¿Está Cuba dispuesta a cambiar?

Por primera vez en cinco décadas, en la isla no mandará alguien apellidado Castro

Miami Herald

Por primera vez en más de cinco décadas, un líder sin el apellido Castro tomará el mando del partido gobernante en Cuba. Raúl Castro renunció este viernes como primer secretario general del Partido Comunista, considerado el cargo político más poderoso de la isla caribeña, durante el octavo congreso del partido.

La transición llega en el momento más difícil de Cuba en años. La isla sufre su peor contracción económica desde el colapso de la Unión Soviética. Las dolorosas reformas económicas han disparado la inflación. Las largas colas para conseguir alimentos se han convertido una vez más en algo habitual. Las sanciones de la era Trump han reducido el acceso a recursos económicos vitales como las remesas. Y un movimiento social naciente, pero cada vez más resonante, está canalizando una creciente frustración.

Aunque fue anunciado como un «congreso de continuidad», el Partido Comunista estará bajo presión para acelerar el ritmo de las reformas económicas que comenzaron hace una década.

«No es solo una cuestión de poner a una persona más joven en ese puesto, es una cuestión de cambiar el sistema. Y hay presión de parte de algunas fracciones para hacerlo, pero también hay mucha resistencia», afirmó Michael Shifter, presidente de Diálogo Interamericano, un centro de estudios con sede en Washington.

La agenda oficial del Partido Comunista para el congreso incluye tres puntos clave: el reemplazo de Castro, que podría implicar un cambio de guardia más amplio entre los altos mandos; una revisión de las políticas económicas y de los objetivos anunciados en el congreso del 2011; y un análisis del trabajo político del partido.

Con el anuncio de más de 300 reformas económicas, en las que se incluyen medidas para fomentar la iniciativa privada, el congreso del partido del 2011 se consideró un evento histórico. Y las reformas fueron consideradas la mayor sacudida a la economía socialista estatal en décadas. Diez años después, muchas de las ideas introducidas apenas están despegando.

En enero, el gobierno eliminó un confuso sistema de doble moneda y retiró de la circulación una moneda artificial llamada CUC, o el peso convertible cubano, y estableció el tipo de cambio oficial en 24 pesos por dólar, una devaluación del 2.400 %. Los cambios provocaron un repunte de la inflación, y algunos precios se encarecieron hasta un 500 %, por ejemplo, en el caso de la electricidad.

Para compensar los cambios, se aumentó el salario de los empleados estatales y de los jubilados, y también el salario mínimo, pero el precio de los alimentos, medicinas y otros bienes subió a un ritmo mayor.

Entre los observadores de Cuba existe el anhelo de que este congreso sea menos una muestra ritual de apoyo a los principios de la revolución y más una discusión sobre la necesidad de reformas, quizás con un enfoque más pragmático dadas las circunstancias, señaló Gregory Biniowsky, abogado y consultor canadiense que vive en Cuba desde hace tres décadas. «Podría ser un antes y un después», afirmó.

Las expectativas de diferentes grupos, desde funcionarios de gobierno hasta cubanos que creen en el sistema socialista pero están a favor de nuevas medidas para mejorar la economía, es que el cambio de liderazgo generacional pueda fortalecer al país y reducir el riesgo de colapso.

Pero según Biniowsky, la frustración también existe, y está ahora en el nivel más alto que jamás haya visto, especialmente entre las generaciones más jóvenes que solo han conocido la vida en Cuba después de la Unión Soviética. Un grupo que representa a más de la mitad de la población de la isla, de aproximadamente 11 millones.

El Partido Comunista de Cuba, fundado en el 1965, es el único partido autorizado en la isla y, en un intento por mantenerse relevante, ha estado tratando de diversificar sus filas, incorporando a gente más joven, más mujeres y minorías. Según los medios estatales, la edad media del personal profesional de la organización es ahora de 42,5 años y más de la mitad de los cargos del partido son mujeres. Pero los dos primeros puestos, primer y segundo secretario, los ocupan Raúl Castro, de 89 años, y José Ramón Machado Ventura, de 90.

«Este será el Congreso de Continuidad», anunciaba la convocatoria oficial del evento, «expresado en la transición paulatina y ordenada de las principales responsabilidades del país hacia las nuevas generaciones». Pero muchos cubanos no son optimistas de que un líder más joven como el actual presidente, Miguel Díaz-Canel, quien se espera que se convierta en el nuevo jefe del partido, traiga muchos cambios.

Eloy Calunga, un joven de 30 años de Santiago de Cuba, la segunda ciudad más grande de la isla, explica que el congreso no está al tanto de cómo se siente la mayoría en el país. Y acusó a los líderes cubanos de darle la espalda al pueblo y trabajar solo para crear riqueza para ellos mismos. «No hay medicinas, no hay comida. Hay abuso diario por parte de la policía en todas partes», aseguró.

«Desperdician papel en planes surrealistas e inalcanzables»

 

 

Muchos estarán atentos para ver si Díaz-Canel, el presidente civil de 60 años que Castro eligió hace tres años como su sucesor, comienza a trazar su propio camino como jefe del partido. Un tecnócrata leal, Díaz-Canel se ha mantenido cerca de los principios socialistas centrales de la revolución.

Para Alejandro Gómez, un diseñador gráfico de La Habana, el legado de Castro seguirá teniendo una fuerte influencia en el gobierno, incluso con ambos hermanos fuera. «Hay un mecanismo bien estructurado que permite a la familia Castro seguir gobernando el país», señaló. Para él, el congreso es un «espectáculo en el que la clase dominante se junta y desperdicia toneladas de papel en planes surrealistas y pautas inalcanzables».

Incluso si Castro abandona la vida pública, es probable que continúe desempeñando un papel importante en el liderazgo del partido y apoyando a Díaz-Canel en lo que se espera sea un momento doloroso de reformas necesarias, explican los expertos.

Para el economista Omar Everleny Pérez, el congreso debería anunciar «acciones audaces», priorizando proyectos que puedan ser aprobados de manera realista, como ampliar el acceso a Internet, utilizar nuevos instrumentos financieros para refinar la política monetaria e invertir en más energía renovable.

Son muchos en la isla los que esperan una acción más decisiva y en los últimos meses las protestas contra el régimen han aumentado, impulsadas por el creciente acceso a las redes sociales. El movimiento San Isidro, un grupo de artistas e intelectuales que reclaman mayor libertad de expresión, y el reciente vídeo musical Patria y Vida, que se viralizó por proponer una antítesis del mantra de Fidel Castro Patria o Muerte, se suma a la presión sobre Castro y Diáz-Canel para mejorar la protección de los derechos humanos y apresurarse a realizar reformas que puedan ayudar a poner comida sobre la mesa de los cubanos.

Aunque por ahora EE.UU. se mantiene firme en sus políticas hacia Cuba, la Administración Biden podría comenzar a hacer algunos movimientos humanitarios si el congreso del partido se compromete con los esfuerzos para mejorar la vida de sus ciudadanos.

© 2021 Miami Herald. Distribuido por Tribune Content. Traducido por Lorena Maya.

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