El culebrón de Downing Street

La reforma del piso del primer ministro hace tambalear su popularidad

De izquierda a derecha, Boris Johnson, Carrie Symonds y Dominic Cummings en imágenes de archivo.
De izquierda a derecha, Boris Johnson, Carrie Symonds y Dominic Cummings en imágenes de archivo.

londres / e. la voz

Boris Johnson atrae los problemas como la miel a las moscas. En cuestión de días se ha visto en medio de una tormenta política de grandes proporciones, debido a su decisión de remodelar las dependencias donde vive en Downing Street y las acusaciones de amiguismo y de preferir ver «los cuerpos apilarse por miles» antes que imponer nuevos confinamientos. Esta secuencia de escándalos hace que no pocos crean que la política británica se ha convertido en un culebrón latinoamericano, por los giros inesperados de la trama y por lo variopinto de sus protagonistas.

Boris Johnson

El rey del escándalo. El primer ministro ordenó las obras, pero no declaró cómo las pagó. La prensa ha revelado que el mandatario buscó que donantes del Partido Conservador las costearan. Estas informaciones han hecho que la Comisión Electoral abra una investigación y además lo han forzado abrir otra a él mismo. Sin embargo, Johnson ha insiste en que él pago las 58.000 libras (66.000 euros) que habría costado la reforma, pero no ha mostrado pruebas. Asimismo se le acusa de favorecer a un empresario en plena pandemia.

Carrie Symonds

La novia caprichosa. La actual pareja del premier y madre de su último hijo habría impulsado las cuestionadas reformas en Downing Street. La prensa asegura que Symonds deseaba deshacerse «de la pesadilla» de mobiliario heredado de Theresa May. Symonds, que fue responsable de comunicaciones del Partido Conservador, también es una de las confidentes más cercanas del premier y tuvo serias diferencias con el otro gran asesor, Dominic Cummings.

Dominc Cummings

El Rasputín británico. El controvertido exasesor de Johnson ha pasado de ser su fiel escudero a su azote. Cummings disparó las dudas sobre la legalidad de las obras, cuando la semana pasada denunció que el premier le pidió a donantes del partido que pagaran «en secreto» las facturas. Asimismo acusó a su otrora jefe de negarse a imponer un nuevo confinamiento, pese al avance del coronavirus; y se sospecha que filtró los mensajes de texto donde el premier promete a un empresario favores fiscales a cambio de sus respiradores artificiales.

David Brownlow

El donante generoso. Un expolicía, devenido en asesor, que ha logrado amasar una fortuna de casi 300 millones de euros, según la prensa británica. Es considerado como uno de los principales donantes del Partido Conservador, gracias a lo cual fue nombrado miembro de la Cámara de los Lores en mayo del 2019. Esta semana el diario Daily Mail publicó unos correos electrónicos que Brownlow le envió a altos cargos tories en octubre del 2020 y en los cuales les informa que él donó 58.000 libras para las  remodelaciones en Downing Street. Entre los que recibieron los correos estarían Ben Elliot, vicepresidente del partido y sobrino de Camila Parker, esposa del príncipe Carlos.

Christopher Geidt

El investigador maniatado. El militar retirado, que fue secretario privado de Isabel II entre 2007 y 2019, es el nuevo asesor independiente en materia de ética del Gobierno. Es el encargado de indagar si las remodelaciones ordenadas por Johnson fueron legales o no. Sin embargo, para evitar sorpresas el «premier» ha modificado las normas y se reservó la potestad de eximirse a él y a sus miembros de cualquier falta que no constituya delito.

Simon Case

El que no sabe. El secretario del Gabinete es uno de los funcionarios con más acceso a Downing Street. Sin embargo, el exsecretario del príncipe Guillermo fue incapaz de aclararle al Parlamento quién pagó las obras en la sede gubernamental y se limitó a decir que Johnson le pidió revisarlas.

James Dyson

El que nunca pierde. El empresario, que se hizo rico vendiendo aspiradores en medio mundo, le ofreció a Johnson dotar a la sanidad pública de los respiradores artificiales que necesitaba con urgencia al inicio de la pandemia, pero a cambio de mantener sus beneficios fiscales. El primer ministro le prometió que le «resolvería» la petición, según unos mensajes que ambos intercambiaron y que, posteriormente, fueron filtrados a la prensa.

Alistair Darling

La coartada frustrada. En un intento por darle un carácter institucional a los trabajos, el Gobierno creó una fundación para recaudar fondos para mantener Downing Street y para integrarla buscó al exministro de Economía de Gordon Brown. Sin embargo, este rechazó la oferta.

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