Iglesias ve «agresiva» la respuesta del PSOE a sus críticas a la democracia española

El vicepresidente insiste con la estrategia al entender que moviliza a su electorado


Madrid | La Voz

Felipe González ironizaba este jueves con la «metedura de pata» en la que había incurrido Pablo Iglesias al cuestionar la calidad democrática del país del que es vicepresidente. Y no ocultaba su sorpresa, ni tampoco su satisfacción, ante el hecho de que el líder de Podemos no rectificase, sino todo lo contrario.

El expresidente del Gobierno celebraba que Iglesias no sacase «su pata» porque entiende que así está perdiendo credibilidad y apoyo electoral, justo cuando la campaña catalana toca a su fin. Sin embargo, en el círculo de asesores más cercano al líder de Podemos piensan que las consecuencias serán bien distintas, y que el cuestionamiento de la higiene democrática de España no solo no le perjudica, sino que está contribuyendo a movilizar a su electorado para unas elecciones en las que las perspectivas de los comunes, la marca bajo la que se presenta, siguen siendo muy discretas.

Por ello, Iglesias insiste con este asunto cada vez que se le presenta la oportunidad, aunque en las últimas fechas se aprecia un intento por parte del vicepresidente de reformular el debate. La polémica saltó con una afirmación al diario Ara equiparando la situación de Puigdemont o Junqueras a la de los opositores rusos. «En España no hay una situación de plena normalidad democrática», dijo. Su pretensión ahora es mover el debate hacia el axioma de si existen aspectos mejorables en el funcionamiento democrático del país.

Este viernes volvió a insistir en una entrevista al Huffington Post, recurriendo a Bárcenas o a la reacción del Estado ante el desafío secesionista para justificar su postura; idea que reiteró en un mitin en Barcelona refiriéndose a las «carencias» del sistema democrático como una «condición de posibilidad» para mejorar el mismo.

«Demagogia y oportunismo»

En el PSOE siguen respondiendo a las palabras del vicepresidente, según este, de manera «agresiva». La ministra de Exteriores, Arancha González-Laya, afirmó que «España es una gran democracia, admirada y respetada en el mundo; no hay demagogia ni oportunismo que pueda ocultar esta realidad». Por su parte, el presidente de Extremadura, Fernández Vara, lo acusó de vivir «alejado de la realidad».

La relación entre PSOE y Podemos experimentó este viernes otro roce con la denuncia de Igualdad, ministerio en manos de los morados, acusando a los socialistas de haber quebrantado el acuerdo de Gobierno al registrar su Ley de Igualdad de Trato.

En la oposición intentan sacar partido de las cada vez más habituales disonancias entre las dos familias que conforman el Gobierno. El PP empleará la sesión de control del miércoles para no dejar morir el asunto tras las elecciones desplegando un ataque coordinado en el que Iglesias apuntará directamente a Sánchez. Su pregunta registrada al presidente es la siguiente: «¿Cuándo va a cesar a su vicepresidente segundo del Gobierno?».

La coalición bajó seis posiciones

A diferencia de lo que piensa o dice su vicepresidente, para la unidad de inteligencia del grupo The Economist, España es una democracia plena. Como cada año, este equipo de expertos analiza y evalúa varios apartados claves relativos a la higiene democrática de todos los países del mundo, tales como la limpieza en los procesos electorales, la fortaleza y la diversidad de sus medios de comunicación, la libertad religiosa o el sistema de contrapesos al Ejecutivo. Y en función a las calificaciones elabora un ránking. En el último, correspondiente al año 2020, España obtiene 8,12 puntos sobre 10 posibles, una nota superior al ocho que le vuelve a situar en el privilegiado grupo de «democracias plenas», integrado por 23 países y liderado por Noruega, que obtiene una calificación de un 9,81. Solo mejorable en 19 centésimas. Se quedan fuera del mismo algunas potencias de gran tradición democrática, como Francia o Estados Unidos, que The Economist considera «democracias defectuosas».

Pese a que en los últimos 15 años España siempre ha estado por encima del 8, su tendencia es ligeramente a la baja. Coincidiendo con la entrada de Iglesias en el Gobierno, el país ha cedido dos décimas en el último año, pasando del 8,3 del que disfrutaba el Ejecutivo monocolor de Sánchez al 8,1 de la coalición. La curva es más acusada en el ránking, en donde cayó seis puestos.

La puntuación a cada país se reparte en cinco apartados principales: procesos electorales, participación política, cultura política, libertades civiles y funcionamiento del Gobierno, un último apartado en el que España es, según el semanario británico, donde más cojea.

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