Los duros reproches de Sánchez y Casado constatan la imposibilidad de que pacten

Podemos apremia a reactivar la renovación del CGPJ afeada por Bruselas

Pablo Casado, de espaldas, dirigiéndose ayer a Pedro Sánchez en el Congreso de los Diputados.
Pablo Casado, de espaldas, dirigiéndose ayer a Pedro Sánchez en el Congreso de los Diputados.

Madrid / La Voz

La llamada telefónica de Pedro Sánchez a Pablo Casado de este martes puso fin a un período de 55 días en el que el presidente del Gobierno y el jefe de la oposición no conversaban, pero resultó inútil para que ambos acercaran posturas. Así quedó constatado ayer en un bronco Pleno en el Congreso, con cruces de acusaciones a diestra y siniestra, obligando a su presidenta a realizar continuas llamadas al orden, pero también extremadamente largo, al coincidir en una misma sesión la rendición de cuentas del presidente del Gobierno sobre el estado de alarma, para que informase sobre el desarrollo de los dos últimos Consejos Europeos y otras cuestiones ordinarias como la sesión de control al Ejecutivo. Casi doce horas después de la conversación telefónica «cordial», Sánchez y Casado chocaron hasta en la manera de felicitar las fiestas.

El líder del PP intuyó que tras la fórmula de «fiestas del afecto» de la que se sirvió Sánchez para referirse a las Navidades se escondía un resquemor religioso. «Señor Casado: felices fiestas, feliz Navidad; hágaselo mirar, hombre», ironizó el presidente del Gobierno en el turno de réplica para asegurar que hasta en eso polemiza el líder del PP.

En otro de los campos de batalla habitual, la gestión de la crisis del coronavirus, Casado elogió la respuesta de la canciller Ángela Merkel, un liderazgo con el que trató de poner en evidencia el papel de Sánchez «parapetándose» tras las comunidades autónomas. «En Alemania, llora una estadista, en España se ríe un frívolo», lamentó.

Los aliados del Gobierno para la investidura y para los Presupuestos siempre tienen un espacio preferente. En esta ocasión, Casado recurrió al término de «allegados» empleado por el Ejecutivo para delimitar las celebraciones navideñas, para recriminarle que sus «allegados» no son otros que «Podemos, ERC y Bildu». «Dime con quién gobiernas y te diré qué presidente eres», reprochó.

Sánchez no se quedó corto y acusó al líder de la oposición de tener «una agenda lunática» basada en «problemas fantásticos». «Regrese a la tierra», le reclamó. «La realidad de España va por un lado y usted va por otro», insistió, además de reprocharle su actitud de confrontación contra el Gobierno y su acercamiento a la ultraderecha.

Las diferencias son múltiples y muy diversas, pero cristalizan todas en la imposibilidad de que el PSOE y el PP alcancen un acuerdo para renovar el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ), para lo que se requiere una mayoría en el Congreso de al menos tres quintos y, por tanto, pasa por el visto bueno de los populares.

Presión de Iglesias con el CGPJ

La Moncloa lleva meses acusando a Casado de paralizar la renovación. El presidente del PP pasó ayer al contraataque para denunciar que es Sánchez el «único que está bloqueando» el asunto, y que todo se debe a su «cobardía» ante Pablo Iglesias por no aceptar que el reparto de los vocales del CGPJ se negocie exclusivamente entre el PSOE y el PP, como se viene haciendo «en los últimos 40 años». Génova pone como condición innegociable para un acuerdo que Podemos no participe en la designación, y más ahora cuando intensifica sus ataques a la Corona y tras las declaraciones del vicepresidente segundo en las que aupó a Bildu y ERC a la condición de «socios fundamentales en la dirección del Estado». Una coalición que es «una jaula de grillos» en la que Sánchez no logra poner «orden», según Casado.

En la nevera del Congreso aguarda una reforma impulsada por PSOE y Podemos para rebajar la mayoría exigida para renovar el CGPJ y convertir al PP en irrelevante. El plan fue afeado por Bruselas y Sánchez lo dejó en barbecho, pero ayer Iglesias presionó para reactivarlo. El vicepresidente dijo que Casado dejaba dos opciones: «Asumir que no se va a renovar el CGPJ hasta que la derecha gane unas elecciones» o «cumplir el mandato constitucional y adaptar la ley para cumplir la Constitución».

Urkullu aprovecha la polémica del rey emérito para pedir que se pueda someter a referendo la figura del monarca 

 

Aprovechando la polémica por la regularización fiscal del rey emérito, el lendakari, Iñigo Urkullu, ha pedido este miércoles una republicanización de la monarquía que, según ha señalado, ya ha planteado varias veces y que este mecanismo permita someter a referendo la figura del rey, así como la exigencia de una mayor transparencia y control de la institución.

Durante su intervención en el Foro Expectativas Económicas de El Correo que se ha celebrado en Bilbao, ha cuestionado que cómo puede ser que no haya posibilidad de modificar quién encabeza la Jefatura de Estado salvo que, «por una cuestión de herencia, se plantee la abdicación y el nombramiento de otra persona, que no elección», ha matizado. «¿Y cómo puede ser que una persona pueda campar a sus anchas sin ningún tipo de mecanismo de control?», ha añadido el dirigente vasco, quien ha apuntado sobre las sospechas de actuaciones irregulares del rey emérito que «no es cuestión de la persona, sino de la persona y de la institución», según recoge Europa Press.

En este sentido, ha recordado que la monarquía española «ha vivido en una condición de inviolabilidad» y ha destacado que él, al margen de sus principios y sus creencias políticas personales, ha reclamado siempre mecanismos de control para las instituciones. «Creo que todos los que tenemos una responsabilidad institucional, sea cual sea, estamos sometidos al control absoluto y necesario», ha agregado.

En todo caso, Urkullu ha apuntado que esto no corresponde resolverlo a las personas que pertenecen a los partidos políticos minoritarios en el conjunto del Estado, como es el PNV, sino que las grandes formaciones estatales «deberían contemplar esta situación y esta reflexión».

Asimismo, ha dicho que él tiene en su «acerbo, en su bagaje», su ayuda para garantizar la estabilidad del Estado «por encima de lo que pudieran ser apetencias políticas con respecto a otros miembros de formaciones».

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