrían todos los días» en al menos una de las celdas, lo que contribuía a «mantener la tensión» entre los presos. «Había veces que casi pensaba en quitarme la vida. Mientras estaba allí, más de 50 detenidos desaparecieron», asegura, aludiendo a la red de campos de trabajo y prisiones que el régimen ha tejido para perseguir cualquier atisbo de desobediencia.

Una vez apresado, hay pocas opciones de evitar una pena menor o verse obligado a realizar una larga condena de trabajos forzados, sin remuneración de ningún tipo. Adams ha instado a las autoridades norcoreanas a «sacar el sistema de su época oscura» y, con ayuda internacional, crear una red «profesional» que «dependa de las pruebas y no de las torturas para resolver los delitos».

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