Golpe a la obsolescencia programada

El Gobierno aprueba una norma que amplía los plazos de las garantías legales de los productos hasta los tres años. Los fabricantes tendrán que disponer de piezas de repuesto durante una década


Comprar. Usar. Tirar. Y vuelta a empezar. Esa es una de las máximas que ha regido la economía de consumismo extremo en la que vive inmersa la sociedad desde hace unos años. Y al abrigo de este apetito derrochador nacieron términos y filosofías como la de la obsolescencia programada. Es decir, producir objetos con una vida útil limitada y controlada -o lo que es lo mismo, una fecha de caducidad- para que los consumidores tengan que volver a la tienda a por un cacharro de recambio antes de lo previsto. Esa filosofía parece empezar a tener los días contados. Con un medio ambiente agonizante y una sociedad cada vez más concienciada, la economía circular empieza a ganarle terreno al consumismo más exacerbado.

El Gobierno español también ha querido asumir su parte de responsabilidad en la tarea. Esta semana, el Ejecutivo de Sánchez aprobaba una modificación de la ley de consumidores para ampliar los plazos de garantía fijados en nuestro país. Hasta ahora, todos los aparatos comprados en territorio patrio tienen una garantía mínima de dos años y los fabricantes están obligados a tener piezas para repararlos durante otros cinco. Pero estos plazos se alargarán a partir del próximo 1 de enero del 2022. Así, la garantía pasará a ser de tres años y las piezas deberán estar disponibles durante una década desde que el producto deja de fabricarse.

Habrá quien piense que se trata de un cambio insustancial. A penas notable. Pero desde asociaciones como Facua celebran la medida: «Es una buena noticia para los consumidores, que se van a ver protegidos a la hora de comprar bienes y servicios. Contarán con más certeza de que los productos que están adquiriendo están bien y que, en caso de que tengan algún defecto de fábrica, no se van a ver impedidos a la hora de reclamar al vendedor aunque haya pasado el plazo de 2 años», explica Alejandro García, miembro del equipo jurídico de la asociación.

También defienden a capa y espada su decisión desde el Ministerio de Consumo. Aseguran que la normativa supone «un paso más en la estrategia de economía circular». La medida, aprobada a través de un Real Decreto ley ómnibus, traslada a la normativa de nuestro país varias directivas europeas. El objetivo es sencillo: «Lograr patrones de consumo más sostenibles». Y, como consecuencia, conseguir una mayor durabilidad de los bienes.

A partir de ahora, la durabilidad de un producto será considerado un criterio objetivo para que el consumidor evalúe si se encuentra conforme con la compra realizada. ¿Qué supone esto? Pues, traducido, que cuando un cacharro se rompa mientras esté en el período de garantía (tres años para cualquier tipo de artículo y dos para el caso de los contenidos o servicios digitales) el cliente será quien pueda decidir si quiere repararlo o si prefiere directamente sustituirlo. Y esto es importante, puesto que hasta ahora, era la empresa la que decidía entre las dos opciones.

Y la reparación cobra una nueva importancia. Porque si antes los fabricantes estaban obligados a tener piezas de recambio durante cinco años, ahora se duplica aumentando hasta los diez años. Consumo quiere así «incrementar la durabilidad de los bienes en la lucha contra la obsolescencia y reducir el impacto en el medio ambiente».

No es la única medida que tomará en este sentido el departamento que dirige Alberto Garzón. El Ministerio lleva inmerso en un interesante proyecto al que ha bautizado con el nombre de Índice de Reparabilidad. Esta herramienta permitirá clasificar los electrodomésticos y los aparatos electrónicos que pueblan las estanterías de las tiendas teniendo en cuenta diferentes factores que mejoren o empeoren su durabilidad. Eso es: la disponibilidad de piezas de reemplazo, la facilidad en el desmontaje o la relación entre el precio de los recambios y del producto original. Con todos estos mimbres, Consumo otorgará a cada cacharro una nota del 0 al 10 que permitirá a los clientes «tomar una decisión más acertada». «Incentivaremos tanto en consumidores como en fabricantes, la reparabilidad frente a la obsolescencia, como forma de reducir la huella ecológica», anunció Alberto Garzón hace unos días.

El más beneficiado será el entorno y el medio ambiente. Pero no será el único. Porque el bolsillo de los consumidores también promete salir favorecido. Tal y como explicaba Benito Muros, presidente de la fundación Feniss, durante una reciente conferencia organizada con motivo del Día Mundial de los Derechos del Consumidor, los españoles gastan entre 50.000 y 60.000 euros en productos tecnológicos a lo largo de la vida: «Comprar un producto caro, que se rompa y que sea imposible de reparar es una frustración», añadió Garzón.

Contenidos digitales

Los cambios referentes a la reparación no son las únicas actualizaciones que ha sufrido la norma. Muestra del lavado de cara que se ha aplicado es la inclusión de los servicios digitales. El auge experimentado por los servicios en línea y el comercio online han sido el empuje definitivo para la puesta en marcha de nuevos derechos y garantías de los consumidores en esta materia. Una de las cuestiones que más llaman la atención es que Consumo incluye por primera vez en la legislación la contratación de contenidos y servicios digitales que no cuestan dinero, que se obtienen a cambio de datos personales del consumidor.

La aplicación de mensajería segura que le está ganando la batalla a WhatsApp

S. C.

El reinado -casi sin fisuras- de WhatsApp parece tener los días contados. Su rival a batir se llama Signal y está empezando a comerle la merienda de manera preocupante. No es nueva, pero el tiempo le ha sentado realmente bien a esta aplicación que promete ofrecer importantes ventajas frente a las competidoras. La primera, y más importante, la privacidad. Porque Signal cuenta con uno de los sistemas de cifrado más potentes del momento. Eso significa un añadido de seguridad que a muchos ha convencido para dar el salto del tradicional WhatsApp a este nuevo sistema. Entre ellos, destacan personalidades como Elon Musk o Edward Snowden, que la han recomendado más de una vez.

Si nos quedamos solo en la superficie, Signal funciona de forma muy parecida al resto de aplicaciones de mensajería. Pero si se atiende al trazo más fino, aparecen detalles que llaman (y mucho la atención). Esta herramienta permite activar la desaparición de mensajes en un tiempo determinado. Y lo que es más interesante, tal y como aseguran los creadores, el sistema no recopila ningún tipo de información de sus usuarios.

Los que la utilizan prometen que Signal es la app de mensajería más segura que hay en el mercado.

Conoce nuestra newsletter

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Comentarios

Golpe a la obsolescencia programada