El desaparecido, sin antecedentes policiales, era vecino de A Illa y nadie denunció su falta desde agosto
04 nov 2021 . Actualizado a las 15:42 h.La desaparición de un hombre, de unos 30 años natural de A Illa de Arousa, corre de boca en boca desde finales de agosto entre sus vecinos del ayuntamiento (4.958 habitantes) y ha motivado una investigación oficial. Las hipótesis son muchas, pero contradictorias, hasta el punto de que dicha desaparición no ha sido denunciada, al menos hasta ayer, ante los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado.
La teoría más extendida y manejada desde finales de verano por la Guardia Civil y la Policía Nacional, es que integraba la tripulación de un narcovelero que transportaba una importante cantidad de cocaína dirigida a las costas de O Salnés.
La tripulación la formaban supuestamente otras cuatro personas, entre las que figuraban dos vecinos más de A Illa amigos del desaparecido. Ellos sí regresaron a sus casas y se dejaron ver por el pueblo en los días posteriores a la festividad del Carmen el pasado 16 de julio. La ausencia del hombre fue el origen de las preguntas que, a día hoy, siguen sin respuesta. El relato oficioso sitúa a finales de agosto a personas relacionadas con el envío de droga comunicándose con la familia del desaparecido.
Aquí las versiones divergen: una señala que los encargados de hablar con los allegados se desplazaron a la casa familiar para informar discretamente del fallecimiento del hijo. La otra versión ubica el escenario en un chiringuito de playa de A Illa donde trabajaba la progenitora. Allí le dieron supuestamente la fatal noticia y le ofrecieron dinero. El boca a boca eleva la cifra a un millón de euros por mantener el compromiso de omertá.
El desaparecido, de unos 30 años de edad y sin antecedentes policiales, era muy conocido no solo en su ayuntamiento natal. En parte por su afición a la música electrónica, incluso ejerciendo de pinchadiscos en algunas fiestas y, hace años, en la discoteca Yuma, en A Illa. También era popular por su pasión por el fútbol, que practicó vistiendo la camiseta de equipos de la comarca como el Céltiga y el Ribadumia. El desaparecido era más conocido por su apodo que por su nombre y apellidos. También se desplazaba a Ibiza para trabajar, principalmente en la época estival, incluso repartiendo hielo. Aunque en A Illa no consta una ocupación estable.
Según la principal hipótesis de investigación, el desaparecido era un peón del dispositivo que hacía guardia durante la noche y, al amanecer e incorporarse los otros tripulantes a la cubierta, no hallaron ni rastro de su compañero de travesía. De ser cierto, el motivo de la desaparición pudo ser un golpe de mar.
Hipótesis descartable
La otra versión que se maneja —prácticamente descartada— destapa un relato aún más truculento, e implica que el desaparecido ejerció de fianza humana para una organización de Arousa. Dicho rol implica que, hasta la entrega del cargamento, él respondería con su vida, de truncarse la operación y no llegar a buen puerto con la mercancía. La tesis más creíble a día de hoy sostiene que el contenido de los fardos era cocaína, y el origen del velero se sitúa en algún punto próximo a Sudamérica. Lo único seguro es que la falta de información no ha hecho más que disparar las especulaciones en un ayuntamiento demasiado acostumbrado a convivir con relatos de todo pelaje protagonizados por el narco oriundo.
El resto de la operación, según la misma tesis, fija la consumación de la descarga, mediante al menos una planeadora, en algún punto de la costa de Vilanova de Arousa. Allí se pudieron desembarcado los fardos que, previamente, transportó un velero con bandera de Polonia.
La descarga pudo haber tenido lugar en julio, justo antes de que el velero fondeara en la pequeña bahía ubicada frente al ayuntamiento de A Illa. Permaneció allí unos dos meses sin que nadie detectase gente en el interior. Los vecinos consultados dijeron que la inactividad a bordo llamó poderosamente la atención de numerosos residentes en A Illa que son profesionales del mar. Añaden que el velero permaneció en desuso hasta que alguien lo puso en funcionamiento una madrugada para desaparecer sin dejar rastro. Está por ver si el misterioso barco con pabellón polaco fue el mismo que realizó la narcotravesía cargado del polvo blanco más rentable de la historia.
Las nuevas generaciones apuestan por barcos nodriza que naveguen a vela
Algunos no habían llegado al mundo cuando explotó la operación Nécora, el big bang policial y judicial contra el tráfico de cocaína a gran escala en España. Otros, por su condición de retoños, ni la recuerdan. Pero todos, tarde o temprano, dieron el salto al crimen organizado da terra. Una arista más de la Galicia profunda. Son la última generación de narcotraficantes, criados en ambientes de náutica deportiva y recelosos de los pesqueros o buques mercantes para ejercer de barcos nodrizas. Ellos prefieren el velero, más discreto por su elevado tránsito en aguas abiertas y costeras. Incluso capaces de cargar hasta cinco toneladas de polvo blanco. Carlos Silla, de Vilagarcía, es el mayor exponente. Cayó a mediados de octubre en un velero con 5.200 kilos. Ya a finales del 2011, en la bocana de la ría de Pontevedra, Silla fue abordado por Vigilancia Aduanera sin éxito en otro velero. Aunque, policialmente, se da por seguro que alguna lancha rápida cargó los fardos poco antes para desaparecer sin dejar huella en forma de estela.
En marzo del 2020, al inicio de la pandemia, Antolín Fernández Pajuelo, histórico entre los históricos del narcotráfico gallego, cruzó el Atlántico para descargar buena parte de 3.700 kilos de coca frente a la ría de Arousa (operación Lince-Tuneladora). Luego navegó hasta A Guarda, su villa natal, para hundir el velero y, a lomos de una pequeña lancha, llegar a tierra con el resto del alijo, formado por varios cientos de kilos. También el pasado octubre y remitido a lancheros gallegos, el Petrel, de Aduanas, interceptó otro velero, de nombre Goldwasser, con 2.500 kilos de cocaína.
En el 2019, en las inmediaciones de Cabo Verde, cayó otro velero con 1.200 kilos (operación Bateas). Todos los tripulantes eran gallegos y ser abordados fue lo mejor que les pudo pasar; el barco, destartalado, no hubiera llegado a su base, en Vilaboa. También en el 2019, en el marco de la operación Beluso, otro velero portaba 1.500 kilos. Ya en el 2018, el Wall Street, con 1.350, pretendía acercarse a las costas gallegas tras cruzar el charco.