Javier Valero, cirujano plástico: «Si hubiera una pastillita que me pusiera guapo, me la tomaría»

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Javier Valero
Javier Valero MARCOS MÍGUEZ

Jefe del servicio de cirugía plástica del Chuac y propietario de la clínica Valero, estima que los gallegos son prudentes a la hora de requerir retoques

13 jul 2021 . Actualizado a las 09:19 h.

Javier Valero (A Coruña, 1959), es cirujano plástico desde que acabó la mili. Nació en plena Ciudad Vieja -«en una casa, no en un hospital»-, y recuerda con gracia su etapa en el paseo del Matadero. «En mi tarjeta ponía: Cirujano, calle Matadero. Como para hacerte famoso...». Si hay algo que le sobra es sentido del humor. Quizás por eso va por la calle operando a otros con los ojos, pero su imagen no le preocupa en absoluto: «Debe ser que estoy acostumbrado a no ser guapo», bromea.

-¿Siempre hizo cirugía plástica?

-Siempre. Acabé el servicio militar en el año 85, empecé la residencia de plástica, la acabé en el 90 y desde entonces soy adjunto de cirugía plástica. Y los últimos diez años, jefe de servicio.

-Habrá visto de todo. Debe dar respeto intervenir un complejo.

-Mucho. A lo mejor soy yo, que soy un poco neurótico, pero me despierto muy tempranito para revisar las cirugías. Y son cirugías que hago habitualmente, pero las reviso. Me da tranquilidad, no sé si es ya como un rito casi. Una vez que estoy metido en el campo quirúrgico y empiezo a operar, todo desaparece. Pero esa sensación de temor a cometer errores siempre la tienes, por muchas que hayas hecho. Y en lo nuestro, los errores se pagan muy caros.

-¿Tuvo que decir no muchas veces?

-Por fortuna, no he tenido peticiones muy extrañas. Solo algunas cosas que no tienen mucho sentido, como cuando quieren parecerse a la imagen de un selfi, que lleva un filtro y está tomada desde arriba. Es imposible. Alguna vez también me han pedido una lengua partida, que estuvo de moda, pero ahí no estoy a favor. Me parece un juego peligroso. Suelen pedirme cosas razonables, igual se equivocan en el tamaño, o me enseñan una nariz que en su cara no encaja. Pero los gallegos deben de ser en general bastante prudentes.

-¿Le solicitan muchos retoques tras la relajación en el uso de la mascarilla en exteriores?

-Ahora mismo, desde que dijeron que iban a retirarla en exteriores, tuvimos un montón de llamadas para aumento de labios y blanqueamiento dental. Y algo que no me di cuenta de que podía pasar, y para lo que nos están pidiendo un montón de citas, es para las arrugas periorales. Son las líneas marioneta, ese triángulo que va hacia las comisuras.

Pilar Canicoba

-¿Y usted, qué se operaría?

-Los párpados, tengo unas bolsas terribles. Igual no lo son tanto, pero mi padre se murió con unas bolsas que parecían dos pelotas de pimpón, y me operaría de cabeza. Es más, estoy seguro de que lo haré. Y, si puedo, este año.

-¿Sería su primer retoque?

-Sí, mi primera y única operación de este tipo. No tengo ningún complejo de nada en la vida, pero es cierto que lo que me molesta es eso. Hombre, si hubiera una pastillita que me pusiera guapo y no me hiciera estar de baja, me la tomaría [ríe]. Pero debe de ser que estoy acostumbrado a no serlo.

-Mejor que obsesionarse, ¿no?

-Sí, en la vida es muy difícil perder. Muchos de nuestros pacientes son mujeres bellísimas. Con los años pierden cierto grado de belleza, y están acostumbradas a ser tan bellas que les cuesta mucho. Ir de la fealdad a la belleza es muy fácil, pero al revés es muy duro.

-En casa del herrero...

-No, porque en casa del herrero hay personas más proclives a la cirugía. Yo no tanto, soy muy despreocupado conmigo mismo.

-O sea, que tiene pacientes incluso en su propia casa.

-Sí, claro que sí. Y eso es un compromiso de la vida, eh.

-¿Qué ve en la gente por la calle?

-Voy mirando y voy operando, no puedo evitarlo. Muchas veces lo pienso: qué pena este chico, que podría mejorar tantísimo con este pequeño retoque... Es una depravación profesional que me hace ir trabajando por la calle.

-¿Cuál es la banda sonora de su vida?

-A mí me gusta mucho la nueva trova cubana, como Silvio Rodríguez con la Canción del elegido. No soy ideológicamente afín, en absoluto, pero me gustaba mucho. También me gusta la ópera, pero creo que soy bastante superficial en el género y no tengo un oído bien educado. Me gustan óperas simples, como Puccini.

-¿Opera con música?

-No me molesta que la pongan si está bajita, pero yo no soy de poner música. Cuantos más años voy cumpliendo, más me gusta el silencio.

-¿Qué lee?

-No hay nada que me guste más que la historia de Roma, me encanta, especialmente la época de Cayo Mario, de Sila... El día que me jubile, tengo claro lo que quiero ser: estudiante de latín.

-Y qué importante era también para los romanos la belleza...

-Estaban absolutamente orientados a la belleza, y proporcionalmente se cuidaban muchísimo más que nosotros. Los baños, las termas, el ejercicio, la depilación completa que se dice que hacía Julio César...

-¿Qué es lo que más valora en la vida? La belleza ya la descartó.

-Pues aunque no esté bien visto hoy en día, el amor y la familia. El amor es lo más grande que existe. Una de las cosas que me hizo creer que las mujeres sois mucho mejores que nosotros, fue ver a mi mujer dar a luz a mi primer hijo. Me emociona cuando lo pienso.