Fernando Reinares: «Los atentados del 11M se pudieron haber evitado en numerosas ocasiones»

El experto en terrorismo global revela en su nuevo libro todas las claves de la matanza


Director del Programa sobre Radicalización Violenta y Terrorismo Global en el Real Instituto Elcano, catedrático de Ciencia Política de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Fernando Reinares (Logroño, 1960) es uno de los más reputados especialistas mundiales en terrorismo yihadista. Tras dos libros que son ya referentes internacionales sobre los devastadores atentados de Madrid, ¡Matadlos! Quién estuvo detrás del 11M y por qué se atentó en España (Galaxia Gutenberg, 2014) y Al Qaeda's Revenge. The 2004 Madrid Train Bombings (Columbia University Press, 2017), publica 11M. La venganza de Al Qaeda (Galaxia Gutenberg).

En esta obra, que coincide en las librerías con el decimoséptimo aniversario de la masacre, aporta datos y documentación que responden a cuestiones clave: quién fue el cerebro de los atentados del 11 de marzo del 20014; dónde, cuándo y por qué se tomó inicialmente la decisión de atentar en España. Pero, sobre todo, explica de forma irrebatible que los atentados se pudieron haber evitado si no se hubieran producido diferentes fallos policiales y de los servicios de inteligencia, que tenían información sensible sobre los autores. «En este libro explico y documento que los terroristas del 11M estaban insertos en una red conectada con el mando central de Al Qaida basado en Pakistán», asegura Reinares.

—¿Se pudieron evitar los atentados del 11M? ¿En qué momentos se pudieron impedir y por qué no se hizo?

—El 11M pudo haberse evitado en numerosas ocasiones. Para empezar, pudo haberse evitado si el conocimiento previo que sobre distintos miembros de la red del 11M tenían en el Cuerpo Nacional de Policía hubiese sido bien interpretado y compartido con la Guardia Civil, si no hubiese existido tanta descoordinación y si la visión de la amenaza yihadista no hubiese estado desenfocada en el Centro Nacional de Inteligencia. Pero se subestimó lo que unos inmigrantes musulmanes conocidos por sus ideas extremistas hacían en Madrid, desconsiderando sus vínculos internacionales.

—Otro fallo que pone de manifiesto es que la legislación que había en la época del 11M no era la adecuada, estaba pensada para ETA. ¿Cómo influyó esta deficiencia?

—En el Código Penal de 1995, vigente cuando tuvieron lugar los atentados de Madrid, ni las actividades de adoctrinamiento yihadista ni las de captación yihadista, ni recibir entrenamiento terrorista por parte de organizaciones yihadistas en el exterior estaban tipificadas como delitos. Lo estuvieron a partir de finales del 2010 y ya en el 2015, con sendas reformas del Código Penal. Si lo hubieran estado antes del 11M, la policía hubiese obtenido autorización judicial para detener y encarcelar a miembros clave de la red terrorista del 11M como El Tunecino, Said Berraj, Jamal Zougam o Mohamed el Egipcio.

—¿Por qué Al Qaida atacó a España?

—Azizi tomó en diciembre del 2001 la decisión de atentar en España por venganza, tras eludir su detención en el curso de la operación antiterrorista que desarticuló la célula de Al Qaida, a la cual pertenecía, y que encarceló a la mayoría de sus miembros. Me refiero a la Operación Dátil, que por cierto fue el mayor golpe asestado en Europa occidental a Al Qaida en los años posteriores a los atentados del 11 de septiembre del 2001 en Nueva York y Washington. Casi un año y diez meses después, en octubre del 2003, Osama Bin Laden señaló públicamente a España como país donde atentar en venganza por su presencia militar en Irak.

—Señala a Amer Azizi como máximo responsable del atentado. ¿Qué datos hay para afirmarlo?

—Toda la evidencia, en relación con Amer Azizi y con el resto de los miembros de la red del 11M, está referida y documentada en el libro. En el caso de Azizi han sido fundamentales desde los informes de servicios internacionales de inteligencia que se reproducen y traducen, muy en especial los elaborados por los servicios estadounidenses de inteligencia basado en información proveniente de sus propias fuentes o de servicios amigos, hasta fuentes primarias procedentes de la propia Al Qaida.

—¿Se sabe ya todo de los atentados del 11M? Si no es así, ¿qué faltaría por saber?

—Sabemos, como está relatado y documentado en el libro, quién fue el cerebro del 11M; dónde, cuándo y por qué se tomó inicialmente la decisión de atentar en España; cómo se configuró la red del 11M con sus tres componentes; cuál fue la conexión que tuvo con el mando de operaciones externas de Al Qaida; o las circunstancias en que los dirigentes de Al Qaida aprobaron y facilitaron los planes, entre muchas cosas más. ¿Qué quedan cosas por saber? Sí, quedan cosas. ¿Qué lo que se sabe es lo esencial? Sí, es lo esencial. Incluido lo que falló para que los terroristas consiguieran salirse con la suya.

—¿Qué podemos mejorar en España en la lucha contra el yihadismo?

—Tras el 11M se inició una reforma de las estructuras de seguridad interior para adaptarlas a los desafíos del terrorismo yihadista. En lo referido al incremento de las capacidades para obtener y analizar información, a los avances en coordinación antiterrorista y al reforzamiento de la cooperación internacional, esa reforma ha tenido continuidad, aunque persisten dificultades estructurales que enmendar. Al tiempo, el servicio español de inteligencia ha evolucionado en su atención al terrorismo yihadista. Pero quedan lecciones de la matanza del 11M por aprender.

—¿Sería posible otro 11M en suelo español? ¿España sigue siendo un objetivo prioritario de los terroristas yihadistas? ¿De qué grupos proviene ahora la principal amenaza para nuestro país?

—En el verano del 2017, miembros de una célula yihadista formada en Ripoll estuvieron muy cerca de ocasionar en Barcelona una matanza similar o potencialmente mayor que la del 11 de marzo en Madrid. En España, como en otros países europeos, la amenaza yihadista persiste y evoluciona, aunque las restricciones impuestas por la pandemia estén limitando temporalmente las capacidades de los yihadistas. En España siguen produciéndose procesos de radicalización yihadista, en unos casos con Al Qaida y sus ramas siria o magrebí como organizaciones de referencia, y en otros alineados con Estado Islámico.

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