«Amor con fianza» es el nuevo «reality» de Netflix que presenta Mónica Naranjo tras dejar «La isla de las tentaciones». «Con este programa dije: ?Vamos a ir al infierno?», apunta la artista, que no entiende a muchas parejas: «Lo hacen todo tan difícil...»
09 nov 2021 . Actualizado a las 09:10 h.La pantera vuelve y vive un noviembre tan intenso como ella. Mónica Naranjo (1974, Figueres) lanzó el jueves el nuevo single de su nuevo trabajo, Mimétika, y estrena el día 11 en Netflix Amor con fianza, un nuevo reality en el que varias parejas pondrán a prueba su amor divididas en dos villas y con un sofisticado detector de mentiras que capta los movimientos involuntarios de la mirada. «Los ojos nunca mienten», reafirma la artista, que sorprendió al dejar La isla de las tentaciones tras el éxito de su primera edición. «Yo dejé la isla arriba, arriba del todo, e hice una primera temporada auténtica con concursantes que no sabían a lo que iban. Y después, económicamente no me convenía», asegura.
—La pantera vuelve.
—Bueno, vuelve, pero vuelve calmada, eh.
—¿Calmada tú?
—Bueno, para Amor con fianza sí, ya sabes tú que cuando conduzco programas, y sobre todo realities, siempre me sitúo en un punto neutral, y te ayuda.
—Pero siendo neutral, en este intervienes un poquito más.
—Me han dejado intervenir un poco más. Realmente, para ser justos, lo pedí. En La isla de las tentaciones no lo pedí, me quise ceñir mucho a las directrices de la dirección porque no tenía la experiencia que ahora mismo tengo. Cuando llegué a Amor con fianza ya vi cómo eran los chicos, que la cosa iba encaminada, y pedí a la dirección si por favor podía tener un poco más de rienda suelta, y me dejaron.
—¡Cómo no te iban a dejar si a ti la pareja, el amor y el sexo te entusiasman!
—A mí el mundo de la pareja me fascina. Es tan intenso, tan profundo, lo hacen todo tan difícil... cuando es todo tan fácil, ja, ja. Los dos primeros años de una relación son pura enfermedad. Es el momento en que tú estás empezando a conocer a una pareja y todo es perfecto, no le ves ni un rasgo negativo, todo es maravilloso. Cuando pasan esos dos años y ya empieza a acontecer la triste realidad, que a veces es la gran realidad, no es triste, pero sí es cuando de repente empiezas a darte cuenta de que tu chico es un desordenado, o que no se lava los dientes, o que no es del todo sincero... Cuando pasa esa enfermedad es cuando realmente empieza el amor de verdad. Porque es muy fácil amar lo amable, pero amar lo que no es tan amable es bastante incómodo y difícil. Es un ejercicio de cesión, de comunicación y de mucho amor.
—Dejaste «La isla» en lo más alto. ¿Por qué te fuiste?
—Yo lo viví con toda la naturalidad del mundo. ¿Cuántos discos iguales míos has visto? Pues esto es lo mismo. Yo La isla la dejé arriba, arriba del todo, e hice una primera temporada que era auténtica. Los chicos no sabían a lo que se iban a enfrentar, con lo cual no había nada resabiado. Fue maravilloso ver todo lo que sucedió, fue muy auténtico. Eso por un lado, y después también que económicamente no me convenía.
—Llega un momento en el que los concursantes vivirán con antiguos amores que creían superados. ¿Es más fácil tropezar dos veces con la misma piedra?
—Depende de cómo haya acontecido esa relación. Las hay que se terminan y terminan para siempre, sin embargo hay relaciones que se han quedado como en un limbo, que no sabes qué ha pasado. Han dado la cosa por zanjada, pero dentro de su inconsciente no está acabado, no ha habido una resolución, y es de ahí de donde viene el refrán: donde hubo llamas, hay brasas. Eso es lo que a algunos de nuestros chicos les pasa. Yo he estado allí, viendo lo que estaba pasando, y pensaba: «Es que es muy fuerte».
—Es muy fuerte, ¿pero no son cosas que pueden suceder?
—Tú imagínate que se llevan a tu chico, hay una separación cuando tú pensabas que era una aventura que ibais a vivir juntos... ¡y te encuentras con tu ex!, ¡ahí dentro! Un ex con el que la cosa no estaba zanjada. Yo me ponía en su piel y decía: «Qué locura, vamos a ir al infierno todos de cabeza».
—¿Crees en las segundas oportunidades? ¿Las has dado?
—No, nunca me ha pasado porque yo cuando se ha terminado, se ha terminado. Porque la manera de acabar en mi caso siempre es ponderada y agotando todas las posibilidades, ¿sabes? Pero al final, cuando solamente ves que rema uno... Ya no hay nada que hacer.
