Carlos Caraglia: «No pienso en el tiempo que me queda ni en el final, solo me centro en vivir»

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JOSE PARDO

Los médicos le han dado dos años de vida, pero Carlos Caraglia ha encarado el golpe con entereza y ya trabaja en un documental para llevar a la pantalla su historia: «My last two years»

03 oct 2021 . Actualizado a las 16:51 h.

Hay quien vive dejándose llevar por la inercia de una existencia que no llena el alma. Y luego hay personas como Carlos Caraglia (Inglaterra, 1969), que lucha por sus sueños y exprime cada minuto del día como si no hubiese un mañana. Es duro hacer esta entrevista. Pero, al mismo tiempo, resulta reconfortante poder sentarse a charlar con Carlos, darle un abrazo y sentir admiración al comprobar que mantiene intacta su sonrisa y su perenne actitud positiva pese a las circunstancias. «Cuando me dieron la noticia del tumor nunca me vine abajo. Estoy hipermotivado con la vida y ahora no quiero pensar en el tiempo que me queda ni en el final: solo me centro en disfrutar de la vida y en vivir», afirma el realizador audiovisual y activista medioambiental ferrolano.

Caraglia es un ejemplo de lucha en situaciones difíciles. Sobrevivió a dos infartos. También protagonizó más de una decena de expediciones a las zonas polares para combatir el cambio climático con su cámara como arma. Y cuando estalló la pandemia, superó obstáculos de todo tipo para mostrar la lucha titánica contra el virus en los hospitales de Madrid a través de su documental Covid-19: el lado humano (actualmente en Filmin). Sin embargo, nada se puede comparar al mazazo que recibió el pasado mes de agosto, cuando le diagnosticaron un tumor cerebral. «Al principio me dijeron que era inoperable y me dieron seis meses de vida, pero, gracias a que tengo muy buenos amigos, en pocos días conseguí viajar a Madrid y allí me operó el doctor Francisco González-Llanos, que es una eminencia, y gracias a esa intervención ahora la esperanza de vida es de dos años», explica Carlos.

El aventurero ferrolano ha encajado el golpe con entereza y una increíble positividad. «Yo siempre digo que no tengo mérito, porque nací con este carácter, pero creo que enfrentarte a esta situación tan difícil con optimismo es decirle a la gente que la vida es así y que siempre hay que intentar ver el lado bueno de las cosas, pase lo que pase».

Con ese propósito, precisamente, ha iniciado la grabación de un documental en el que quiere contar su historia desde aquel mes de agosto que cambió su vida: My last two years (Mis dos últimos años). El título todavía es provisional, pero Carlos ya tiene claro que en el audiovisual mostrará las imágenes de la intervención a la que se sometió en Madrid y las experiencias que le quedan por delante. «Quiero que el documental se centre en la operación, en la actitud con la que yo me enfrento a esto desde la positividad y en mi lucha por la protección del planeta. Por poco tiempo que te quede, siempre puedes invertirlo en las cosas que te importan y por eso quiero viajar a Groenlandia, Alaska y la Antártida y grabar allí también. Es algo a lo que no quiero renunciar bajo ningún concepto». 

JOSE PARDO

«Me siento un privilegiado»

Tras quince sesiones de radioterapias, Carlos asegura que se encuentra «muy bien». Se cuida mucho y ha cambiado por completo su alimentación. «Yo lo que tengo que hacer ahora es ayudar al cuerpo lo máximo posible. Ya no hago esfuerzos a lo loco ni desgasto la máquina a lo bestia como hacía antes», comenta.

Con su actitud y su nueva forma de vida, Carlos confía en superar el pronóstico de dos años, pero, en cualquier caso, eso es algo en lo que prefiere no pensar: «No me preocupa, porque la vida ya me ha compensado y me siento un privilegiado. He cometido muchos errores, pero siempre he vivido como he querido y trabajando en lo que más me gusta. La sensación que tengo es: ¡Guau! Qué suerte he tenido con la vida que he llevado».

De esa vida «privilegiada» destaca sobre todo su niñez en Valdoviño, donde con diez años le apodaron Bacalao porque estaba «siempre a remojo»; las experiencias que vivió como socorrista en la playa de A Frouxeira -donde salvó muchas vidas-; también sus años como instructor de buceo en las Islas Baleares; y por supuesto, su pasión por el mundo audiovisual, que llegó más tarde, cuando viajó por primera vez a la Antártida. También se siente afortunado por su familia y por todas las amistades que ha forjado en el camino. Y sobre todo porque, en el viaje de la vida, desde hace ya trece años, lo acompaña Matilde. «Con ella he conocido el amor verdadero, el más noble y bonito, y eso vale más que nada».