Las conmovedoras campanadas de Ana Obregón: luto blanco, esperanza y besos al cielo

La actriz, de la mano de Anne Igartiburu, representó desde La 1 a los miles de hogares con sillas vacías. En Antena 3, Cristina Pedroche se disfrazó en homenaje al confinamiento


En el año más aciago del breve tramo de la historia que han vivido aquellos que tienen menos de cien años, la Nochevieja que mató al 2020 se afrontó como una catarsis de champán y pólvora para dejar atrás la más nefasta de todas las vueltas que hemos dado alrededor del sol. Quisimos ilusionarnos por unas horas con el poder mágico de los números y con poner un punto y aparte a este turbio relato, aunque de momento sigamos en el mismo párrafo que anteayer. La ceremonia de este cambio de calendario tenía que ser simbólica y Televisión Española hizo pleno dándole espacio a una persona con cátedra para hablar de lo que significa un año funesto.

Ana Obregón volvió a hacer televisión en directo y Anne Igartiburu dio esta vez un paso un lado no solo por la distancia social exigida, sino también para dejar el protagonismo a quien hablaba en nombre de todos esos hogares que acogían en su mesa alguna silla vacía. Más de 50.000 en España solo a causa de la pandemia, más todas las otras razones que quedan fuera de los titulares pero siguen existiendo.

Fue una noche «histórica e insólita», señaló Igartiburu, aunque TVE disimuló el contundente plano de la plaza desierta con imágenes de un público virtual que querían llenar el vacío. Solo Nacho Cano al piano, una cantante y un coro estaban sobre el asfalto para interpretar una versión diferente de la canción Un año más, el tema que siempre suena de fondo como banda sonora de las doce uvas. Pero TVE tampoco mostró esa actuación y optó por poner vídeos enviados por los espectadores.

Arriba, en el balcón, Anne Igartiburu se asomó vestida de rojo Caprile, como ya es tradición, para dar apoyo a una Ana Obregón de luto blanco que salía de casa por tercera vez en ocho meses. Y lo hizo muy emocionada, pero con gran aplomo, para «mandar un mensaje de esperanza». «Sé que muchas personas que me están viendo desde casa han tenido un año muy difícil. Se identifican conmigo. Ellas también han perdido a un ser querido. Así que esta noche, cuando suenen las doce campanadas, vamos a recordarles. Sé que vamos a mirar al futuro con la convicción de que juntos, pero con mucha responsabilidad, saldremos de este túnel», afirmó.

«Me hace ilusión que estemos dos mujeres, dos mamás en la Puerta del Sol despidiendo el año más difícil de nuestras vidas, al que queremos mandar a... tomar viento fresco», apuntó. El de Ana Obregón no era un discurso plano de lugares comunes. Ella habló desde el corazón, como madre, y esa sinceridad la pantalla la detecta: «Lo más importante en esta vida es dedicar tiempo y amor a las personas que quieres», dijo, recordando palabras que pronunciaba su hijo, Alex Lequio, fallecido el pasado mes de mayo a los 27 años como consecuencia del cáncer que padecía. Y pidió que el mortífero coronavirus no haga olvidar muchos otros frentes abiertos: «Quiero pedir más dinero para investigación del cáncer, son los grandes olvidados. Sé que la pandemia es tremenda, pero el cáncer también».

«Por lo que quería estar aquí es porque, aún siendo una madre que ha perdido un hijo, estoy mandando un mensaje de esperanza para toda España; para decirles que sé que todo el mundo lo está pasando mal, algunos peor que otros, y que solo depende de nosotros porque con esta pandemia se puede acabar».

Ahí, genio y figura, habló también la bióloga que lleva dentro para explicar a quien a estas alturas no lo haya comprendido que las medidas de protección están para cumplirlas. «Lo que más necesitamos es que la gente se tome en serio estas recomendaciones, las hemos escuchado por activa y por pasiva, que son mascarilla, lavado de manos y una cosa muy importante: la distancia, porque va en los aerosoles. Aquí habla la bióloga, que no debería, pero ahí están los virus. Hay que tomarse todo en serio para que el año que viene estemos todos bien». Y también hizo un alegato a favor de la inmunización: «Hay que vacunarse. Lo digo alto y claro. Es seguro y es la única forma de acabar con esta pandemia».

