Pere Aragonès, el independentista pragmático

El candidato de Esquerra a la presidencia de la Generalitat tiene ahora en sus manos liderar un nuevo ejecutivo secesionista o protagonizar un giro a la izquierda

Pere Aragonès
Pere Aragonès

Luce Pere Aragonès García (Pineda de Mar, Barcelona, 1982) cartel de político discreto y flemático. Se define a sí mismo como «un independentista pragmático». Le hará falta ahora esa visión práctica: ha ganado a Junts la batalla por encabezar el movimiento separatista, y en sus manos está liderar un nuevo ejecutivo secesionista o reeditar el tripartito de izquierdas con un PSC vencedor y los comunes. 

Su moderación es, más bien, cuestión de plazos. Tras la estrategia de «después de mí, el diluvio» que ejecutaron a la perfección Carles Puigdemont y Quim Torra al frente de la Generalitat, toca reconstruir puentes con el Gobierno central y la legalidad, y Aragonès muestra el rostro del consenso y la cautela. Pero cuando el calendario y los porcentajes sean propicios, el antiguo jefe de las juventudes de ERC volverá a la estrategia de confrontación que ya ha cultivado en el pasado.

A día de hoy, lo que se estila es el Pere Aragonès «decidido, dialogante e íntegro» que reivindican desde Esquerra. Mònica Palacín, compañera de filas en el Ayuntamiento de Pineda, redondea así los elogios internos: «Es una persona empática, capaz de llegar a consensos». Pocos discuten su espíritu de colaboración y los representantes del Gobierno central, presidido entonces por Mariano Rajoy, se deshicieron en alabanzas al dirigente republicano cuando, tras la aplicación del artículo 155 en octubre del 2017, se convirtió en el más alto cargo de la Consejería de Economía en conservar su cabeza sobre los hombros. Entonces ejerció de interlocutor de los hombres de negro de Montoro, en ausencia de los destituidos Oriol Junqueras, Lluís Salvadó y Josep Maria Jové.

Aragonès sostiene que la sociedad es compleja y que está acostumbrado a trabajar en un escenario de divergencias. Pone como ejemplo a su propia familia. Su abuelo, Josep Aragonès, empresario del textil y hotelero, fue alcalde de Pineda de Mar en los últimos años del franquismo. En esa época acumuló una notable fortuna en el negocio turístico, levantando en 1963 el que entonces fue el hotel más grande de España, el Taurus Park, con trescientas habitaciones en primera linea de playa.

Su abuelo renovó en la alcaldía, ya en la democracia, como militante de la Alianza Popular de Fraga, y dejó a sus herederos un boyante conglomerado empresarial. Además del negocio, el padre del actual líder de ERC también heredó la vocación política y fue concejal de CiU en Pineda entre 1991 y 1995. Como hizo buena parte de la burguesía catalana, el tránsito del franquismo a Convergencia lo culminó el nieto afiliándose a las juventudes de Esquerra con solo 16 años.

Aragonès, que lleva más de media vida en el partido, se curtió como portavoz de los retoños de ERC. Durante esa etapa, participó en campañas al más puro estilo Boris Johnson, aferrado a un cartel en el que se podía leer: «Cada segundo, España nos roba 450 euros».

Entre las leyes y la economía

Licenciado en Derecho por la UOC, tiene un máster en Historia Económica por la Universidad de Barcelona y trabajó fugazmente en un bufete de abogados antes de zambullirse a tiempo completo en la política.

Fue diputado en el Parlamento catalán entre el 2006 y el 2016, período en el que intentó dos veces emular al abuelo Josep y ser alcalde de Pineda. Fracasó en las municipales del 2011 y volvió a perder en el 2015, pero se convirtió en el tercer Aragonès en ser concejal.

Su gran mentor, Oriol Junqueras, al que conoció siendo aún un fogoso militante de las juventudes republicanas, lo fichó en el 2016 como secretario general de la Consejería de Economía en el Gobierno de Puigdemont. Allí vivió, en primera línea, el desafío secesionista del 2017.

De Junqueras no ha heredado el carácter ni la fe, pero sí casi todos sus cargos. En junio del 2018, tomó posesión como vicepresidente y consejero de Economía en el gabinete presidido por Quim Torra y asumió el puesto de coordinador del partido en ausencia de Junqueras, en prisión, y de Marta Rovira, fugada a Suiza.

Asegura que se relaja viendo series (House of Cards es una de sus favoritas y puede resultarle útil esta legislatura). Se proclama keynesiano y de joven cultivó el teatro aficionado en el centro cultural de Pineda, donde sigue viviendo, ahora con su mujer y su hija.

En septiembre del año pasado, tras ser inhabilitado Quim Torra, heredó también el puesto, aunque solo en funciones, de presidente de la Generalitat. No ha pisado el despacho de Torra, que a su vez tampoco era el de Puigdemont, al que guardan ausencia en el palau desde su huida a Waterloo. Si Aragonès rompe ahora ese tabú y se instala en la oficina del presidente prófugo tal vez sea el gesto inaugural de la nueva era de un independentismo pragmático (y a plazos).

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