El investigador gallego César de la Fuente desarrolla en Estados Unidos un nuevo método de detección basado en grafito y tecnología electroquímica
17 jul 2021 . Actualizado a las 12:50 h.Año y medio de pandemia después, confirmar (o descartar) si uno está contagiado de coronavirus sigue suponiendo un trámite engorroso y nada ágil. Los métodos diagnósticos más fiables -las pruebas PCR- son lentos, costosos y poco accesibles: requieren prescripción médica (complicada de conseguir sin síntomas) o un desembolso económico de unos cien euros vía laboratorio privado. Las pruebas de antígenos, aunque pronto se podrán adquirir en cualquier farmacia sin receta, de momento exigen pasar por el médico de cabecera y solo funcionan bien en caso de que haya síntomas y durante los cinco primeros días, cuando la carga viral es alta. La tercera opción, los test de anticuerpos, realmente solo sirven para comprobar si el virus ha pasado por el organismo generando inmunidad. Si esto es así en España, ¿cómo será en otros países menos desarrollados en los que resulta urgente dar con procedimientos que localicen el virus de forma rápida, eficaz y sobre todo barata?
Con este escenario en mente, el investigador gallego César de la Fuente, doctor en Microbiología por la Universidad British Columbia, lleva meses rompiéndose la cabeza con su equipo de la Universidad de Pensilvania (EE.UU.) para idear métodos simples, accesibles y, al mismo tiempo, tremendamente eficaces. Primero concibieron un test basado en microsensores que por su pequeño tamaño pueden colocarse en superficies de uso común, como mascarillas o aparatos de fácil manejo, y que detectan al agente infeccioso a través de una tecnología que amplifica el ARN, muy rápida y barata: cuatro minutos y menos de cinco euros por prueba.
Ahora, con los ensayos clínicos de este procedimiento ya finiquitados y a la espera de una respuesta del regulador estadounidense, que deberá validarlo para su comercialización, el coruñés y los suyos trabajan en un nuevo diagnóstico electroquímico de bajo coste que para dar con el SARS-CoV-2 utiliza nada más y nada menos que minas de lápices. La prueba -todavía un prototipo- detectaría el virus en solo seis minutos por el módico precio de algo más de un euro, aproximadamente.
«Se nos ocurrió el grafito porque es un material que está en todos lados, que todo el mundo usa -explica De la Fuente al otro lado del teléfono-. Estábamos intentando pensar en materiales que fueran altamente accesibles y baratos, así que probamos con este, funcionó bien desde el principio y decidimos seguir adelante con él». La idea es que en el futuro cualquiera pueda construir este test y, con pocos medios, saber de forma rápida y fiable si está infectado, subraya el investigador, premio Fundación Princesa de Girona en Investigación Científica 2021.
Alta fiabilidad
¿Cómo funciona exactamente? La tecnología del grupo de Pensilvania, recogida en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), la publicación oficial de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos. identifica la unión entre el virus y el receptor ACE2, principal vía de acceso del coronavirus al interior de las células que infecta. Esta proteína se «funcionaliza» en el grafito, junto a una nanopartícula, y si al exponerse a una muestra nasofaríngea o de saliva el patógeno está ahí, se producirá la unión. El resultado, fiable al 87,4 % según ensayos clínicos realizados en muestras de secreciones recogidas tras las fosas nasales y hasta el 100 % en saliva, estaría listo en seis minutos. Tiene una vida útil de cinco días si se almacena a 4 grados centígrados y, tras haberse evaluado en 113 muestras clínicas, demostró una sensibilidad «excelente», también a la variante británica.
Este test sería por tanto un potencial candidato para pruebas de alta frecuencia en puntos de atención, mantener el seguimiento y vigilancia poblacional, o controlar brotes, un método fácil de producir en masa que también podría aplicarse para detectar otros patógenos emergentes (otros virus, bacterias, hongos). Las pandemias han dejado de ser una pesadilla apocalíptica. Por lo que pueda pasar.