—El programa introduce el «eye detect» para determinar si mienten. ¿Es posible tener una relación diciendo siempre la verdad?
—A ver, lo que yo llamo una relación, que es una unidad, se basa en la confianza, por encima de todo. La confianza, la comunicación, la cesión... Porque claro, hay que ceder, no puede ser siempre lo que tú quieras. También tiene que haber un espacio donde poder respirar, es de vital importancia, y hay personas muy absorbentes, pegajosas, desconfiadas.... Hay personas muy quemadas y otras que sí confían en las segundas oportunidades porque hay un amor pleno, sincero, honesto, abierto. Hay de todo. Yo las segundas oportunidades creo que se dan cuando ha habido un espacio, no se han visto, se vuelven a encontrar ya desde otro punto de vista. Porque a veces también nos separan las distintas evoluciones que tenemos los seres humanos. Hay muchísimas parejas que evolucionan al unísono, pero otras no, y ahí empieza la discrepancia.
—¿Los ojos no mienten?
—Los ojos no mienten, no. No sé si a ti te pasa, pero a mí una persona que se comunica conmigo y no me mira a los ojos, me produce mucha desconfianza. Algo esconde. Es un dicho de muchas abuelas, y las abuelas han visto bastante más que nosotras. El poder concursar en un programa de este tipo con la oportunidad de tener un eye detect al ladito para poder preguntar todas esas cosas que no te han quedado claras a lo largo de los años me parece un regalo.
—Por fin vemos parejas del mismo sexo en un programa de este tipo.
—Sí, es muy positivo, estamos hablando del nuevo modelo de familia, es que lo tenemos ahí ya desde hace años.
—También estrenas nuevo trabajo, «Mimétika», ¿otro canal para transmitir tu mensaje de diversidad?
—¿Qué es al final la vida si no es respetar y amar al prójimo como es? Mimetizamos con lo más bello. No me digas que la vida no es bella, depende de nosotros hacerla bella. A mí siempre me comentan: «Es que tú ya no discutes sobre esto». Y yo: «Es que no hay nada que discutir». Respeto muchísimo lo que pueda opinar alguien, aunque esté totalmente en contra, pero hay una cosa que tengo clarísima, y es que en la vida si quieres que te respeten, antes tienes que respetar tú. Entonces, empieza por ahí.
—Una de tus letras es desgarradora: «Se alzó cosiendo sus venas». ¿Cuándo lo hiciste tú?
—Es una frase preciosa. Yo creo que todos y todas nos hemos encontrado cosiéndonos las venas en algún momento en la vida ante las grandes decepciones, cuando sientes que te han roto algo por dentro y que tienes que darle un remiendo porque es que si no te vas a morir de la pena, te vas a desangrar.
—A una tuitera que dijo que no te soportaba le contestaste: «Yo a veces tampoco me soporto».
—¡Es que quién se aguanta todo el día! [Se ríe a carcajadas].
—Desprendes intensidad.
—Sí, pero te digo también una cosa, me río muchísimo de mí misma. Mi socio siempre me dice: «Jo, es que eres tan sensible, tía, tan sensible...». Y le digo: «¿Y lo bien que te lo pasas, ¿qué?», ja, ja. Pero no tiene nada que ver la fragilidad con la dureza, podemos mantener esa inocencia tan bonita.
—Eres una diva, pero también una «hippy».
—Claro, tengo esa dualidad. Yo separo muchísimo lo que es el trabajo de mi día a día. Ayer me preguntaban que para cuándo una biografía de Mónica Naranjo. Y yo dije: «Nunca». Es que lo más interesante es la parte del trabajo, mi vida es sencilla, rodeada de mis afectos, de mis animales, superhippy en el campo. Dista muchísimo de lo que es la artista, porque si tuviera que vivir la vida con la intensidad con la que la vive la diva, estaría ya consumida en alguna esquina.
—¿En qué momento artístico estás?
—Estoy en un momento, tanto personal como profesional, muy armónico, muy bonito. Con mucha energía, con ganas de seguir experimentando, muy enérgico. Y muy calmada.
—¿Una huella de la pandemia?
—Para mí la pandemia, suena feo, pero ha sido una bendición. Porque los últimos dos años para mí han sido una locura; no paraba en casa, apenas veía a mi familia, necesitaba espacio para componer un disco... Y de repente el mundo se paró, y no pasó nada. Esa sensación que tenemos siempre de que todo es para ayer, es mentira. Nos tiranizamos de tal manera a nosotros mismos que dejamos de disfrutar de lo que más amamos, y eso no puede ser.