Torturas, trabajos forzosos e insalubridad: los abusos de la detención preventiva en Corea del Norte
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Human Rights Watch recoge en un informe los detalles de unos protocolos «arbitrarios, violentos, crueles y degradantes»
19 oct 2020 . Actualizado a las 12:20 h.El sistema de detención preventiva en Corea del Norte se ha convertido en un catalizador de torturas, condiciones insalubres y trabajos forzados, como lo atestiguan algunos de quienes la han sufrido y que han hablado con Human Rights Watch (HRW), que recoge en un informe los detalles de unos protocolos «arbitrarios, violentos, crueles y degradantes».
Ocho antiguos funcionarios que huyeron de Corea del Norte y 22 ciudadanos que han sufrido los abusos del opaco sistema de su país coinciden en que, una vez que fueron detenidos, se asomaron a un abismo donde no sabían qué les podía ocurrir a continuación. Sin acceso a abogados independientes y sin capacidad de protesta, quedaron a merced de lo que le fuesen dictando las autoridades.
Quienes han pasado por la detención preventiva cuentan casos en los que fueron obligados a quedarse en la misma postura durante días, sufrieron golpes o padecieron falta de comida, ropa y aseo. En el caso de las mujeres, también se habrían dado casos de abusos sexuales y violación.
El régimen de Kim Jong Un considera a estos detenidos «poco menos que animales», como reza el titulo del informe de HRW. Los funcionarios se refieren a ellos por el número en lugar de por el nombre y no autorizan ningún contacto visual, fomentando un clima de temor y sometimiento que pasa factura tanto física como psicológicamente.
«El sistema de detención preventiva y de investigación es arbitrario, violento, cruel y degradante», ha sentenciado el director para Asia de HRW, Brad Adams, al hablar de un país donde la gente vive con «miedo constante» a caer en manos de un régimen donde «se presupone la culpa» y en el que «la única salida es a través de sobornos y enchufes».
La humillación como sistema
Los exfuncionarios consultados por la oenegé reconocen que «el maltrato y la humillación están considerados un parte crucial del sistema de justicia penal en Corea del Norte», pese a una comisión de investigación de la ONU ya acreditó en el 2014 que las sistemáticas violaciones de Derechos Humanos en el país asiático equivalían a crímenes contra la Humanidad.
«Si nos movíamos, nos castigaban a levantarnos y sentarnos, hacer planchas, abdominales o a sostener barras de metal», cuenta un exsoldado que huyó en el 2017 tras ser detenido en varias ocasiones por contrabando e intentos de deserción. «Si (los guardias) se enfadaban, venían a la celda y nos pegaban», relata.
Estos abusos «ocurrían todos los días» en al menos una de las celdas, lo que contribuía a «mantener la tensión» entre los presos. «Había veces que casi pensaba en quitarme la vida. Mientras estaba allí, más de 50 detenidos desaparecieron», asegura, aludiendo a la red de campos de trabajo y prisiones que el régimen ha tejido para perseguir cualquier atisbo de desobediencia.
Una vez apresado, hay pocas opciones de evitar una pena menor o verse obligado a realizar una larga condena de trabajos forzados, sin remuneración de ningún tipo. Adams ha instado a las autoridades norcoreanas a «sacar el sistema de su época oscura» y, con ayuda internacional, crear una red «profesional» que «dependa de las pruebas y no de las torturas para resolver los delitos».