Un juicio convertido en pesadilla política para la cúpula del PP

Una condena al partido como responsable civil reviviría el fantasma del fin de Rajoy

Sede del PP en la calle Génova de Madrid

Madrid / La Voz

La primera sesión del juicio por la supuesta caja B del PP ha puesto de manifiesto que para la actual dirección del partido las consecuencias políticas de este proceso son más peligrosas que las penales. La petición del extesorero del PP Luis Bárcenas de tener un careo con Mariano Rajoy refleja su intención de hacer el mayor daño posible. Y, aunque no involucra penalmente a ningún dirigente actual, insiste en afirmar que emisarios del líder popular, Pablo Casado, trataron de pactar con él. No aporta del momento ninguna prueba documental de ello, pero pretende establecer así un nexo de unión entre el PP de José María Aznar y Mariano Rajoy, ese Casado asegura que «ya no existe», y la actual cúpula de los populares.

«Coste electoral terrible»

La sola celebración del juicio en plena campaña de las catalanas, retransmitiendo en directo acusaciones al PP, algunas de las cuales ni siquiera son objeto de este proceso, supone ya un duro golpe para el partido, que puede agravar sus ya malas perspectivas en esos comicios. El mismo Casado asumía ayer el «coste electoral terrible» de este juicio. Los acusados son el propio Bárcenas, el exgerente del PP Cristóbal Páez y tres responsables del estudio de arquitectura que reformó la sede nacional. Pero el partido se arriesga a ser declarado responsable civil subsidiario de los delitos, lo que lastraría el intento de Casado por desmarcarse.

Hay que recordar que en el primer juicio del caso Gürtel, la condena del PP como partícipe a título lucrativo bastó para desalojar a Rajoy de la presidencia del Gobierno con una moción de censura y forzarle a abandonar el liderazgo del partido, aunque cuando sucedieron los hechos juzgados, en el 2003, no presidía todavía el PP.

Paseíllo de testigos incómodos

Ninguno está acusado de nada, pero el paso por el banquillo para declarar como testigos de, entre otros, Rajoy, José María Aznar, los exsecretarios generales María Dolores de Cospedal, Javier Arenas, Francisco Álvarez Cascos y Ángel Acebes, y el exvicepresidente del Gobierno Rodrigo Rato, contra los que apuntará Bárcenas, pondrá en aprietos al partido, que ni siquiera controla lo que puedan declarar algunos de ellos, como Aznar, Rato o Cascos. Tampoco Cospedal está contenta con el apoyo de Casado. Y la generación de dirigentes que han sido apartados, molesta con la forma en la que Casado encara las acusaciones de Barcenas, podría tratar de pasarle factura a él y al actual secretario general, Teodoro García Egea.

Una sede estigmatizada

Hasta ahora, el PP ha insistido en defender la honradez personal de Rajoy —de Aznar apenas habla nadie en el partido— pero desligándose al mismo tiempo de posibles irregularidades durante su gestión, que se remonta hasta hace solo dos años. A no ser que Bárcenas presente una grabación que le involucre personalmente —dice que la tenía pero se la han robado— será muy difícil que Rajoy pase de testigo a acusado en este caso. Por tanto, la promesa de Casado de expulsar del PP a cualquiera que sea condenado por un juez no le afectaría, incluso en caso de condena al partido. La imagen gráfica de ruptura con el pasado no llegaría así a producirse.

Por último, el objeto concreto de este juicio, que afecta a la sede nacional del PP, juega también en contra del partido, que en alguna ocasión se ha llegado a plantear abandonar un edificio estigmatizado, pero que con la reducción de subvenciones como consecuencia de sus malos resultados electorales se verá obligado a permanecer en Génova.

Feijoo ve al PSOE detrás del escrito de Bárcenas y los barones cierran filas con el líder popular

Los barones del PP salieron ayer en tromba para arropar al líder del partido, Pablo Casado, y culpar al PSOE de tratar de desprestigiar a su partido. El presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijoo, situó al PSOE «y a otros partidos de la oposición» detrás del escrito del extesorero popular Luis Bárcenas. Cuestionó que este asunto surja «en plena campaña de las catalanas» y recordó que también «se trajo mediáticamente en la campaña de las elecciones gallegas del 2009». Preguntado sobre si el PP debe pedir perdón por este caso, respondió: «Tenemos que asumir nuestras responsabilidades y actuar conforme a las mismas». La presidenta de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, afirmó que el PSOE «intenta desprestigiar» y silenciar al PP. «Todo lo que está ocurriendo actualmente no es casualidad, está perfectamente orquestado», aseguró.

El presiente de la Junta de Castilla y León, Alfonso Fernández Mañueco, defendió la honestidad de Mariano Rajoy. «Él me ha ayudado y ha apostado por mí y estoy muy agradecido», señaló. El presidente andaluz, Juan Manuel Moreno, aseguró que este caso «es pasado, de hace más de una década». Y, en la línea de Casado, se desmarcó de anteriores etapas del PP e indicó que «el que sea responsable de un acto delictivo, que lo pague; sea quien sea». «El PP ha desplazado a quienes estaban bajo sospecha, ha colaborado, y a partir de aquí que sean los jueces y cuando decidan quién es el culpable», añadió Moreno.

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