Madrid / Colpisa

Pablo Casado firmó este lunes el acta de defunción de España Suma, su proyecto de alianza electoral con Ciudadanos y Vox. En realidad, se trata de un carpetazo dirigido al partido naranja porque con los de Santiago Abascal quedaron derruidos todos los puentes hace un mes con la moción de censura de Vox a Pedro Sánchez.

Aunque la ruptura hace añicos la ya agrietada foto de la plaza de Colón, al menos en su vertiente electoral, Casado ha dado el paso porque cree que el Partido Popular está en condiciones de morder en el electorado de Ciudadanos, desconcertado y en desacuerdo, según su análisis, por el espíritu colaborativo de Inés Arrimadas con el Gobierno de Sánchez. El líder de la oposición señaló este lunes en la cadena Cope que daba por finiquitada «la alianza de constitucionalistas o del centro y la derecha con España Suma», y culpó de ello a Ciudadanos y Vox.

El proyecto nunca cuajó, y solo saltó a la arena electoral en el País Vasco en julio pasado con un resultado desastroso para el PP y positivo para los naranjas que, pese a ser un partido irrelevante en Euskadi, lograron dos diputados. La coalición también se presentó en las últimas generales en Navarra, pero el único beneficiario fue Unión de Pueblo Navarro, que obtuvo todos los escaños ganados por la alianza. En vista de esos resultados y de las expectativas que se abren, Casado sentenció: «Estamos en otra etapa». Una nueva fase, prosiguió, para «unir a los votantes de estos partidos en un proyecto [el PP] que es la única alternativa a Pedro Sánchez». Es decir, recuperar los seis millones de votos que ha perdido su partido desde que ganó las elecciones en el 2011 hasta las de noviembre del año pasado, y que por el centro se fueron a los liberales, y por la derecha, a Vox.

Referencia hegemónica

El equipo de Casado ve al alcance de la mano el rescate de esos votantes y que el PP vuelva a ser la referencia hegemónica de la derecha. Pero la realidad apunta en otra dirección. Ciudadanos gana protagonismo día a día, y Vox se muestra como una fuerza sólida. Las encuestas, además, constatan que los liberales se recuperan de la debacle de las últimas generales y que la fórmula de Vox no flaquea.

En la dirección popular, sin embargo, insisten en que ven posible la reconquista, y más factible con el electorado de Ciudadanos.

Arrimadas respondió este lunes con un portazo y anunció que no habrá listas conjuntas en Cataluña. «Hemos hablado muchísimas veces de esta opción, pero Casado lo ha dejado claro», afirmó la líder naranja. El PP, reprochó, «no quiere sumar esfuerzos», solo piensa «en cuántos escaños saca cada partido». Ciudadanos pretendía armar candidaturas unitarias de su partido, el PP y el PSC. Los socialistas rechazaron la oferta en el primer minuto y el posible entendimiento se redujo a los populares. Los liberales condicionaron el acuerdo a ser el socio mayoritario porque son la primera fuerza constitucionalista en ese territorio. Ganaron las autonómicas en el 2017 con 36 escaños, y el PP se quedó en cuatro.

Pero las cosas han cambiado. Ciudadanos se ha desinflado en Cataluña, y en las generales del 2019 quedó por detrás del PP, e incluso de Vox. Los sondeos otorgan a los de Arrimadas entre 13 y 14 escaños en el Parlamento catalán, menos de la mitad que hace tres años, y al PP, entre ocho y nueve.

ERC se niega a aplazar los comicios del 14F y descarta totalmente la reedición de un tripartito de izquierdas

Cristian Reino

La fecha de las elecciones catalanas del 14 de febrero sigue en el aire o cuanto menos cuestionada. Después de que diversos consejeros de la Generalitat, como la titular de Presidencia o el de Interior, ambos de JxCat, abonaran días atrás la teoría de un posible aplazamiento electoral, el Síndic de Greuges (defensor del pueblo catalán), Rafael Ribó, avisó este lunes de que «decenas de miles» de personas podrían quedarse sin poder votar como consecuencia de la pandemia.

El defensor del pueblo catalán lanzó una llamada a los partidos políticos y al Gobierno autonómico para que impulsen una comisión parlamentaria que antes del 15 de enero determine si es preciso o no postergar las elecciones. Abogó también por que el Parlamento catalán apruebe una ley electoral provisional que establezca la posibilidad de votar en varias jornadas.

De momento, ninguna de las fuerzas cogió el guante de Ribó y los partidos independentistas se cruzaron acusaciones de estar amagando con la posible suspensión. «Hay que huir de cualquier especulación. Hay que garantizar que se celebren con todas las garantías de salud pública y de participación», afirmó JxCat. A los posconvergentes se les acusa de estar lanzando globos sonda, en un ataque de pánico, porque las encuestas no les son nada favorables. JxCat trató este lunes de posicionarse a favor del 14F, de alejar las dudas que algunos de sus consejeros han sembrado e instó a sus socios a trabajar «con lealtad y sin partidismos». No obstante, desde la formación nacionalista se insinuó que si ocurriera como en Galicia o en el País Vasco, donde que hubo gente que no pudo ir a votar, por estar contagiados de coronavirus o en cuarentena, se podría estar «alterando el resultado» de los comicios.

Esquerra, mientras, reclamó a sus socios que «dejen de especular con la fecha de las elecciones. El Gobierno autonómico las está trabajando y las está preparando», según los republicanos. El PSC criticó que desde el Ejecutivo se «ponga en duda» la celebración de las elecciones y emplazó al vicepresidente de la Generalitat, Pere Aragonès, a convocar a los grupos políticos para aclarar su posición.

La prioridad, la secesión

Mientras aumenta el ruido alrededor de la fecha de los comicios catalanes, la portavoz de ERC, Marta Vilalta, afirmó este lunes que su partido apuesta por repetir la formación de otro Gobierno independentista en la siguiente legislatura, a pesar de las tensiones con JxCat, y que Esquerra incluso está dispuesta a liderarlo si gana el 14F, por lo que descarta de plano otras opciones, como reeditar el tripartito de izquierdas con el PSC y los comunes.

Vilalta, según recoge Efe, subrayó que han logrado «reconducir la situación de tensión y conflicto» en el seno del Ejecutivo catalán. «Esto nos reafirma en que después de las elecciones catalanas habrá que conseguir formar otro Gobierno independentista que nos aproxime a la república catalana», recalcó.

La portavoz de ERC descartó totalmente un pacto con los socialistas y atribuyó a los posconvergentes el interés por agitar «el fantasma del tripartito», en referencia a los gobiernos de coalición entre PSC, Esquerra e Iniciativa presididos por Maragall y Montilla entre el 2003 y el 2010.

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