La ONU denuncia que 18 manifestantes han muerto en las protestas contra el golpe de Estado en Birmania

Redacción / La Voz

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Los manifestantes detrás de una barrera de contenedores mientras se enfrentan a la policía antidisturbios durante una protesta en Rangún
Los manifestantes detrás de una barrera de contenedores mientras se enfrentan a la policía antidisturbios durante una protesta en Rangún LYNN BO BO | EFE

Este domingo se vivió la jornada más sangrienta desde que la Junta Militar birmana retomó el poder

01 mar 2021 . Actualizado a las 09:28 h.

Al menos 18 personas han muerto y 30 han sido heridas, denuncia la ONU, en la represión policial y militar de las protestas pacíficas que tuvieron lugar este domingo contra el golpe de Estado en Birmania y en las que se reclamaba el retorno de la democracia.

«En varios lugares en todo el país, fuerzas policiales y militares se han enfrentado a manifestaciones pacíficas utilizando la fuerza letal», denunció en un comunicado la Oficina de la alta comisionada de la ONU para los derechos humanos, Michelle Bachelet, informa Efe.

Según las informaciones recogidas por este organismo, las muertes se ha producido como resultado de los disparos contra manifestantes en Rangún, Dawei, Mandalay, Bago, Pokokku y Myeik.

En la represión también se usó gas lacrimógeno y distintos dispositivos para aturdir a los manifestantes en la jornada de mayor violencia desde que el pasado 1 de febrero la Junta Militar birmana retomó el poder y empezara una cruenta persecución de los integrantes del gobierno civil derrocado, gran parte de los cuales están detenidos.

Entre ellos está Aung San Suu Kyi, líder de la Liga Nacional para la Democracia, partido que gobernaba el país desde 2015 y que ganó ampliamente las últimas elecciones generales (noviembre), cuya limpieza y transparencia fueron corroboradas por observadores internacionales.

La Oficina de Bachelet afirmó que solo hoy se han detenido al menos 85 profesionales médicos, estudiantes y siete periodistas que estaban en las protestas.

En el mes de manifestaciones se calcula que más de 1.000 personas han sido detenidas de forma arbitraria e ilegal, y que entre ellos hay varios responsables políticos, activistas, miembros de organizaciones de la sociedad civil, periodistas y profesionales médicos.

Algunos de los detenidos están en paradero desconocido, un hecho identificado como crimen de desapariciones forzadas.

Pese a que el país tenía un gobierno civil, los militares se habían reservado buena parte del poder y puestos claves en el gobierno antes de empezar a ceder el poder.

Una portavoz de Bachelet denunció que desde el golpe de Estado las fuerzas de seguridad han ido aumentando sus ataques contra la oposición y los ciudadanos que salen por decenas de miles a las calles en distintas ciudades del país para expresar su rechazo a la asonada militar y exigir la libertad de los presos políticos.

En la mayoría de casos no se ha respetado ninguna forma de debido proceso y las detenciones responden «al simple hecho de ejercer los derechos humanos de libertad de opinión, expresión y reunión pacífico», sostuvo la ONU.

«Condenamos con firmeza la escalada de violencia contra las protestas en Birmania y pedimos a los militares que cesen de inmediato de utilizar la fuerza contra los manifestantes pacíficos», señaló la ONU. 

El rechazo al golpe es tal que el propio embajador birmano en la ONU, Kyaw Moe Tun, instó el viernes a «usar todos los medios necesarios contra el Ejército» para restaurar la democracia. Según informa Reuters, aseguró en su discurso ante la Asamblea General que «necesitamos las acciones más fuertes posibles de la comunidad internacional para acabar con el golpe militar y la represión sobre la gente inocente, devolviendo el poder del Estado al pueblo y restaurando la democracia». Furiosos con su intervención, los militares lo destituyeron el sábado, pero la ONU no ha recibido todavía ninguna notificación al respecto. Un mes después del pronunciamiento militar, la represión de este fin de semana aísla aún más a los golpistas mientras la sangre vuelve a correr por Birmania.