Sánchez asume riesgos al retomar las negociaciones con el Gobierno catalán

ACTUALIDAD

 El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez), recibe al presidente de la Generalitat, Pere Aragonès, durante su encuentro este martes en el Palacio de la Moncloa.
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez), recibe al presidente de la Generalitat, Pere Aragonès, durante su encuentro este martes en el Palacio de la Moncloa. JUAN CARLOS HIDALGO

Los expertos analizan para La Voz el desgaste que podría suponer para el Gobierno

01 ago 2021 . Actualizado a las 18:08 h.

¿En qué momento están las relaciones entre el Gobierno central y el catalán tras la concesión de los indultos? El presidente Pere Aragonès dio plantón a Pedro Sánchez en la Conferencia de presidentes, pero mañana se reúne la Comisión bilateral, en la que se debatirán cuestiones técnicas como transferencias o inversiones en Cataluña, y en septiembre se retomará la Mesa de diálogo. Los expertos consultados por La Voz analizan el escenario.

La comisión bilateral

Posibles avances. Xavier Arbós considera que es en el ámbito de la Comisión bilateral «en el que puede haber avances». Explica que el Gobierno catalán «no quiere aparecer en foros multilaterales, como la Conferencia de presidentes» y «la mesa de diálogo empleará tiempo y energías en discutir cuestiones de principio y de concreción casi imposible, como la autodeterminación y el referendo». En cambio, «en la comisión bilateral pueden alcanzarse acuerdos concretos que atenúen los conflictos de competencia».

Santiago Martínez destaca que Aragonés «no acude a la reunión de presidentes para destacar que no es uno más, sino que el marco de diálogo con el Gobierno debe ser bilateral y no multilateral». Esto indica que «las primeras reuniones estarán encaminadas a reducir la tensión y normalizar la relación entre gobiernos». Prevé, por tanto, que «los acuerdos que se adopten serán de escaso calado político y obedecerán más a cuestiones de gestión y economía fruto del contexto marcado por el covid y el reparto de los fondos europeos, que seguramente genere un punto de conflicto con el resto de autonomías respecto a los criterios de reparto entre estas y Cataluña». Otra cuestión es «lo que de trasfondo y de modo oficioso se vaya conversando respecto a futuras decisiones judiciales, como el tema de los avales».

¿Referendo?

Una vía posible. «Una encuesta elaborada por GESOP da como resultado que seis de cada diez catalanes aceptarían una consulta en que se preguntase solo por un posible pacto alcanzado en la mesa de negociación que no incluyera la independencia», señala Carmen Lumbierres. «Entre los electores independentistas, más de la mitad de los de ERC (un 55 %) también apoyan esta opción, una posición muy alejada de la de sus socios de gobierno, puesto que entre los votantes de Junts no llega ni al 26 %», explica. Con estos datos «trabajan ambos gobiernos, con la adopción de acuerdos dentro del marco estatutario, que supongan mayor transferencia de capitales y de competencias, y una vez extendido el marco normativo pactar una reforma estatutaria inserta en un modelo territorial federalizante que pueda ser consultado por referendo no vinculante». Pero, añade, «desde el Gobierno se querrá dar una imagen de salida global al problema del título VIII de la Constitución y no solo como la resolución de este caso».

Desgaste del Gobierno

Doble cara. ¿Las negociaciones, tras el indulto, pasarán factura al Gobierno? «Intuyo que hay una parte de votantes del PSOE que, fuera de Cataluña, son sensibles a las críticas del PP al Gobierno de Sánchez en este tema», afirma Arbós. Pero «tal vez vaya creciendo también el hastío por el conflicto territorial y, con él, una resignada preferencia por lo que vaya en sentido contrario a las broncas pasadas»

«De hecho, ya le ha pasado cierta factura, aunque no tanta como se esperaba», asegura Martínez. «Creo que la mesa de diálogo también puede ser una oportunidad para mostrar a un Pedro Sánchez dialogante, pero que dice no al Gobierno catalán en una serie de exigencias», explica. «Desde un principio creará un discurso con un vocabulario tal como necesidad de una regeneración institucional y diálogo político pero con líneas rojas como un referendo innegociable», añade. «La repetición constante de estas ideas podría crear un suelo al partir de cual crecer con el discurso económico gracias a los fondos europeos y la recuperación económica, lo que provocará que la oposición se vea necesitada de centrar la discusión en torno a un relato basado en las sospechas de lo que Sánchez pueda ceder durante las negociaciones con los socios que le ayudaron a llegar al poder, y que los indultos ya han sido un primer paso en el camino», concluye.

