Comprar carne sintética en el súper, una posibilidad cada vez más cercana

Lograr el mismo sabor y optimizar el precio son los dos grandes retos


redacción / la voz

El planteamiento semeja de ciencia ficción: elaborar carne en laboratorio a partir de células madre y que esta no solo tenga el mismo sabor, sino que conserve sus propiedades nutritivas, desechando las perjudiciales. La posibilidad de que las secciones de carnicería de los supermercados dispongan de un producto así en el futuro está ahí, sin fecha. Laura Soriano, biotecnóloga del centro tecnológico Ainia de Valencia, que estudia este campo, se queda en puntos suspensivos para fijarla. «Aleph Farms, empresa israelí, fue de las primeras en investigar. El año pasado ya comentaban que en un par de años la iban a comercializar. Este año estuve en una charla y ya le daban otro año más». ¿Diez años? «Eso lo puedo ver posible», dice.

El punto de partida de esta carne de laboratorio se encuentra en el banco de células madre de músculo. «Se llaman células satélite. Salen de una biopsia en un ganado normal», indica Laura Soriano. Precisa que, en realidad, en este proceso se aplican técnicas usuales en la rama clínica. «Esas células las cultivamos in vitro y crecen. Pero no van a generar una hamburguesa solas. Necesitan de un soporte, una matriz formada por colágeno. Las típicas fibras que tiene la vaca, uniendo esas células», explica.

Una vez resuelto ese paso, «ya tenemos un cubito de una mini hamburguesa con todas las células». En ese momento «te centras en los musculares, que son la mayoría, que proliferen en esa estructura 3D». Y luego, «hacer una comparativa de calidad nutricional y ver lo que falta para adicionar». Tal facilidad para manipular el producto abre la puerta a mejorarlo, eliminando los aspectos negativos y potenciando los positivos.

¿Un producto para veganos?

Muchas de las personas han excluido la carne de su dieta por motivos éticos. Soriano señala que aquí desaparece ese obstáculo: «Si el vegano no come carne porque está en contra del maltrato animal y de cómo tratan a los animales en la industria cárnica, sí que podía tomarla. El método para obtenerla no va a utilizar ganado como tal. El origen es el mismo, pero aquí hablamos de un banco de células».

En el año 2012 se presentó en Inglaterra la primera hamburguesa hecha con carne cultivada, tras una investigación costosa. Su aspecto era similar al de una pieza al uso. Los pocos que la probaron indicaron que sabía bien. Para el público general, sin embargo, no existe la posibilidad de adquirirla. Empiezan a abrirse puertas. En Israel abrió este año un restaurante de carne cultivada. Fundado en Tel Aviv por la empresa SuperMeat, sirve carne de pollo procedente de proteínas cultivada a partir de células». Diversas consultoras dibujan un futuro de aquí a 20 o 30 años en el que el consumo de la cultivada ocupe más del 50 % del mercado total de la carne.

Para ello hay que lograr su fabricación a gran escala, optimizando el proceso para rebajar el coste. También que el consumidor no encuentre diferencia entre un filete de uno u otro tipo. «El reto es que sea igual a la carne que conocemos. Intentar añadir todos los ingredientes y que tenga el mismo aspecto. Está en investigación», apunta Soriano. Menos dudas le genera la parte nutricional. «Podemos ver las diferencias y añadir lo que falte -indica-. Si por ejemplo tiene menos vitaminas se puede añadir e igualarlas». Y, pese al escepticismo que pueda generar respecto a su impacto en la salud, la biotecnóloga la ve como una ventaja: «Muchas veces a los ganados se les dan antibióticos y eso genera luego resistencias. Luego están enfermedades como la gripe aviar o porcina. Todo esto en principio no sucedería aquí porque habría controles para que no ocurriera».

 Aspectos legales

En la actualidad en la Unión Europa no se puede comercializar este tipo de carne. La Comisión Europea considera que el canal más adecuado para introducirla es la derivada de la regulación sobre nuevos alimentos (Reglamento 2283/2015). En el artículo 3 recoge el supuesto de los alimentos constituidos, aislados o producidos a partir de cultivos celulares o tejidos derivados de animales, plantas, microorganismos, hongos o algas. José María Ferrer, responsable del Departamento de Derecho Alimentario de Ainia, coincide en ese sentido. Señala que si una empresa ha logrado desarrollar una carne de laboratorio, desde que solicita a la Comisión Europea la aprobación para su comercialización puede tardar entre uno y dos años.

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