La actriz de Ana y los siete se pronunció con el aplomo de la experiencia, mandó besos al cielo y mantuvo el tipo de forma serena hasta una espectacular traca final de fuegos artificiales, que más que festejar el nuevo año parecía estar tiroteando al que acababa. Ana tembló por dentro y por fuera y se le saltaron las lágrimas, pero ahí estaba la mano de Anne Igartiburu para ayudarla a recomponerse.

 El delantal de Cristina Pedroche

Ante un panorama tan emotivo, el asunto del vestido de Cristina Pedroche quedó en un segundo plano, como un símbolo más de un año en el que el orden de prioridades vitales se ha reordenado para todos. Derivando ya más hacia el carnaval que a la Nochevieja, Pedroche decretó que el disfraz de moda de esta época tan hogareña es el edredón y el delantal. Embellecido, en su caso, con miles de cristales y más de trescientas horas de trabajo, pero delantal a fin de cuentas. Ella lo llamó mascarilla para encajarlo en la estética del confinamiento. Tanto era el valor de esta pieza textil que su usuaria no dejaba de ponerse de perfil para mostrar bien el punto exacto donde menos tela había.

La presentadora también hizo su monólogo mirando a cámara, pero su destreza al leer el guion quedó a mucha distancia de lo que se pudo ver en La 1. Pedroche narraba la historia de su abuela, tristemente fallecida en soledad, con el mismo tono monocorde con que te anunciaba un teléfono móvil.

Su retransmisión al lado de Alberto Chicote tuvo el matiz de una teletienda. A Antena 3 le dieron las uvas de forma literal por detenerse en lo que no hizo TVE y mostrar la actuación de Nacho Cano en la Puerta del Sol. Después de eso a los presentadores apenas les dio tiempo a encajar toda la publicidad que tenían contratada y Pedroche tuvo que destaparse deprisa, deprisa, ya con el reloj cantando los cuartos. Cierto que la cosa tampoco daba ya para mucho más.

Doble despedida en Telecinco

Christian Gálvez volvió a la pantalla de Mediaset por primera vez desde el mes de marzo, después de que la marcha de Pasapalabra a Antena 3 lo dejó en la reserva. En Nochevieja lo hizo para «dar la bienvenida al 2021 por partida doble», ya que él y su pareja en la retransmisión, Sandra Barneda, viajaron a Gran Canaria para vivir dos veces el cambio de año. «Esto es empezar el 2021 con buen pie, limpiarnos de 2020 y celebrarlo dos veces», aseguró Sandra Barneda, que también eligió un vestido blanco. La presentadora confesó que el sonido del reloj era grabado para que en la primera sesión sonaran doce campanadas y no once. Ambos cumplieron el rito desde un escenario en el que solo estaban ellos, sin público que secundara sus aplausos.

La Sexta, en una plaza solitaria

La Sexta también asistió a la actuación de Nacho Cano, que interpretaba su canción en exclusiva para trabajadores del Samur y la policía local. Pusieron el énfasis en lo solitaria que estaba la plaza y Cristina Pardo, espectadora del concierto desde la calle, aseguró que tenía sentimientos raros: «Es bastante lúgubre el asunto». «El silencio es clamoroso», aseguraba desde el balcón Iñaki López, quien dijo no haber dado ninguna buena noticia en el 2020. Para no perder ni siquiera esa noche la esencia del análisis politico de la cadena, ambos presentadores subrayaron que Díaz  Ayuso había apagado el árbol de Navidad de la plaza para alumbrar una enorme bandera de España y destacaron el «excepcional gasto en fuegos artificiales». Innovando en la retransmisión, los dos presentadores protagonizaron un crossover con Antena 3 al visitar en directo el plató de Cristina Pedroche y Alberto Chicote con fines publicitarios.

 

«Queimada» para hacer arder al 2020

En TVG poco antes de las doce campanadas de la Berenguela, el 2020 fue quemado en aguardiente por Rafa Durán «para quedar purificados todos e queimar as desgrazas». En la ventana del Pazo de Raxoi, Xosé Ramón Gayoso estuvo acompañado por la atleta Ana Peleteiro, que coincidió con otras presentadoras en elegir un vestido blanco y que se comió las uvas en directo durante la retransmisión y se atragantó con la última. «Non foi un ano moi bo, bastante malo, pero hai que quedar co aprendido», señaló la campeona de triple salto, que representó, según Gayoso, el espíritu de esfuerzo y sacrificio para salir adelante a pesar de la adversidad.

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