Laura Borràs, la voz sin complejos del separatismo de derechas

La aspirante de Junts pierde el pulso con ERC por liderar el independentismo catalán

Laura Borrás
Laura Borrás

Tenía el viento a favor para ser la primera mujer que preside la Generalitat. Aunque también corría el riesgo de convertirse en el tercer jefe consecutivo del Ejecutivo catalán en dejar el cargo por sus problemas con la ley. Pero, a la espera de concretar las alianzas que permitan formar gobierno, Laura Borràs tendrá que asumir su derrota en el pulso con Esquerra por liderar el secesionismo y deberá conformarse con ejercer de escudero de Aragonès en la Generalitat.

Laura Borràs Castanyer (Barcelona, 1970) nació el 5 de octubre, San Froilán, aunque en su último libro se corona como «hija del 1 de octubre». El del 2017, claro. Profesora asociada de Literatura en la Universidad de Barcelona desde 1995 —ahora aspira a ser titular, con plaza de funcionaria del Estado, en la Facultad de Educación—, Borràs es licenciada en Filología Catalana y doctora en Románica por la UB. Su tesis ya auguraba un cierto interés por los ánimos exaltados: Formas de la locura en la Edad Media.

Al contrario que Aragonès, con quien coincidió en el gabinete de Quim Torra, Borràs tuvo un aterrizaje tardío en la política. Ella lo sitúa en el 2017, cuando fue elegida diputada autonómica por Junts. Pero su desembarco efectivo se produjo en el 2013, cuando el entonces presidente de la Generalitat, Artur Mas, y su consejero de Cultura, Ferran Mascarell, la eligen para dirigir la Institució de les Lletres Catalanes (ILC), organismo dependiente del Ejecutivo y encargado de promocionar la literatura en catalán. Era un cargo de confianza, más político que técnico, en una entidad dotada de una fuerte carga ideológica y sentimental para un nacionalismo que ya empezaba a mutar en separatismo.

En ese escenario, la ILC era el trampolín natural al Gobierno catalán. Quim Torra, su auténtico referente en política, la nombró en el 2018 consejera de Cultura, un empleo que parecía hecho a su medida pero en el que no estaba destinada a perdurar. Sobre el presidente pesaba la espada de la inhabilitación y la legislatura estaba condenada a implosionar. Aceptó entonces ser la número dos de la candidatura de Junts per Catalunya a las generales del 2019. El cabeza de lista simbólico, Jordi Sànchez, estaba en prisión y eso la convertía a ella en la candidata real. Así se convirtió en la portavoz del separatismo catalán de derechas en el Congreso y en el azote del pacto entre el Gobierno de coalición y ERC. Una voz sin complejos que adereza con sal las heridas abiertas en el independentismo por la alianza entre Esquerra y el PSOE.

Se crece en el cuerpo a cuerpo, no ya con los socialistas, a los que echa en cara el 155 a la mínima ocasión, sino también con sus teóricos compañeros de batalla independentista: no perdona al PDECat el cisma de sus cuatro diputados en Madrid y choca con frecuencia con el portavoz de ERC en el Congreso, Gabriel Rufián, que en una de las últimas fricciones le afeó incluso su estilismo: «Lleva hace demasiado tiempo chaquetas de mil euros y bolsos de Michael Kors».

La losa de la corrupción

Su muerto en el armario es la etapa al frente de la ILC. El Supremo la imputó en diciembre por presuntos delitos de prevaricación, fraude a la Administración, malversación de caudales públicos y falsedad documental. Ella atribuyó todo a la «represión judicial» del Estado y votó en contra del suplicatorio. Cuando renuncie al escaño en el Congreso y ocupe su plaza en el Parlamento autonómico, la causa pasará al Tribunal Superior de Justicia de Cataluña, que dilucidará si como directora de la institución fraccionó contratos por un importe total de 260.000 euros para adjudicárselos directamente, sin pasar por el trámite del concurso público, a un amigo informático.

Firmó el manifiesto Koiné en defensa del monolingüismo, texto que califica a los catalanes llegados del resto de España como «colonos lingüísticos», y ya anunció en campaña que, si llega a ser presidenta, dará las ruedas de prensa solo en catalán.

Muy activa en las redes (125.000 seguidores en Twitter y más de 43.000 en Instagram), Borràs vive la política con la intensidad del activista. Cuando los periodistas le preguntan por su deporte favorito, no duda: «Lanzamiento de papeleta en urna». Y tampoco titubeó al presentarse a las primarias de JxCat y echar un pulso a Damià Calvet, consejero de Territorio y favorito de presos del 1-O como Josep Rull y Joaquim Forn. Borràs destrozó a Calvet en las urnas: ganó su plaza de candidata a la presidencia con el 75 % de los votos de la militancia.

Pero este rotundo éxito entre los afiliados de Junts no se repitió este domingo cuando los llamados a las urnas han sido los ciudadanos en general y no solo los forofos. La Convergència que ganaba las elecciones sin bajarse del autobús ha caído ahora a la tercera plaza y el desplome planta a Borràs en la puerta del palau de la Generalitat. Aunque, cuando se trata de conjuras de palacio, conviene no subestimar a una especialista en la Edad Media y sus sinrazones.

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