El Partido Comunista chino celebra su centenario sin amenazas a su supervivencia
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La formación, considerada «la sociedad secreta más grande del mundo», festeja los cien años desde la primera reunión celebrada en la entonces concesión francesa de Shanghái
01 jul 2021 . Actualizado a las 05:00 h.Sin el Partido Comunista, no hay una nueva China», la frase se repite en las pancartas que adornan las calles de Pekín desde las rondas de circunvalación a los edificios públicos o las grandes pantallas de los centros comerciales. No es el único lema que decora las calles, pero es uno de los que expresa con mayor claridad la función que tiene el partido. La China actual, la del desarrollo económico, la innovación tecnológica, la que ha conseguido erradicar la pobreza extrema y mantener bajo control la epidemia del covid-19 no sería posible sin la dirección del Partido Comunista chino (PCCh), que celebra su primer siglo de historia sin enemigos a la vista.
Otro de los eslóganes, «Escucha al partido, aprecia al partido, sigue al partido», suena más a advertencia. Pero, al menos de momento, el futuro del PCCh parece asegurado y la mayoría de la población no lo cuestiona.
La celebración del centenario llega en un buen momento. Las etapas de purgas y el subdesarrollo han quedado muy atrás y se puede presumir sin complejos de los logros conseguidos. El saludo desde la nave espacial de los tres astronautas chinos durante la gala de conmemoración fue todo un guiño a lo mucho que ha avanzado el país y al futuro que le espera.
Difuminar errores
El aparato de propaganda desplegada para la conmemoración no ha dudado en maquillar la historia y difuminar los errores. La hambruna provocada por el «Gran Salto Adelante» se achaca a problemas climáticos. La Revolución Cultural ha hecho más fuerte al partido y Tiananmen ni siquiera ha existido.
Hace cien años, se celebraba en una casa de la concesión francesa de Shanghái la primera reunión del partido. A día de hoy, el santuario revolucionario se ha transformado en un barrio chic lleno de restaurantes y donde pasear para mirar los escaparates de Armani, Bottega Veneta o Prada.
No es una realidad extrapolable a toda China, que vive a distintas velocidades de desarrollo, pero constata la gran transformación del país. China se ha convertido en la segunda economía mundial y su tecnología puntera compite con la de Occidente. El presupuesto de su Ejército es el más alto del mundo, después del de Estados Unidos. Incluso el partido ha salido reforzado de su gestión de la pandemia, ya que es imposible defender que en el extranjero las cosas se han hecho mejor.
La Nueva Ruta de la Seda
El Gobierno de Xi Jinping no duda en enfrentarse al G-7 o plantar cara a la OTAN. La iniciativa de la Nueva Ruta de la Seda le ha permitido crear una red de países aliados a los que seduce con sus inversiones en infraestructuras. Incluso ha estrenado la diplomacia del «guerrero lobo» que, aunque no le ayuda a ganar amigos, su agresividad deja constancia del nuevo papel que quiere jugar el gigante asiático.
El futuro se ve con optimismo, pero el PCCh tendrá que hacer frente a problemas como el envejecimiento de la población, que puede afectar al crecimiento económico, y corregir las grandes desigualdades de renta para que no generen descontento social. La represión en Hong Kong, Xinjiang o el Tíbet seguirá deteriorando su imagen internacional.
A largo plazo, el principal reto será la sucesión de Xi Jinping. El presidente chino, casi con toda seguridad, seguirá en el poder cuando en el 2022 finalice su segundo mandato. En el 2018, se reformó la constitución para eliminar los límites de mandatos. Desde Mao es el líder que más poder ha acumulado en sus manos. Hasta la llegada de Xi las sucesiones habían sido muy ordenadas, pero ahora no hay a la vista un posible sucesor y cuando llegue el momento de la retirada se puede desestabilizar el partido.
Las claves de un partido centenario
Muchos analistas, chinos y occidentales, coinciden en que el secreto de la longevidad del PCCh no se debe únicamente a que dirige el país con mano de hierro, sino a que se ha sabido adaptar y enraizarse en la sociedad china. Lleva 72 años al frente del Gobierno. Tiene cerca de 92 millones de afiliados. Controla todos los estamentos de la sociedad, desde la escuela al Ejército, pasando por el mundo empresarial. Sus más de cinco millones de células se expanden desde las ciudades a las más recónditas áreas rurales. Se sigue definiendo como partido marxista-leninista, pero en los años ochenta no tuvo ningún problema en abrir sus puertas a los empresarios capitalistas.
Al igual que la sociedad china, el partido envejece y el 36,57 % de sus miembros superan los 61 años. Las mujeres están infrarrepresentadas, herencia de una sociedad patriarcal, y solo suman el 27,9 % de los militantes. Solo hay una mujer, Sun Chunlan, entre los 25 miembros del politburó y ninguna entre los siete que lideran el Gobierno.
Y como reflejo del país, donde más del 91 % de la población es de etnia han, en el partido también son mayoría, los militantes de etnias minoritarias no llegan al 7,4 %.
En los años ochenta, el partido apostó por captar profesionales y jóvenes preparados. Los colegios y universidades son el lugar donde se inician los contactos. Los adolescentes con mejores currículos son invitados a formar parte de la Liga de las Juventudes Comunistas, para luego dar el salto al partido. Para la mayoría es una decisión pragmática, ya que la militancia abre las puertas a mejores trabajos e impulsa el ascensor social.
Es un club selectivo, no todos son admitidos, y opaco. Apenas dan información sobre sus militantes, cuotas, organización o reuniones. En el 2018, se informó que Jack Ma, el fundador de Alibaba y hombre más rico de China, era miembro del PCCh, pero no hubo forma de confirmar en qué año había ingresado. El sinólogo Jean Pierre Cabestan ha definido el Partido Comunista chino como «la sociedad secreta más grande del mundo».