Tomás Antonio Gimeno, un padre con dos caras que se movió por la venganza

Alternaba un carácter violento y calculador con la ternura y el cariño con el que decían que cuidaba a Anna y Olivia

Tomás Gimeno y sus hijas Anna y Olivia, de 1 y 6 años
Tomás Gimeno y sus hijas Anna y Olivia, de 1 y 6 años

Redacción / La Voz

Tomás Antonio Gimeno, el padre de Anna y Olivia es un hombre de dos caras. Una de sus imágenes es la de una persona violenta, celosa y calculadora. La otra, la de un hombre tierno incluso «un padrazo», como la habían definido algunos de sus amigos. A esta parte de su carácter se aferraba Beatriz, la madre de las dos niñas para mantener viva la pequeña llama de la esperanza después de que el pasado 27 de abril, Tomás, en una de las conversaciones que mantuvo con ella la noche en que todo empezó, pronunciase una frase que ha sido premonitoria. «No las vas a volver a ver».

Gimeno nació en Tenerife hace 37 años. Muy aficionado a los deportes y a la diversión nocturna procede de una acomodada familia de la isla. Pero era un hombre problemático que había tenido problemas con las drogas y denunciado en varias ocasiones por robos y peleas, algunas protagonizadas en bares de la isla. Numerosas multas de tráfico, e intentos de estafa a seguros de barcos y vehículos están en su historial. A pesar de ello, no tenía, aparentemente ningún problema económico. Antes de que desapareciese figuraba como administrador único de varias empresas del sector de las flores y las plantas.

Tomás y Beatriz Zimmerman pasaron por un proceso de separación complicado y con enfrentamientos, con amenazas por parte del marido que la mujer nunca llegó a denunciar. En julio del 2020, Gimeno contrató una agencia de detectives para espiar a la que esa época era todavía su mujer. Su exesposa mantenía una relación con un empresario de mayor edad al que incluso llegó a amenazar. Tampoco se llevaba bien su familia política. Tomás nunca aceptó la separación.

La relación con las niñas era diferente. Sus amigos lo califican como una persona siempre pendiente de ellas. Las cuidaba y las mimaba. Su exmujer siempre estuvo convencida de que era imposible de que les hiciese daño, pero la realidad ha demostrado que la peor cara de Gimeno es la que se ha impuesto.

La venganza se consolida como el móvil de su crimen. Una venganza estudiada y premeditada, de pasos medidos. Tomás, el mismo día de su desaparición con Anna y Olivia, fue a visitar a su padre. Le dio un abrazo algo poco habitual en él. Sonó a despedida. Ya tenía un plan muy definido, concienzudo y mortal. Sabía que no iba a volver, y también que su progenitor no vería ya nunca a sus nietas.

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