La ciencia vincula por primera vez la actividad solar con un fenómeno de la Tierra

Una investigación establece un nuevo ciclo de la estrella con un evento oceánico que tiene repercusiones a escala mundial

Puesta de sol, ayer, en Touriñán (Muxía)
Puesta de sol, ayer, en Touriñán (Muxía)

A los negacionistas del cambio climático les encanta decir que detrás del calentamiento actual del planeta se encuentra la actividad solar. Y en cierta medida así es, pero no como ellos piensan. El Sol tiene períodos con más y menos intensidad que se reparten en un ciclo de unos 11 años. Si vemos el gráfico que compara la evolución de la actividad de la estrella y de la temperatura media global, se observa que solo existe un patrón apreciable en el comportamiento de la temperatura media del planeta desde 1880, que asciende mientras que el comportamiento del Sol se ha mantenido estable, siguiendo siempre ese ciclo natural. Si el astro está alterando el clima no es porque libere ahora más energía, sino porque los gases de efecto invernadero atrapan la radiación térmica infrarroja que emite la Tierra, como cualquier cuerpo del universo que se calienta.

La influencia del Sol sobre el sistema climático y los patrones meteorológicos siempre ha sido un misterio y nunca se ha podido establecer una correlación. Sin embargo, una reciente investigación publicada en Earth and Space Science sostiene que la actividad solar podría influir en el desarrollo de los eventos de El Niño y La Niña, dos fenómenos oceánicos que se producen en el Pacífico ecuatorial y que tiene un gran un impacto en el clima mundial. El Niño del 2016, uno de los más fuertes registrados, favoreció que fuese el año más cálido desde que se toman datos. Los investigadores reconocen que cuando se analiza el ciclo de 11 años no se encuentra ninguna correlación, pero por primera vez proponen un nuevo ciclo de 22 años, donde sí se puede establecer una conexión entre los cambios que experimenta la estrella con el desarrollo de ambos eventos en el Pacífico.

El ciclo de 22 años comienza cuando las bandas magnéticas con carga opuesta que envuelven al Sol aparecen cerca de las latitudes polares de la estrella. Durante el ciclo, estas bandas migran hacia el ecuador, lo que hace que aparezcan manchas solares a medida que viajan a través de las latitudes medias. El ciclo termina cuando las bandas se encuentran en el medio, aniquilándose mutuamente en lo que el equipo de investigación llama un evento terminador. Estos terminadores proporcionan indicaciones precisas para el final de un ciclo y el comienzo del siguiente.

Los investigadores impusieron estos eventos de terminación sobre las temperaturas de la superficie del mar en el Pacífico tropical que se remonta a 1960. Descubrieron que los cinco eventos de terminación que ocurrieron entre ese momento y 2010-11 coincidieron con un cambio de un El Niño (cuando las temperaturas de la superficie del mar son más cálida que el promedio) a La Niña (cuando las temperaturas de la superficie del mar son más frías que el promedio). El final del ciclo solar más reciente, que se está desarrollando ahora, también coincide con el comienzo de un evento de La Niña.

«No somos los primeros científicos en estudiar cómo la variabilidad solar puede impulsar cambios en el sistema de la Tierra», apunta el autor principal del estudio Robert Leamon, de la Universidad de Maryland Baltimore-County. «Pero somos los primeros en aplicar el reloj solar de 22 años. No es probable que el resultado, cinco terminadores consecutivos alineados con un interruptor en la oscilación de El Niño, sea una coincidencia». 

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