La vuelta de Lula revoluciona el tablero político de Brasil

Irrumpe en un escenario en que surgen políticos centroderechistas contrarios a Bolsonaro y ante una izquierda en horas bajas

Lula da Silva, el pasado viernes recibiendo la segunda dosis de la vacuna china en São Paulo
Lula da Silva, el pasado viernes recibiendo la segunda dosis de la vacuna china en São Paulo

bogotá / E. La Voz

Luiz Inácio Lula da Silva está de nuevo en el ruedo político. El Tribunal Supremo ha anulado las condenas del expresidente brasileño, y, salvo sorpresa mayúscula, podrá presentarse a las presidenciales del 2022. Ya nada es lo mismo de cara a esa cita. El líder izquierdista ha irrumpido como un trasatlántico en una campaña que parece haberse acelerado, a pesar de que resta un año y medio para la cita. Aunque el equilibrio político es ahora muy diferente al de hace una década, el exmandatario, por sí mismo, es capaz de alterar el actual statu quo, caracterizado por un surgimiento de los políticos centroderechistas contrarios al presidente, Jair Bolsonaro, y una izquierda dividida y en horas bajas. 

«Tener a Lula como candidato no es solo sumar una pieza importante al tablero. Es cambiar el tablero. Es una figura que modifica toda la correlación de fuerzas», comentó al semanario Brecha Vítor Quarenta, miembro de la dirección del Partido de los Trabajadores (PT), fundado por Lula. La mayoría de los brasileños cree el líder laborista que se presentará a los comicios, a pesar de tener 74 años. La edad, dijo Lula, no será impedimento, si la izquierda se une, y el pueblo le pide presentarse a las elecciones. 

Izquierda dividida

Pero el progresismo brasileño atraviesa por problemas. La división de la izquierda es considerable. Los resultados de las municipales del pasado noviembre lo certificaron. Cayó, especialmente, el PT de Lula, que no se recupera del impeachment a la expresidenta Dilma Rousseff, ni de los escándalos de corrupción que han afectado, durante años, no solo a Lula, sino a decenas de políticos de la formación progresista. 

El PT consiguió 183 alcaldías en los pasados comicios. Son 71 menos que las obtenidos cuatro años antes. La formación cayó a mínimos históricos y, además, quedó sin ninguna de las 26 capitales estatales por primera vez desde el fin de la dictadura, hace 36 años. Las elecciones, además, supusieron el despegue de otro líder izquierdista, Guilherme Boulos, del Partido Socialismo y Libertad (PSOL), que recogió el 40 % de los votos en São Paulo, la mayor ciudad del país. Un gran resultado, en la cuna del PT, aunque acabó perdiendo en segunda vuelta contra el actual regidor, Bruno Covas. Las cifras, eso sí, encumbraron a Boulos, que llegó a ser calificado como «el nuevo Lula» y fue incluido por la revista Time entre los 100 líderes emergentes del mundo. 

El expresidente sigue siendo, eso sí, según las encuestas, la figura más relevante del progresismo, y también del país. Una encuesta de la firma Atlas, publicada a mediados de marzo, situó como favorito en las elecciones a Lula da Silva. Conseguiría el 44,4 % de los votos en una eventual segunda vuelta, ante el 36,9 % de apoyos que recibiría Bolsonaro.

Lula parece no acusar la pérdida de confianza en el PT. Con tales cifras en los sondeos, parece difícil que, si da el paso, sea confrontado por otros líderes progresistas. De hecho, según los medios brasileños, en el PSOL y otros partidos ya se debate ir junto a Lula en el 2022. Boulos ha dicho estar organizando una mesa de unidad de la izquierda de cara a la cita.

Polarización

Lo que sí provocará la candidatura de Lula es la polarización del electorado, en un momento de impulso del centro derecha.

Aunque, en un principio, la presencia del líder laborista en las urnas pueda parecer una mala noticia para Bolsonaro, lo cierto es que el entorno del presidente no ve con malos ojos esa opción.

El centro derecha amenazaba a Bolsonaro con un discurso similar en lo social y económico, pero menos vociferante y con un punto de vista distinto a la hora de gestionar la pandemia. El presidente perdía en varias encuestas una eventual segunda vuelta ante candidatos como João Doria, gobernador de São Paulo.

Cara a cara en una segunda vuelta

Pero, con Lula en el tablero, la cosa cambia. Bolsonaro está seguro de poder alcanzar la segunda vuelta. Cuenta con el apoyo de un 30 % de los brasileños, que parecen ser fieles a su figura, haga lo que haga. Si ese apoyo le lleva al balotaje, el entorno del presidente cree que Bolsonaro tendría opciones, pudiendo recibir los votos de quienes no perdonan los casos de corrupción del PT, y que votarían al ultraderechista para que no gane Lula.

Algunas encuestas favorecen ese optimismo. El 57 % de los brasileños creen que el líder laborista es culpable de corrupción, según una encuesta de la firma Datafolha publicada después de la suspensión de sus condenas. El 51 % cree, además, que la decisión de ese tribunal fue errónea, demostrando que Bolsonaro tiene margen para usar contra la sombra de la corrupción contra Lula.

Pero, eso sí, Bolsonaro ya no es el político del 2018, que se presentó a los comicios como un adalid contra los malos manejos financieros. Ahora, la sombra de la malversación se cierne también sobre su familia, y no podría llevar el discurso por el camino del «limpio» contra el «manchado», sino por el «tú más», que es mucho menos convincente.

La vuelta de Lula al escenario ha alterado todo el juego político. No es descartable, tampoco, una salida a la argentina. Lula podría presentarse como candidato a vicepresidente de alguien, quizás más moderado, sin sombra alguna de corrupción, como hizo el peronismo en el país vecino, postulando a la exmandataria Cristina Fernández Kirchner, que tiene varios procesos abiertos en su contra, como segunda de Alberto Fernández, para así asegurar a sus seguidores y animar a parte de quienes nunca la votarían a ella, pero sí a un peronista más tecnócrata y alejado de escándalos.

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