Amy Coney Barrett, ¿la penúltima victoria de Trump?

El presidente exhibe su triunfo en el Tribunal Supremo para tratar de arañar votos a una semana de las votaciones


nueva york / e. la voz

Al presidente Donald Trump le encanta presumir de hacer cosas que sus predecesores nunca han hecho. El lunes logró una primicia histórica. La confirmación de una jueza decisiva para instalar la mayoría conservadora en el Tribunal Supremo durante décadas ocho días antes de que los votantes decidan si darle cuatro años más o echarle del cargo.

Hizo, además, algo nunca visto en la política de Estados Unidos. Organizar una ceremonia nocturna en el césped de la Casa Blanca para formalizar el juramento de la jueza Amy Coney Barrett. Una repetición del evento superpropagador celebrado hace un mes que acabó con una decena de asesores infectados por el covid-19, incluido el propio presidente, y cuando cinco personas del equipo del vicepresidente, Mike Pence, han dado positivo en los últimos días.

El gesto obstinado de un mandatario que se niega a reconocer la amenaza de una pandemia que se ha cobrado la vida de 225.000 estadounidenses, para la que no tiene un plan nacional, y que es el principal argumento de campaña de su rival demócrata, Joe Biden, a menos de una semana de las elecciones.

La puesta en escena supuso también un ataque directo a la resistencia anti-Trump que cristalizó el día después de su investidura, en enero del 2017, con la multitudinaria Marcha de las Mujeres en Washington. Barrett, de 48 años, devota católica, contraria al derecho al aborto e intérprete ortodoxa de la Constitución, juraba el cargo que ocupa ya en lugar de la jueza Ruth Bader Ginsburg, icono feminista, fallecida hace tan solo un mes. Lo hizo con su mano posada en una biblia sujetada por Clarence Thomas, magistrado del Supremo, de ideas conservadoras y cuya elección en 1991 estuvo marcada por las acusaciones de acoso sexual de su exempleada Anita Hill. Todo bajo la atenta mirada del propio Trump y de su marido, el abogado Jesse Coney.

La Casa Blanca, engalanada con enormes banderas estadounidenses, se convirtió en el último escenario de la propaganda de la polarización de Trump antes del próximo 3 de noviembre. Por primera vez en la historia moderna, la mayoría republicana del Senado confirmó a una jueza del Supremo sin ningún voto demócrata. En las filas del partido del presidente se temen un potencial «baño de sangre» en las elecciones, por lo que quisieron asegurar el control del Poder Judicial.

El efecto Clinton

A una semana de las elecciones, más de 64 millones de estadounidenses han votado ya, y aproximadamente la mitad de ellos están en la docena de estados clave que decidirán quién gana las elecciones. Nadie se atreve a vaticinar el resultado a pesar de que todas las encuestas ponen a Biden por delante. El miedo por el efecto Hillary Clinton, quien perdió contra Trump a pesar de superar a su rival en casi tres millones de votos, marca el final de la campaña.

Unos pocos votos pueden determinar el resultado. Por este motivo, Trump ha decidido apelar a su electorado más conservador con el nombramiento de una juez que en sus primeras semanas tendrá que decidir sobre la posible anulación de la ley de salud pública aprobada por Barack Obama o sobre la legalidad de la prohibición del aborto de 15 semanas, promulgada en el 2018 por el gobernador republicano de Misisipi, entre otros casos.

Pero lo que más preocupa a los demócratas es la posibilidad de que Barrett acabe resolviendo los casos relacionados con los resultados de las elecciones de este año. Minutos antes de la votación del Senado, el Supremo emitió una decisión que limitará el recuento de las papeletas por correo en Wisconsin solo a aquellas que lleguen un día antes de las elecciones. El fallo, aprobado con los 5 votos de los jueces conservadores frente los tres liberales, sin el de Barrett, puede determinar el recuento en el resto de estados. Tras esta decisión, Trump volvió a azuzar la posibilidad de complicaciones la noche del próximo martes. «Sería muy bonito y muy correcto que se declare un ganador esa noche, en lugar de contar los votos durante dos semanas», declaró antes de volar a Míchigan para continuar con su campaña.

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