El G20 pone a prueba a los italianos

Valentina Saini VENECIA / E. LA VOZ

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Los jefes de Estado y de Gobierno cumplieron con la tradición de arrojar una moneda a la Fontana de Trevi
Los jefes de Estado y de Gobierno cumplieron con la tradición de arrojar una moneda a la Fontana de Trevi Borja Puig de la Bellacasa

Las restricciones por las medidas de seguridad que rodean la cumbre llevan al límite la legendaria paciencia de los romanos

01 nov 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Los romanos son famosos en Italia por su paciencia. Efectivamente, se necesita paciencia para vivir en una ciudad que es una triple capital: de la República italiana, del catolicismo y del imaginario occidental. Sin embargo, los preparativos del G20 y la propia cumbre han puesto a prueba su paciencia. Ante todo, por las prohibiciones y limitaciones en su vida cotidiana. No solo se ha prohibido el acceso a EUR, el barrio de la cumbre, sino que se cerraron varias calles y paradas de metro, se desviaron algunas líneas de autobús y muchas zonas del centro sufrieron restricciones y controles extra debido a la presencia de algunos de los hombres más poderosos del mundo, como el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, el de Francia, Emmanuel Macron, y el primer ministro de la India, Narendra Modi. «Tener a todos estos presidentes y primeros ministros en Roma es una pesadez», dice Carlo, que trabaja en un bar del centro. «Ya tenemos bastante con nuestros propios políticos cada día, no hacen falta los demás».

Los jefes de Estado y de Gobierno —y sus equipos— ocuparon los mejores hoteles de la capital. Angela Merkel se ha alojado en un hermoso hotel a pocos metros de la emblemática plaza de España, mientras que Pedro Sánchez ha descansado en un hotel con vistas al Tíber y al Castel Sant'Angelo (durante siglos, la fortaleza de los papas), mientras que Erdogan ha dormido cerca de la Fontana di Trevi. Y cuando un líder mundial duerme en un hotel, esto afecta a la vida de todo el barrio, con medidas de seguridad, restricciones de tráfico, etcétera. Paolo, un jubilado romano, dice a La Voz que vive cerca de donde se alojaba Erdogan y «ha sido un lío tremendo».

Una empleada romana cuenta que ella y sus compañeros tuvieron que desalojar sus oficinas el viernes porque las ventanas tenían que estar a disposición de los guardaespaldas del presidente surcoreano (católico), al que se esperaba para inaugurar una exposición en la hermosa iglesia jesuítica de San Ignacio.

Caravanas de vehículos

Cuando un líder mundial viaja, lleva consigo una estela de guardaespaldas, asistentes y diplomáticos. En las redes sociales, por ejemplo, los romanos se quejaron de la interminable caravana de Biden, con decenas de coches negros y superblindados para protegerse de los ataques terroristas, comentando que «esto es Roma, no Bagdad».

Biden, que ha dormido en la embajada estadounidense, se reunió con el papa Francisco, Mario Draghi y Macron. Jair Bolsonaro, que en Italia tiene varios admiradores en la extrema derecha (también por sus orígenes italianos), dio un paseo por el centro, visitando la Fontana di Trevi vestido como un turista acomodado cualquiera. Incluso le ofrecieron un espresso, pero él lo rechazó, diciendo que prefiere el café brasileño, provocando la indignación de muchos romanos, casi tan orgullosos de su café como los napolitanos y los milaneses.

Para evitar las molestias, algunos residentes han llegado a abandonar Roma para quedarse con amigos o familiares fuera de la ciudad. «Incluso con los suegros», bromea un abogado romano. Cualquier cosa para evitar el caos del G20.