La campaña del 14F deja al Gobierno en minoría al perder el apoyo de ERC

Una victoria de JxCat complicaría el plan de legislatura de Pedro Sánchez

El presidente en funciones, Pedro Sánchez, mira a Gabriel Rufián (ERC) en el Congreso
El presidente en funciones, Pedro Sánchez, mira a Gabriel Rufián (ERC) en el Congreso

Madrid / La Voz

La agónica aprobación del decreto que regula la ejecución de los 140.000 millones de euros del fondo europeo para la recuperación económica y social constató los peores temores del Gobierno. Mientras no se celebren las elecciones catalanas y se despeje la incógnita de quién presidirá la Generalitat, cualquier votación en el Congreso se convertirá en una tortura para el Ejecutivo, porque ERC no quiere retratarse junto a Pedro Sánchez en plena campaña. El pulso de los republicanos catalanes situó al Gobierno al borde del desastre, si es que el hecho de ser salvado por Vox no se considera ya un desastre. El debate a nueve del pasado domingo entre los candidatos a la Generalitat, en el que el republicano Pere Aragonès puso la mayor distancia posible con Salvador Illa, confirmó que al Ejecutivo de coalición le toca sufrir, porque la campaña va a agrandar la brecha con ERC, que tacha a Illa de ser «el candidato del 155».

 Dos semanas a la intemperie

Serán dos semanas duras para el Gobierno hasta las elecciones del 14F, en las que no podrá contar con los votos de ERC, ni tampoco con los de los cuatro diputados del PDeCAT, habituales ya en la mayoría del bloque de Gobierno. Y en las que difícilmente se repetirá, aunque tampoco el Gobierno la busca, la llegada de Vox al rescate de Sánchez, muy cuestionada entre las propias bases del partido de Santiago Abascal. Al PP tampoco lo espera el Ejecutivo como socio de fortuna, ni siquiera en asuntos de Estado como los fondos europeos, al menos hasta que pasen las elecciones catalanas y se conforme Gobierno en la Generalitat. Y lo mismo cabe decir de Ciudadanos, en donde Arrimadas ha congelado su predisposición pactista con el Gobierno durante toda la campaña. El Ejecutivo está por tanto a la intemperie y más expuesto que nunca en el Congreso con sus 155 escaños.

Sánchez contempla ese escenario con resignación y como un mal asumible hasta después de los comicios, cuando se muestra seguro de recuperar la confianza de ERC. Moncloa no descarta incluso que los republicanos se desmarquen mañana del decreto de paralización de los desahucios. Pero ese escenario parlamentariamente complejo para el Gobierno podría prolongarse mucho más allá del 14F. Primero, porque la formación del nuevo Gobierno catalán no será inmediata. Y, segundo, porque, en función de cuál sea el resultado electoral, la brecha con ERC podría convertirse en una sima.

 El peligro del empuje de JxCat

El escenario previsto por el Ejecutivo era el de una victoria de ERC que permitiera a Aragonès hacerse con la presidencia apoyado por el PSC y los comunes, sin necesidad de un Ejecutivo tripartito y marginando a JxCat. Algo que, lejos de dificultarle las cosas a Sánchez, le garantizaría el apoyo recíproco de los republicanos en Madrid. Pero una victoria de Illa, impensable hasta hace nada con Iceta como candidato, complicaría ese plan porque ERC no daría la presidencia al PSC.

El peor escenario para el Gobierno, sin embargo, sería una victoria de JxCat, cada vez más plausible por la fuerza en los momentos finales que reflejan los sondeos. Ese escenario, que demostraría la pujanza del independentismo radical, propiciaría un Gobierno secesionista y el abandono de la vía posibilista por parte de ERC, poniendo fin el apoyo a Sánchez en Madrid.

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