El PP marca distancias con Vox y Cs para aglutinar todo el voto a la derecha del PSOE

Arrimadas acusa a Casado de estar más preocupado por «cargarse» a Ciudadanos que de la lucha contra la pandemia

Pablo Casado, este viernes, en el Banco de Alimentos de Reus
Pablo Casado, este viernes, en el Banco de Alimentos de Reus

Pablo Casado quiere resucitar el sueño bipartidista de acaparar bajo las siglas del PP todo el voto situado a la derecha del PSOE. Fracasada la estrategia de una alianza nacional a tres bandas con Vox y Ciudadanos —que solo ha funcionado, y no sin problemas, a escala regional—, el líder popular ha cambiado de rumbo. Ha dicho adiós a España Suma y a la foto de Colón. Su meta es absorber a medio plazo lo que quede de Ciudadanos tras el previsible naufragio en las elecciones catalanas del 14 de febrero y, ya a largo plazo, erosionar a la formación de Santiago Abascal para detener la hemorragia que sufre el PP en su flanco derecho. Para lograrlo, los conservadores marcan distancias con la ambigüedad que atribuyen a Cs y la radicalidad que aprecian en Vox.

Tras dinamitar los puentes con Abascal durante el debate de la moción de censura a Sánchez, Casado quiere aprovechar ahora la tramitación de los Presupuestos para dejar patente la irrelevancia de Ciudadanos. El desdén con que el Gobierno de coalición ha prescindido de la oferta de Arrimadas para apoyar sus cuentas demuestra, según los gurús del PP, que a efectos prácticos no existe ese espacio de centro al que apelan los liberales.

Consciente de la nueva estrategia de Casado, Inés Arrimadas criticó este viernes que el PP esté más preocupado por «cargarse» a Cs que por la lucha contra la pandemia. «Qué pena que el principal partido de la oposición no esté pensando en cómo ayudar para frenar las locuras de este Gobierno y sacar adelante la economía española», se revolvió este viernes la presidenta de Ciudadanos. En su opinión, el PP ignora la situación crítica del país y opta por no colaborar con el Ejecutivo para desgastar a Sánchez y poder así desalojarlo de la Moncloa.

El penúltimo desencuentro entre Arrimadas y Casado se produjo el lunes, cuando el presidente del PP dio por enterrado el proyecto España Suma con el que ambas formaciones concurrieron juntas a las elecciones vascas del 12J y, horas después, la líder de Cs anunció que los liberales irían en solitario a los comicios catalanes. Pablo Casado, de visita este viernes en Tarragona, mostró su «máximo respeto» a esta decisión de Ciudadanos y evitó alimentar la polémica escudándose en el argumento de que considera «muy satisfactorios» los pactos que ambos partidos comparten en autonomías y ayuntamientos.

Dos tácticas diferentes

Esta suavidad en las formas responde a la táctica de hacerse con los votos de Ciudadanos mediante un proceso de absorción gradual. Nada que ver con el plan diseñado para cazar al simpatizante de Vox, ante el que el PP quiere sacudirse el sambenito de «derechita cobarde» que le endosan los de Abascal. En el caso de Vox, Casado ha elegido la fórmula de la colisión. En ese papel salió este viernes al ruedo su portavoz en el Congreso, Cuca Gamarra, que arremetió contra la formación de Abascal por no presentar enmiendas a los Presupuestos ni participar en su debate. A su juicio, esta ausencia «ha reforzado todavía más la coalición de Sánchez e Iglesias».

Gamarra tachó la actitud de Vox en este punto de «extraparlamentaria» y recalcó que, al no participar en las votaciones, la mayoría necesaria para tumbar las enmiendas de la oposición bajó de los 176 escaños a solo 150, cinco menos que la suma de PSOE y Podemos.

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