El intocable general Cienfuegos arrastra en su caída al Ejército mexicano

Estados Unidos acusa al exsecretario de Defensa de proteger a los carteles de la droga

El general Salvador Cienfuegos, en el 2016, cuando estaba al frente de la Secretaría de Defensa de México
El general Salvador Cienfuegos, en el 2016, cuando estaba al frente de la Secretaría de Defensa de México

Redacción / La Voz

La corrupción empapa hasta la última fibra de la Administración mexicana. Uno de los contados oasis que se suponían al margen de las mordidas que engrasan el día a día del país era el Ejército, a cuya buena reputación se había encomendado el actual presidente, Andrés Manuel López Obrador, para publicitar su guerra contra los corruptos. Pero la detención el 15 de octubre en Los Ángeles del general Salvador Cienfuegos por sus lazos con el narcotráfico ha hecho saltar por los aires el último resquicio de prestigio que conservaban las Fuerzas Armadas, arrastradas por el hasta ahora intocable militar en su caída.

La DEA (la agencia antidrogas estadounidense) llevaba esperando catorce meses para echarle el guante a Cienfuegos. Y el día 15 lo arrestaron nada más pisar el aeropuerto de Los Ángeles. Bautizaron la operación como Padrino, uno de los apodos que gasta el general de división, de 72 años, al que la DEA y la Fiscalía de Nueva York acusan de haber protegido desde su cargo como secretario de Defensa (del 2012 al 2018) al cartel H-2, al que los militares nunca osaron molestar en su presunta guerra contra el tráfico de droga.

«Gracias a la asistencia corrupta del acusado, el cartel del H-2 llevó a cabo su actividad criminal sin interferencia significativa del Ejército mexicano e importó miles de kilos de cocaína, heroína, metanfetaminas y marihuana a los Estados Unidos», apunta el escrito de la Fiscalía Federal del distrito Este de Nueva York.

El tribunal que investiga su caso es el mismo que el año pasado condenó a cadena perpetua a Joaquín El Chapo Guzmán, el histórico capo de la droga mexicano. Y es el mismo que ha procesado a Genaro García Luna, el exsecretario de Seguridad Pública de México con el presidente Felipe Calderón (2006-2012), que fue arrestado en diciembre, también en Estados Unidos, por colaborar con el siniestro cartel de Sinaloa a cambio de sustanciosos sobornos.

Enésimo revés para Peña Nieto

La detención de Cienfuegos supone el enésimo revés para Enrique Peña Nieto, el presidente que lo puso al mando de las Fuerzas Armadas entre el 2012 y el 2018. Su exsecretaria de Desarrollo está en la cárcel por un caso de sobornos, el exgobernador de Chihuahua fue detenido en Estados Unidos por corrupción y España extraditó este verano a México a quien bajo su mandato había sido director general de la petrolera estatal Pemex, Emilio Lozoya, acusado de beneficiarse de las comisiones de la constructora Odebrecht.

Pero nada hacía pensar que Cienfuegos caería en esa misma maraña y se convertiría en el más alto mando del Ejército detenido por narcotráfico. El militar, que entró en las Fuerzas Armadas con solo 15 años, había logrado una hoja de servicios prácticamente intachable hasta convertirse, tras medio siglo en el Ejército, primero en general de división y luego en secretario de Defensa.

Hasta que se han revelado sus vínculos con el tráfico de drogas, solo dos borrones manchaban su expediente. Los dos sucesos son muy representativos de la violencia que azota al país, amparada en muchos casos por el aparato de seguridad encargado de evitarla. Ambos ocurrieron en el plazo de unos meses en el 2014 y sobre los dos se proyectan las sombras de los militares.

El primero fue la llamada matanza de Tlatlaya, en el estado de México, fronterizo con la capital federal. El 30 de junio de ese año, una patrulla de ocho soldados dedicada a la lucha contra el narcotráfico mató a 22 personas en una bodega de Tlatlaya. La versión oficial sostiene que se produjo un choque entre un grupo de delincuentes y los militares, y que en la refriega murieron 22 civiles. Pero el informe de la Comisión Nacional de Derechos Humanos concluyó posteriormente que de los 22 muertos, 15 habían sido literalmente «ejecutados» por los soldados.

La matanza de Ayotzinapa

También durante su etapa como máximo responsable del Ejército mexicano se produjo la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa, un suceso que saltó a los medios internacionales por su brutalidad. Aunque los principales sospechosos del asesinato y posterior desaparición de los cadáveres de estos alumnos de la Escuela Normal de Ayotzinapa son policías de Iguala, el Ejército se vio salpicado en el caso, en el que se detectaron además lazos con los clanes de la droga. Como secretario de Defensa, Cienfuegos no permitió que la comisión que investigaba la matanza llamase a declarar a ningún militar.

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