El volcán abre otra vía de lava, crece la sismicidad y la lluvia de ceniza

Santiago Garrido Rial
Santiago Garrido ENVIADO ESPACIAL | LA PALMA

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Kike Rincón | EFE

La calidad del aire obliga a confinar a otras 3.500 personas

02 oct 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Octubre empezó en La Palma con más lava, más sismicidad, más ceniza, igual ruido del cráter y la misma incertidumbre, además de la preocupación por el aire. La zona de Fuencaliente, al sur de la zona cero, donde ahora se sufren los problemas de accesos por carretera para los regadíos de las plataneras, está siendo el epicentro de los temblores que van superando en décimas, como la fiebre, los tres grados de intensidad. Alguno de ellos incluso se notó de manera evidente, a mediodía, en Los Llanos. Los vulcanólogos repiten una y otra vez que, en un proceso eruptivo, esto es lo normal. También aumenta la colada, con una nueva vía, con dos bocas que confluyen, que solo se puede ver con los ojos de los drones, y que ayer por la mañana, solo con esta información, sobresaltó a muchas más familias, temerosas de que siga su propio camino en vez de unirse a la matriz que cae al mar, como el Xallas en O Ézaro, y más o menos a la misma altura. La evolución lo irá diciendo.

El vulcanólogo Juan Carlos Carracedo comentaba ayer en una entrevista que los científicos esperan que «se comporte bien», en el sentido de que siga el mismo camino, pero aun así es evidente que dejará más daños. Ya los deja la principal, que cada día que pasa hace crecer la cifra de edificaciones engullidas o dañadas, más de un millar ya.

La dirección del Plan de Prevención de Riesgo Volcánico en Canarias, Pevolca, ordenó anoche el confinamiento de varios núcleos de población de los municipios de El Paso y Los Llanos de Aridane debido a un empeoramiento de la calidad del aire por la erupción volcánica de Cumbre Vieja y que afectan, en esta ocasión, a unas 3.500 personas, que se suman a los 6.000 ya desalojados. El 112 indicó que el nuevo confinamiento se acordó como consecuencia de las condiciones meteorológicas que rigen, con una inversión térmica que impide la dispersión de gases y los mantiene en cotas bajas de la atmósfera.

La ceniza es siempre protagonista, pero la sensación ayer entre El Paso, Los Llanos y Tazacorte, los tres de los catorce municipios de la isla en los que todo esto está pasando, era que llovió mucho más. En El Paso, cerca de Tendiña, más que ceniza llovían pequeñas piedras negras, haciendo complicada la conducción. En el centro de Los Llanos, varias calles eran pistas de ceniza, y las barredoras (máquinas) y barredores (todos) no daban abasto a llenar recogedores. Había quien, a falta de paraguas, usaba el parasol de los coches, un elemento que en esta zona de La Palma viene de serie, para protegerse.

Son esas sensaciones que en el momento resultan solo chocantes, ver cómo piedras que minutos antes eran magma de dentro de la Tierra recorren el pelo y la cara, y con los años serán historias que se contarán en las fiestas familiares. En la isla, los productores de plátano, sobre todo los que no han cortado aún, siguen muy preocupados. Además de las clases rápidas de geología, estos días son un curso acelerado de platanología: la madre de la planta, el hijo (que hay que elegir entre unos cinco brotes para ver cuál es el mejor), los estos de la abuela... Todo para una gran piña de 40 a 60 kilos o más al año. La ceniza puede hacer desastres en estas familias, pero también la ausencia de riesgo. Y del plátano palmero, que comen millones de personas en Europa, comen 12.000 en la isla, la principal industria.

El problema de la vivienda

El principal problema, con diferencia, es la desaparición de casa y fincas, pero cuidado con lo que le puede deparar a este petróleo verde. Para ir informando de los daños y tramitando las ayudas, ayer el presidente de Canarias inauguró la oficina de atención a los damnificados en Los Llanos. Y el presidente de España volverá el domingo a la isla. Hay ya muchos compromisos de recuperación de un territorio al que aún le queda bastante que sufrir.