Rutte priorizará a los europeístas para formar Gobierno en los Países Bajos

pablo l. barbero BERLÍN / E. LA VOZ

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Sigrid Kaag, líder de D66, que se ha convertido en segunda fuerza parlamentaria
Sigrid Kaag, líder de D66, que se ha convertido en segunda fuerza parlamentaria REMKO DE WAAL | Efe

Está dispuesto a negociar con todos los partidos, salvo con la ultraderecha

19 mar 2021 . Actualizado a las 11:14 h.

El primer ministro holandés Mark Rutte, que obtuvo una amplia victoria en las elecciones anticipadas celebradas durante tres días y marcadas por las medidas contra la pandemia, empezó este jueves las negociaciones para formar una nueva coalición gubernamental que le permita liderar el Ejecutivo de los Países Bajos por cuarta vez. Rutte se mantiene en el poder desde que en el 2010 ganó las elecciones generales y convirtió por primera vez en casi un siglo al partido liberal en el más grande del Parlamento neerlandés.

Su Partido Popular para la Libertad y la Democracia (VVD) logró 35 de los 150 escaños de la Cámara Baja, dos más que los actuales. El líder liberal ya advirtió que está abierto a hablar con todas las formaciones menos con la ultraderecha, cuyo principal líder, el populista antiinmigración Geert Wilders, pasó de segunda a tercera fuerza con 17 escaños, tres menos que los actuales.

No obstante, la prioridad para Rutte será negociar un Gobierno de coalición con los socialdemócratas del D66. El partido de centroizquierda proeuropeo, liderado por la ministra de Comercio Exterior y Cooperación para el Desarrollo, Sigrid Kaag, logró 24 diputados y se convierte en segunda fuerza. Se espera que la formación aporte al futuro Ejecutivo la visión europeísta y ecologista que le ha faltado al Gobierno durante la pasada legislatura.

Liberal de izquierdas, Kaag ha defendido durante la campaña la tolerancia, la lucha contra el cambio climático y la defensa de la UE como primordial para los intereses neerlandeses. El ascenso de su partido convirtió a esta diplomática de 59 años en protagonista de la jornada electoral, demostrando que los ciudadanos de los Países Bajos «no son de extremos, sino moderados» y, como ella, quieren un país «más progresista, más justo y, sobre todo, más ecológico», afirmó.

Asimismo se espera que Rutte establezca contacto con el CDA (demócratacristianos) del ministro de Finanzas Wopke Hoekstra, que se quedó con 14 escaños. Esta cifra podría ser decisiva para la coalición que planea Rutte, pero pondría en peligro el entendimiento con los socialdemócratas.

El cuarto socio de la coalición actual es Unión Cristiana (CU), que se queda con los mismos escaños que tenía hasta ahora (5), y formará parte muy probablemente de la ronda de consultas de Rutte. Sin embargo, al igual que con la CDA, está en cuestión si los progresistas estarían dispuestos a volver a renunciar a los puntos sensibles de su programa, como la ley de eutanasia para mayores no enfermos, con el fin de formar una mayoría sólida.

La caída más severa la sufrieron los verdes de GroenLinks, que perdieron la mitad de sus escaños, quedándose con siete, algo que podría explicarse con una posible transferencia de votantes a D66, que se hizo portavoz en la campaña de cuestiones ecológicas monopolizadas hasta ahora por los ecologistas.

El Partido Socialista (SP) perdió también 5 escaños, quedándose con 9, los mismos que mantienen los socialdemócratas (PvdA). Los que fueron socios únicos de Rutte entre el 2012 y el 2017 aún sufren las consecuencias de un fuerte castigo en las urnas por respaldar recortes tras la crisis financiera del 2012.

Ultraderecha dividida

La ultraderecha se presentó a los comicios dividida entre Wilders, que perdió tres escaños; el Foro para la Democracia (FvD), liderada por Thierry Baudet, que subió hasta 8 diputados, y el grupo JA21, formado por antiguos miembros de FvD, que entra en el Parlamento con 4 escaños. En total la ultraderecha cosechó 29 escaños. La Cámara Baja estará más dividida que nunca, compuesta por una cifra récord de 17 partidos, lo que iguala la marca de 1918.

Rutte se congratuló de haber recibido «un voto masivo de confianza» y admitió que «no todo ha sido bueno en estos últimos diez años», pero que ahora el objetivo clave es determinar cómo «reconstruir» el país tras la pandemia. «Tengo energía para otros diez años más», dijo el político, conocido por su capacidad de aguante ante las crisis, como la que le obligó a dimitir y que tuvo su origen en un escándalo por el que miles de familias fueron acusadas erróneamente de fraude por recibir ayudas para la manutención de sus hijos.