El caso Déborah se la juega a todo o nada al extraer ADN del pelo hallado en la uña

e. v. pita VIGO / LA VOZ

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M.MORALEJO

El laboratorio policial ha agotado su único intento antes de destruirse la muestra

15 jul 2021 . Actualizado a las 20:10 h.

La suerte está echada. El laboratorio policial de Madrid ha decidido jugársela a todo o nada y ha analizado la muestra de ADN del único fragmento de pelo hallado en una uña de Déborah Fernández-Cervera para identificar a la persona que la acompañó antes de morir. Los resultados del único análisis posible del perfil genético llegarán en breve a la jueza. Si el intento sale mal, no habrá más oportunidades, porque el ADN quedó destruido al hacer el test.

La viguesa de 22 años desapareció cuando salió a correr entre Samil y Bouzas a finales de abril del 2002 y, diez días después, su cadáver fue hallado a 40 kilómetros de Vigo. Se barajaron dos posibilidades: que la joven falleciese en una muerte dulce por causas naturales o una indisposición, o por una asfixia. Luego, alguien lavó el cuerpo y lo depositó en una cuneta.

Solo faltan ocho meses y medio para que prescriba el caso y se cierre definitivamente por falta de sospechosos o investigados. Todo pende de dos pruebas: el análisis de ADN del pelo y de unas fibras halladas en las uñas y la recuperación de los correos electrónicos borrados en el disco duro del pecé de la joven.

La reciente exhumación del cadáver de Déborah permitió descubrir en una uña un minúsculo pelo, del tamaño de una micra, y los policías científicos han agotado ya la única oportunidad para analizar ese ADN, porque el hecho de hacer la prueba destruyó la doble hélice del fragmento. Desde el punto de vista policial, es una proeza biotecnológica porque, hace 20 años, esos tamaños microscópicos de ADN serían desechados por la imposibilidad de reconstruir la estructura genética. Será a todo o nada.

El resultado de este único intento para extraer el perfil genético del dueño e identificarlo, en caso de que tenga éxito, será enviado en breve al Juzgado de Instrucción número 2 de Tui. Podría resultar que el genoma extraído pertenezca a la propia fallecida como ya ocurrió con otros dos pelos sueltos hallados en una mano y un pie. El caso daría un giro si salta un perfil genético ajeno y se coteja con el banco de datos de delincuentes fichados o coincide con una muestra tomada en su círculo social o con el ADN hallado en un arcón congelador donde se sospecha que el cuerpo pudo estar refrigerado 10 días.

Aunque se identifique a una persona, la policía tendría que situarla en la escena. Algunas fuentes sugieren que un pelo ajeno en las uñas es incriminatorio porque descartará la muerte dulce y probará que la joven peleó para salvar su vida y arrancó un pelo a su oponente. Aunque el cadáver fue lavado para borrar huellas, dejó esa pista capilar. Otra posibilidad es que la joven meciese su propio cabello. Y las fibras podrían delatar el tipo de ropa.

La otra pieza del puzle es el volcado de los datos del disco duro de Déborah, la cual pertenecía a la saga naval de los Barreras. Terminado su trabajo, la compañía de ciberseguridad Lazarus Technologic va a devolver a la familia de la joven la grabadora digital y entregará su informe pericial a la jueza. Estos forenses informáticos, que rescataron los datos del móvil de Diana Quer, intentaron recuperar archivos borrados en la papelera del disco duro del ordenador de Déborah, correos electrónicos y chats de Messenger. En el 2002 no existían Facebook ni WhatsApp y los jóvenes se comunicaban por email, por SMS o en foros de Internet.

En breve, la jueza de Tui tendrá las nuevas pruebas sobre su mesa y podrá completar el puzle. 

La familia aguarda a los resultados para pedir nuevas pesquisas

El plazo se agota y la familia, tras 19 años de lucha, espera con impaciencia a conocer los informes para, en función de los resultados, pedir más pruebas a la jueza. Una de las peticiones podría ser que la magistrada cite a declarar como testigo o investigado a uno de los principales sospechosos, el cual todavía no ha sido interrogado en sede judicial por razones de estrategia procesal.