Italia intenta rescatar a 81 universitarias afganas matriculadas en La Sapienza de Roma
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Las jóvenes, de entre 19 y 22 años, habían llegado al aeropuerto internacional de Kabul para tomar un vuelo con destino a Roma, pero el atentado del pasado jueves les obligó a quedarse en tierra
31 ago 2021 . Actualizado a las 13:07 h.«Necesitamos ayuda para salvar nuestras vidas de esta situación de peligro inmediato. Necesitamos una esperanza para continuar».
Ese es el grito desesperado que lanzaron las 81 estudiantes afganas matriculadas en la Universidad La Sapienza de Roma que han quedado atrapadas en Kabul después de que, el pasado sábado, el Gobierno de Roma decidiera poner fin a los vuelos con la nación centroasiática tras evacuar a casi 5.000 personas, en gran parte afganos que colaboraban con instituciones italianas.
Procedentes en su mayoría de la localidad de Herat, situada al oeste del país, las jóvenes habían llegado a la capital para tomar un vuelo con destino a Roma, pero el atentado que se produjo el pasado jueves en el aeropuerto, provocando más de 170 muertes, les obligó a quedarse en tierra y con sus sueños suspendidos.
Las autoridades italianas aseguran que están haciendo todo lo posible para sacarlas del país, junto a sus hijos y a otros estudiantes que estaban preseleccionados pero que al final no pudieron matricularse. Forman en total un grupo de unas 180 personas.
«Pedimos al Gobierno italiano y a la comunidad internacional que colabore con nosotras, estudiantes de Afganistán, que somos un grupo social vulnerable en este país martirizado», dicen las jóvenes en una carta publicada por varios medios italianos.
Otra de las estudiantes asegura que le produjo «un nudo en la garganta» cuando se enteró de que, los talibanes tomarían el control del aeropuerto de Kabul. «Me pregunto si habrá alguien que pueda leer estas líneas de mi corazón roto y ayudarnos a salir de esta ciudad que sufre antes de que nos entierren con todos nuestros sueños».
Una de las jóvenes cuenta que fue agredida por los talibanes cuando pasó un puesto de control de camino al aeropuerto. «Me golpearon en la espalda con un tubo, pero resistí. Me arrastré hasta la entrada del aeropuerto, pero pasó algo que me sacudió el alma: una explosión. Se oscureció todo y todo el mundo escapó», relata la joven.
«Tenemos muchos problemas para sobrevivir. La ciudad se ha convertido en una ciudad de fantasmas, golpeada por una ola de terror. No consigo dormir. Por la noche tengo pesadillas infinitas y por el día sufro continuos dolores de cabeza.
Estamos todas preocupadas, pero esperamos un milagro que nos ayude al menos a dejar este peligroso país. No puedo comer y la preocupación por el futuro no me deja un momento de serenidad».
Solución a contrarreloj
El Gobierno italiano aseguró que está haciendo todo lo posible para hacer realidad ese milagro. «Hay que ver si conseguimos sacarlas aún con algún vuelo o si no, por tierra», afirmó la ministra de Universidad e Investigación, Cristina Messa. Uno de los principales escollos para esta misión es que Roma ya no cuenta con ningún diplomático en Afganistán y depende la colaboración con otros países aliados.
«Se puede trabajar particularmente con Francia y Reino Unido», sostuvo Messa, asegurando que ahora mismo las estudiantes están «protegidas», aunque «hay que correr» para sacarlas del país centroasiático.
La ministra también se comprometió a llevar a Italia a los otros afganos matriculados en universidades, conservatorios u otros centros académicos italianos. «Estamos siguiendo con atención junto a otros ministerios la situación de todos los estudiantes afganos inscritos. Ya hemos encontrado disponibilidad para acoger a los estudiantes e investigadores que estaban presentes en los primeros grupos llegados a Italia».
Su ministerio, aseguró Messa, ofrecerá los «recursos necesarios» para que estas personas puedan continuar con sus estudios.
Bruno Botta, prorrector de la Universidad La Sapienza de Roma, informó de que las chicas afganas inscritas en su ateneo, donde deberían comenzar las clases en las próximas semanas, tienen entre 19 y 22 años y que están «aterradas de no poder venir a Italia».
Botta esperó que el gran interés que ha suscitado la situación de las jóvenes pueda facilitar que consigan finalmente salir del país centroasiático. «Tienen miedo de que su sueño no se cumpla, pero pese a todas las dificultades tenemos confianza», manifestó el prorrector de la principal universidad de la capital italiana.