«La oposición está dispuesta a utilizar cualquier tema que considere que puede dañar al Gobierno», estima Verónica Fumanal. Sin embargo, «los indultos pueden ser la medida más arriesgada y de más impacto que este Gobierno se permita en esta legislatura». Por lo tanto, «el desgaste respecto al independentismo puede estar amortizado si no hay concesiones de gran calado». Lumbierres resalta que «el asunto de los indultos está amortizado políticamente y tanto es así que el PP ha cambiado de estrategia y ya no dispara en esa dirección». «Al PSOE lo que le desgastaría es una salida más complicada de la crisis sanitaria, que no se pueda atajar la circulación del virus, y una recuperación económica más lenta que la esperada», opina.

El factor de las disensiones entre ERC y Junts

El expresidente catalán y líder de Junts, Carles Puigdemont, ha asegurado que «los procesos políticos para hacer un país no se pueden decidir en un despacho ni en una mesa de diálogo». La portavoz de ERC, Marta Villalta le respondió defendiendo la mesa de diálogo que promovió su partido ante «los que se empeñan en menospreciarla». ¿Hasta pueden llegar las disensiones entre ERC y Junts?

«Hasta la ruptura», asegura Arbós. «Ya Puigdemont, desde Perpiñán, lanzó una seria andanada y hace poco se sumó Elsa Artadi, pero lo más probable es que esperen a que sea la CUP la que provoque la caída del gobierno catalán», añade. Recuerda que ya «condicionó la investidura de Aragonès a que, al cabo de dos años, se sometiera a una cuestión de confianza para valorar los avances de la estrategia del diálogo». En ese momento, señala, «es muy probable que Junts se sume y se convoquen nuevas elecciones», porque «Junts sabe que de la mesa de diálogo no saldrá nada que satisfaga al independentismo radical».

«No creo que este año haya grandes diferencias, y las que se aireen serán parte de una escenificación para mantener ante su electorado cierta coherencia respecto a su necesaria diferenciación», afirma Martínez. Serán, por consiguiente, «más bien estéticas hasta que no se vaya dirigiendo la mesa de diálogo hacia el nudo gordiano para los independentistas, la convocatoria de un referendo».

La influencia de Puigdemont

Ahí se verá «hasta qué punto cada uno de los dos partidos estaría dispuesto a tensar, conscientes de que su división podría favorecer al Gobierno, puesto que no olvidemos que la mesa de diálogo no es entre dos partes, sino entre tres, y esto será clave en dichas negociaciones». A esto hay que añadir «la influencia que Puigdemont pueda ejercer con sus declaraciones e influencia interna en su partido».

Para Lumbierres, «Junts va a ser la piedra del camino en la negociación por parte del independentismo catalán como así muestra la encuesta del GESOP», ya que «uno crece a costa de otro, a mayor pragmatismo de ERC más rigidez en el espacio neo convergente». «Si Junts ha acabado aceptando volver a sentarse en ella es porque ERC, que es quien abandera esta vía, quedó por delante en las elecciones del 14-F», estima. «Junts va a utilizar cualquier acercamiento entre ERC y PSOE para quedarse solo en su abanderamiento de la vía unilateral», asegura. «Es el momento de que ERC pueda crecer y ostentar el liderazgo del independentismo con resultados más prácticos que utópicos, volviendo a los presupuestos de Artur Mas antes de que empezará la crisis de deslegitimación institucional y corrupción que llevo a esta huida hacia adelante de la antigua Convergencia», concluye.

Fumanal lo ve así: «En estos momentos estamos en el camino hacia la normalidad institucional, puede ser que caminar hacia ese escenario sea un objetivo más que suficiente en esta legislatura para ambos gobiernos, siempre manteniendo el relato de cada uno».