Albares apela a la «tranquilidad» y la «discreción» para solucionar la crisis con Marruecos

Manuel Costoya
M. C. Cereijo REDACCIÓN

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José Manuel Albares, en la toma de posesión de nuevos cargos del Ministerio de Asuntos Exteriores
José Manuel Albares, en la toma de posesión de nuevos cargos del Ministerio de Asuntos Exteriores Alejandro Martínez Vélez

El ministro confirmó que, de momento, no visitará el país, como es tradicional después de un cambio de cartera en Exteriores

04 ago 2021 . Actualizado a las 20:34 h.

El nuevo ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, tiene como uno de los principales objetivos de su departamento recomponer las maltrechas relaciones con Marruecos, y ayer reclamó «tiempo y discreción» para poder hacerlo. La salida de Arancha González Laya, uno de los relevos que se daba por seguro en la crisis de Gobierno que llevó a la profunda remodelación del Ejecutivo, estuvo motivada por la pésima gestión realizada por la anterior responsable de Exteriores de la cuestión marroquí. La chapucera entrada en España, por temas humanitarios, del líder del Frente Polisario, Brahim Gali para ser tratado en un hospital de Logroño exasperó a las autoridades marroquíes, que reaccionaron abriendo las puertas de sus fronteras con Ceuta y provocaron una de las peores crisis migratorias en décadas, al permitir y propiciar que cerca de 8.000 marroquíes se lanzasen para acceder a la ciudad autónoma.

Con el telón de fondo del Sáhara occidental, la vieja aspiración de anexión del Gobierno de Rabat, las relaciones de España con Marruecos siempre han sido turbulentas. Es un socio estratégico en términos económicos. En el país operan 1.455 empresas con capital español, y se mantiene un stock de inversión acumulada de más de 4.750 millones de euros. Además, Marruecos ha anunciado más de 55.000 millones de euros en infraestructuras hasta el 2035, de los que 2.512 millones se invirtieron ya el año pasado en cuestiones como carreteras, ferrocarril o tratamiento de aguas, en los que participan numerosas empresas españolas de la talla de Indra, Ayesa, Copisa, Idom, Comsa, Ineco, Abengoa, Endesa o Naturgy. También la cooperación con el Gobierno de Rabat en materias tan espinosas como el tema de la inmigración y en el control del terrorismo yihadista son asuntos claves para España. Consciente de ello, Albares pidió ayer «tranquilidad, tiempo y discreción» para recomponer el maltrecho puzle marroquí y lograr que las relaciones sean «sólidas».

En una cartera donde los gestos tienen un valor relevante, Albares ha dejado para más adelante el tradicional viaje a Marruecos que solía ser el primer acto fuera del país de un ministro de Exteriores recién llegado al cargo. Albares no fue a Rabat sino a Londres en su primera salida al exterior, también para calmar las aguas de otro espinoso asunto, el gibraltareño, tras un dictamen de la Comisión Europea sobre el peñón que el Gobierno de Johnson consideró como «un ataque a la soberanía británica».