Alemania prorroga el «cierre duro» hasta el 14 de febrero e incrementa las restricciones

Serán obligatorias las mascarillas FFP2 para viajar en transporte público y hacer la compra como medida para frenar el fuerte avance de la pandemia en el país


colpisa

Un mes más de «cierre duro» en Alemania y un mes más de bares, restaurantes y tiendas clausurados. La canciller federal, Angela Merkel, y los primeros ministros de los 16 estados federados acordaron este martes prolongar hasta el 14 de febrero las severas restricciones vigentes en todo el país desde el 16 de diciembre para combatir el coronavirus y establecieron además la obligatoriedad de llevar mascarillas médicas de seguridad FFP2 en el transporte público y en los comercios de artículos de primera necesidad. No estará permitido tomar el autobús o el metro o hacer las compras con mascarillas de niveles inferiores de protección como las de fabricación casera.

Mientras estas decisiones eran filtradas a la prensa, Merkel y los jefes de Gobierno de los «Länder» discutían aún sobre la situación en los centros escolares y la posibilidad de mantener su cierre también durante las próximas cuatro semanas. Además los Ejecutivos federal y territoriales acordaron la redacción de un decreto por parte del ministerio de Trabajo para exigir de las empresas que posibiliten al máximo el teletrabajo para reducir los contactos personales a lo imprescindible. Cuando la presencia en el puesto de trabajo sea obligada, los empresarios deberán proporcionar a sus empleados mascarillas del tipo FFP2. Y para que en horas punta se eviten aglomeraciones en el transporte público, los gobiernos nacional y regionales de Alemania demandaron de las empresas horarios flexibles para sus operarios y oficinistas.

Aunque las cifras de contagios y fallecimientos por el virus SARS-CoV-2 comienzan a remitir lentamente en Alemania gracias a las medidas tomadas hasta ahora, el temor a los efectos de la mutación detectada en el Reino Unido ha hecho que las autoridades extremen aún más las precauciones. La incidencia del virus en Alemania es actualmente de 140 casos por cada 100.000 habitantes en una semana, muy inferior a los 480 casos que se registran en estos momentos en España o los 465 de Gran Bretaña, pero lejos de los 50 que las autoridades sanitarias de este país han establecido como cota máxima soportable antes de intervenir con medidas restrictivas masivas con el fin de evitar la saturación de los hospitales.

Los ministros de Educación de los «Länder» reconocen que el cierre de los colegios durante un tiempo tan prolongado es una catástrofe para los niños y jóvenes aunque reciban clase a distancia, pero existen crecientes indicios de que la variante B.1.1.7 del virus se extiende con mayor fuerza entre los menores y su propagación por esa vía amenaza a su vez a los adultos. Es seguro que habrá excepciones de clases presenciales para aquellos cursos que conduzcan al fin de un ciclo educativo y atención en guarderías para los hijos de aquellos padres que tienen que acudir a trabajar en profesiones de carácter estratégico.

Sin toque de queda nacional

En todo caso, lo que las autoridades alemanas pretenden con la prórroga del «cierre duro», un mayor fomento del teletrabajo y el aumento de las restricciones en el transporte público y el comercio es limitar aún más las posibilidades de contactos interpersonales, que se encuentran ya de por si reducidas al mínimo imaginable. Actualmente y desde comienzos de año está prohibido todo contacto con más de una persona ajena al propio hogar en espacios abiertos o cerrados.

Merkel y los primeros ministros regionales, que adelantaron su cita una semana sobre la fecha inicialmente prevista, no consiguieron sin embargo ponerse de acuerdo para establecer un toque de queda nacional. No obstante, sí continuarán funcionando los que se dictan temporalmente en localidades o regiones con un índice de infecciones muy elevado.

Especialmente dramática es la situación de la gastronomía y la hostelería, que sufre el cierre de bares, restaurantes, hoteles y residencias vacacionales desde el pasado 2 de noviembre. Si a partir de mediados de febrero se alivian las restricciones que sufren, habrán estado cerrados ininterrumpidamente tres meses y medio. Según la Asociación Alemana de Hostelería y Gastronomía (Dehoga) en 75,5% de las empresas del sector ven amenazada su supervivencia y un 24,9% de las mismas estudia ya su cierre definitivo pese a las ayudas que reciben del Estado federal para superar esta crisis. En la misma situación se encuentran los centros de ocio culturales y deportivos, desde museos, teatros u óperas a gimnasios, piscinas o clubes de deportes.

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