La decisión de Rabat de construir una carretera a Mauritania a través de la zona desmilitarizada de Guerguerat reaviva el conflicto
02 mar 2021 . Actualizado a las 11:07 h.«La firma del alto el fuego en 1991 fue precipitada». La frase se repitió en el último decenio una y otra vez en las dependencias militares que el Frente Polisario tiene repartidas por la parte de la antigua colonia que controla, todas ellas camufladas y de pequeñas dimensiones. En eso se basó su táctica desde el comienzo de la guerra en 1975: unidades casi indetectables que atacaban de manera sorprendente los distintos muros que Marruecos iba construyendo y emprendían rápida retirada. Y de aquel lejano alto el fuego al ataque en enero —no confirmado por fuentes independientes— a suelo marroquí. ¿Qué ha pasado?
El alto el fuego creó la llamada zona de amortiguación de cinco kilómetros de ancho, que en efecto funcionó como amortiguador y previno incidentes: alejando física y psicológicamente a los contendientes el riesgo de roce y conflicto era mucho menor. Marruecos se frotó las manos.
En esa zona de amortiguación estaba incluida un tramo en el sur que separa el Sáhara ocupado de la frontera Mauritania. Un tramo que en principio carecía de importancia. Acceder a el era muy difícil sin ser detectado, pero suponía que el Polisario pudiese llegar al Atlántico. Allí, en ese lugar llamado Guerguerat, no había paso fronterizo ni aduana alguna.
Cambio de estrategia
Hasta que Marruecos, con su política de hechos consumados, abrió una brecha en su muro mirando a Mauritania —frenada en el 2001 por la ONU— y construyó una carretera en el 2016, lo cual elevó la tensión en la zona, que solo disminuyó cuando el Frente Polisario recuperó de hecho el control, ya con el calendario marcando el 2017. La suave pero efectiva presión de la ONU hizo que ambas partes se retiraran y se restableció el status quo, con una salvedad: la brecha quedó abierta.
Y así fue hasta el pasado noviembre, cuando Marruecos sacó a sus tropas más allá de lo pactado —violando por lo tanto el alto el fuego— para proteger el asfaltado de esa carretera con el fin de que pasen sus camiones a Mauritania y, claro, controle su Ejército el territorio.
«La situación está tranquila al día siguiente de la operación salvadora de valientes efectivos de las Fuerzas Armadas que permitió desalojar a las milicias del Polisario», decía por entonces en un despacho la agencia de noticias oficial marroquí MAP, que calificaba a los saharauis de «bandidos».
La réplica fue inmediata: Brahim Gali, número uno del Polisario y experto estratega militar, declaró roto el alto el fuego. Marruecos tomó nota: en estos mismos momentos está ampliando el sexto muro doscientos kilómetros hacia el este para que las bombas suenen muy lejos de los núcleos de población. «Estamos asegurando la zona», dijeron fuentes oficiales.
Desde entonces se han sucedido los ataques contra posiciones del muro y los soldados marroquíes han vuelto a tener que dormir con un ojo abierto. Rabat guarda un absoluto silencio, táctica que tan buenos resultados le ha dado durante decenios. «Ya tienen docenas de muertos, aunque lo silencian», declaró esta semana una fuente independentista a este periódico.
El Frente Polisario paga ahora su doble error. Uno, disculpable: el haber firmado el alto el fuego demasiado rápidamente en 1991. Otro, más complejo de entender y que no hay que atribuirle tanto a él como a Argelia, su gran defensor: no haber atacado en el año 2000 el primer París-Dakar que cruzó todo el Sáhara Occidental de norte a sur en un desafío marroquí sin precedentes, y emprender una guerra corta de baja intensidad que obligase no tanto a Rabat a sentarse seriamente a la mesa de negociaciones como a intervenir a la ONU, desaparecida en todo este tiempo.
Nuevo escenario
Es en ese escenario en el que el Frente Polisario reivindica haber lanzado cohetes sobre dos pequeñas localidades de suelo marroquí. De ser cierto, representa una escalada en un conflicto enquistado en el que hasta ahora va perdiendo. El paso del tiempo, la ausencia de relevo generacional en los independentistas, la aparición en los campamentos de refugiados de gente joven que no conoció sus casas en la ex colonia española, que no sabe lo que es la guerra y que no tiene el mínimo interés en involucrarse en un conflicto juegan a favor de Rabat.
La ONU ya se ha olvidado de que en su día firmó con los contendientes «la celebración de un referendo sin restricciones militares o administrativas, que permita al pueblo del Sáhara Occidental le ejercicio de su derecho a la libre determinación, para elegir entre la independencia o la integración en Marruecos».