Las tensiones entre la UE y China crecen y ponen en peligro los lazos comerciales

Bloomberg News

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María Pedreda

Pekín es el mayor cliente de Europa, pero Occidente le exige cambios internos

23 may 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

El importante acuerdo de inversión alcanzado en diciembre entre la UE y China, después de siete años de dolorosas negociaciones, puede terminar siendo el punto más alto de unos lazos que, una vez más, se están deteriorando rápidamente. Desde entonces, tanto la Comisión Europea como Alemania han formulado normativas que dificultarán que las entidades chinas puedan invertir, mientras que se han unido a Estados Unidos para intercambiar sanciones ojo por ojo con Pekín. El Gobierno italiano ha pasado de ser un partidario entusiasta de la iniciativa Belt and Road (la nueva Ruta de la Seda) de Xi Jinping a bloquear las adquisiciones planificadas por empresas chinas. Y en Francia, el embajador chino ni siquiera se presentó cuando fue convocado en marzo, alegando «razones de agenda».

Estos movimientos señalan un endurecimiento de la postura europea respecto a Pekín. Puede que el mayor cambio esté aún por llegar, con las encuestas en Alemania pronosticando que el partido Los Verdes está en camino de desempeñar un papel significativo en el Gobierno.

La semana pasada, Ángela Merkel y el primer ministro chino, Li Keqiang, prometieron una cooperación más estrecha sobre las vacunas contra el covid-19 y la lucha contra el cambio climático. Sin embargo, en Berlín se rumorea que el optimismo en torno a la relación con China ha desaparecido, y un funcionario chino aseguró que los lazos con Europa están cayendo. Las relaciones entre la UE y China se encuentran en una coyuntura crítica, afirmó el funcionario, que pidió no ser identificado al hablar sobre asuntos estratégicos.

Los signos de tensión sugieren que los actores de Europa se están acercando a las opiniones de Biden en su enfrentamiento con China. Mientras el secretario de Estado Antony Blinken mantiene conversaciones en Londres con sus homólogos del G7, una Europa más alineada con Washington indicaría la existencia de alguna reparación al daño causado a los lazos trasatlánticos por la Administración Trump, con implicaciones para el comercio, los aranceles y el acceso a tecnología.

«Ha habido un cambio de humor», afirmó Joerg Wuttke, presidente de la Cámara de Comercio Europea en China y miembro de la junta del Instituto Mercator de Estudios de China en Berlín, una de las entidades sancionadas por China en marzo.

Wuttke citó la «tormenta perfecta» de la asertividad de China hacia Taiwán, su control político sobre Hong Kong y las sanciones internacionales por presuntos abusos de los derechos humanos en Xinjiang, además de que China no ha cumplido con su promesa de apertura económica.

Sin duda, Europa no tiene una perspectiva uniforme, con países como Hungría todavía ansiosos por llegar a acuerdos con China. Y mientras que Biden ha asegurado que Pekín puede esperar una «competencia extrema» de Estados Unidos a la vez que también busca trabajar con el país gobernado por Xi Jinping en temas globales como el cambio climático, Europa se enfrenta a un dilema mayor. Los lazos económicos con China siguen siendo primordiales, ya que es el mayor socio comercial de la UE, con un volumen total de unos 686.000 millones de dólares en el 2020; una cifra que supera el comercio entre EE. UU. y China, de 572.000 millones. Sin embargo, ahora, incluso los Países Bajos, que están entre los diez principales socios comerciales de China, son más cautelosos, protegiendo a sus empresas de alta tecnología de posibles compras. Esto se debe, según un funcionario chino, a que EE. UU. ha obligado a la UE a tomar partido.

Hace cuatro meses, cuando Merkel ayudó a sellar el Acuerdo Integral de Inversión UE-China, el sentimiento era diferente y la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, señaló que el acuerdo era «un hito importante en nuestra relación con China». Aún sujeto a la ratificación por parte del Parlamento Europeo, el tratado proporcionaría un mejor acceso al mercado chino para inversores europeos y comprometería a China con «principios ambiciosos», como el trabajo forzoso.