El trumpismo después de Trump

Luís Pousa Rodríguez
Luís Pousa REDACCIÓN / LA VOZ

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El presidente Donald Trump durante un mitin de campaña en el aeropuerto Cecil en Jacksonville (Florida) el pasado septiembre
El presidente Donald Trump durante un mitin de campaña en el aeropuerto Cecil en Jacksonville (Florida) el pasado septiembre Tom Brenner | Reuters

El asalto al Capitolio finiquita la carrera del magnate, que calcina un caudal de 74 millones de votos y deja a sus herederos sin opciones para el 2024

10 ene 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Hasta el miércoles, y a pesar de algunos desencuentros con destacados correligionarios, como el líder republicano en el Senado, Mitch McConell, por su empeño en negarse a aceptar la victoria de Joe Biden en las urnas, Donald Trump mantenía el control del partido. Con el aval de los 74 millones de votos cosechados el 3 de noviembre y con las legislativas del 2022 a la vista —en las que se renuevan los 435 escaños de la Cámara de Representantes y 34 de los 100 senadores—, eran contados los dirigentes republicanos que se atrevían a desmarcarse abiertamente del plutócrata para no poner en riesgo su reelección y no despertar las iras de unas bases en las que el trumpismo ha calado hondo durante los últimos cuatro años. Pero el 6 de enero, con la confirmación de que los republicanos habían perdido la mayoría en el Senado y, sobre todo, con el bochornoso asalto al Capitolio instigado por el presidente saliente, Trump hizo volar por los aires su carrera política y cualquier opción de perpetuar su legado más allá del 20 de enero.

la marca

El trumpismo antes de Trump. El trumpismo ya existía antes de Trump. El magnate se ha limitado a convertir su apellido en la marca que aglutina a un movimiento ultraconservador que tuvo antecedentes como el Tea Party y rostros visibles como la exgobernadora de Alaska Sarah Pallin. Donald Trump recogió en el 2016 los frutos cultivados por una creciente corriente de la derecha radical que tiene en la cadena Fox News su principal fábrica de argumentos. Esta ideología explota la desafección de una capa de la sociedad norteamericana respecto a su clase política por las consecuencias de la globalización y la crisis económica. Es una derecha sin complejos, ultranacionalista, populista, proteccionista en lo económico, contraria a la emigración, con toques supremacistas y religiosos y que odia todo lo que representan Washington, la CNN, el New York Times o las élites universitarias. A pesar de esa extraña mezcolanza y sus patentes contradicciones, el éxito del discurso se ha basado en despertar los instintos primarios que provoca la dicotomía ellos y nosotros y que se resume en su lema: America First.

el horizonte del 2024

El trumpismo sin Trump. Más allá de que se puedan aplicar medidas drásticas como la 25.ª enmienda —que le impediría legalmente presentarse de nuevo a los comicios—, tras cruzar la línea roja de profanar la sede de la democracia estadounidense, Donald Trump ha calcinado cualquier opción de concurrir a las presidenciales del 2024. El temor en el seno del Partido Republicano es que el empresario plantee un pulso interno que derive en una escisión y reduzca aún más su capacidad para disputar la Casa Blanca a los demócratas.